Por Miguel Ángel Leija, corresponsal de Nueva Tribuna España
¿Hasta qué punto el cine puede buscar ser espejo de la realidad sin que nuble la visión artística? Ante el estreno de Aún es de noche en Caracas, dirigida por Mariana Rondón (Pelo malo) y Marité Ugás, surge una pregunta inevitable: ¿estamos ante una obra con valor cinematográfico propio, capaz de trascender el tiempo, o se trata de un ejercicio de denuncia simbólica cuya fuerza reside exclusivamente en la urgencia sociopolítica del momento que retrata? En un panorama donde el cine latinoamericano suele cargar con el peso de ser “testigo”, la línea entre la narrativa de género y el testimonio histórico se vuelve peligrosamente delgada.
La historia nos presenta a Adelaida (Natalia Reyes), una mujer que atraviesa el duelo más absoluto: tras enterrar a su madre en una ciudad que parece desmoronarse en cada esquina, regresa a su hogar solo para descubrir que este ha sido tomado por otras personas leales al régimen. Así, Adelaida encuentra refugio en el departamento de una vecina fallecida con nacionalidad española; a partir de ahí, su identidad se convierte en la única posibilidad de escape.

Menciono la palabra “identidad” porque la película sufre de una crisis similar en su propuesta. Desde el principio se sitúa en un género de suspenso con tintes de terror, pero sus pretensiones se acercan más al cine documental. La historia comienza con la muerte de la madre de la protagonista, a partir de ahí, el guion se vuelca en mostrar de la manera más explícita e intencionada todo lo que está mal con la situación del país.
En los primeros quince minutos vemos muertes, desapariciones, protestas, cortes de luz, inseguridad, expropiaciones. La tesis está planteada: se vive en un infierno, y ante la imposibilidad de volver a un pasado que siempre fue mejor, la protagonista debe huir. Sin embargo, el resto de la película, salvo por las escenas finales, continúa mostrando las mismas ideas de manera reiterativa.
Un ejemplo claro es cuando Adelaida pregunta en una oficina de gobierno por la validez de un pasaporte maltratado; ante la negativa y su duda sobre el tiempo de espera, la respuesta institucional es tajante: “Ahorita no hay material, regrese en seis meses”. Incluso cuando se abre una veta romántica, el diálogo se utiliza para reforzar el discurso político con frases como: “Nunca había comido en una mesa con tantos platos” o referencias a un futuro truncado como “el gran economista que iba a salvar al país”. Al mencionarse una enfermedad, la réplica es: “¿Qué mierda qué? ¿El cáncer, la escasez, el gobierno…?”
Si bien estos diálogos son coherentes con la realidad que la cinta busca denunciar, el problema surge cuando se convierten en la única base del relato, obstruyendo la progresión temática. La obra descansa tanto en su carga de denuncia que, al margen de su contexto, la estructura narrativa muestra fragilidades. ¿Es válido hacer cine de este estilo? Por supuesto. Como objeto de memoria y denuncia simbólica es fundamental, pero como obra cinematográfica enfrenta carencias importantes.

A esto se suman ciertos descuidos formales, como una escena de espionaje en la que la protagonista observa el departamento contiguo a escasos metros de distancia y, a pesar de estar a la vista, nunca es descubierta, lo que rompe la verosimilitud del suspenso.
No obstante, hay tres detalles positivos donde la película logra elevarse: la sólida actuación de Natalia Reyes, el uso de flashbacks que transmiten con eficacia la nostalgia por la felicidad perdida, y una secuencia final en la que la obra abraza por fin su género y nos regala escenas de gran potencia visual.
En conclusión, Aún es de noche en Caracas termina siendo más un testimonio de urgencia que una pieza cinematográfica redonda. Nos encontramos ante un ejercicio de visibilización cuya fuerza reside en la herida que retrata más que en su ejecución formal. Si bien la película presenta irregularidades en su narrativa, las reacciones del público venezolano presente en la sala confirman que la cinta cumplió con su objetivo.
Título: Aún es de noche en Caracas.
Título original: Idem.
Dirección: Mariana Rondón & Marité Ugás.
Intérpretes: Natalia Reyes, Moisés Angola, Sheila Monterola, Samantha Castillo y Edgar Ramírez.
Género: Basado en novela, Drama.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 98 minutos.
Origen: México/ Venezuela.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: BF+Paris Films.
Fecha de estreno: 05/02/2026.
Puntaje: 5 (cinco)
