NACHO VIGALONDO, EL EXTRATERRESTRE DEL CINE ESPAÑOL
Por Walter C. Medina*
En 2014 el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata celebraba sus 60 años de historia con la inauguración de un mural en el que el artista Omar Sirena retrató pasajes de películas argentinas y latinoamericanas, cuya temática habían sido los Derechos Humanos y la lucha social. Esa suerte de declaración de principios, de línea editorial -si se quiere-, fue una de las gratas sorpresas de aquella edición número 29 de la muestra cinematográfica más importante de América Latina. El mural, ubicado en la intersección de Boulevard Peralta Ramos y Diagonal Alberdi, homenajeaba realizaciones como La Patagonia Rebelde, No habrá más penas ni olvidos, La Historia Oficial y Carandirú, entre otras.

El Mar del Plata International Film Festival de aquel año supuso una edición memorable, no sólo por la calidad de las 379 producciones cinematográficas exhibidas desde el 22 al 30 de noviembre, sino por la enorme expectativa que suscitaron las figuras internacionales que, como cada año, arribaron a la ciudad. La noticia de que iba a ser el mismísimo Viggo Mortensen quien presentara Jauja, de Lisandro Alonso, corría de boca en boca desde algunas semanas anteriores a la ceremonia de apertura. “Viggo Mortensen abrirá el Festival de Cine”, anunciaban los medios locales. Sin embargo, en lo personal, tanto me atraía la presencia del heredero al trono de Gondor, de El Señor de los Anillos, como la de los españoles Nacho Vigalondo y Carlos Vermut, que aquel año acababan de estrenar las laureadas Open Windows y Magical Girl. “Vigalondo y Vermut, el desembarco español”, titulé la mañana del 25 de noviembre en el diario español Nueva Tribuna, cuatro días antes de la entrevista con el director cántabro que aterrizaba en La Feliz para presentar su Confetti of the Mind, una singular antología de cortometrajes, imprescindible para entender los desvelos y las obsesiones del realizador de la reciente y aclamada Daniela Forever (2024).

Ignacio “Nacho” Vigalondo Palacios inició su carrera en el mundo audiovisual como guionista de los cortometrajes Pornografía y Tomar algo por ahí, y eso. De esa experiencia a rodar en formato vídeo Una lección de vida y Código 7 (una serie de tres cortometrajes), y de allí a estar nominado al Premio Oscar por su más bizarro corto, 7:35 de la mañana, en el que el propio Vigalondo ejerce de guionista, protagonista, compositor de la banda sonora y director; una película de poco más de siete minutos que se alzó con el Premio del Público al Mejor Cortometraje en el Festival de Cine Fantástico de Suecia, el Premio al Mejor Cortometraje en el festival Cinema Jove de Valencia, y la nominación de la Academia de Hollywood; algo que ni el mismísimo Vigalondo podía imaginar que sucediese, pero que sin embargo sucedió, convirtiéndolo inmediatamente en una referencia del cine español.

Para cuando Vigalondo llegó a Mar del Plata ya había estrenado tres impactantes largometrajes que sacudieron a la crítica especializada; tanto a la que rechazaba de plano sus obras como a la que veía en ellas una originalidad digna de todos los aplausos: Los Cronocrímenes (2007), Extraterrestre (2011), y la ya mencionada Open Windows (2014), películas con las que ganó adeptos y detractores, dentro y fuera de España. El hecho de que decidiera darle un papel protagónico a la actriz estadounidense Sasha Grey, -que provenía del cine porno- en la para entonces recién estrenada Open Windows, había causado alguna que otra esperada controversia, expresada sobre todo por quienes se

habían negado a reconocer el profesionalísimo trabajo interpretativo de la actriz nacida en Sacramento, California, en 1988. Fue quizás por esta razón que decidí iniciar la entrevista ahondando en los pormenores del casting cuyo resultado fue la elección de dicha actriz. “Sasha fue fantástica. Su implicación con la película fue total y me sentí muy cómodo con ella. Sobre todo porque se ha enfrentado en esta película a situaciones de rodaje muy complicadas para cualquier actor o actriz. Por ejemplo, el noventa por ciento de su interpretación es de cara a la cámara, o sea que ella no habla con un actor, sino que habla a la cámara. Y eso para los actores es un esfuerzo real porque no tienes control sobre el ángulo, sino que debes mirar siempre de frente. Y eso se logra siendo un gran profesional”.
Como era costumbre durante aquellas ediciones, las entrevistas tenían lugar, desayuno mediante, en el salón principal del Hotel Provincial. De modo que allí estábamos Vigalondo y yo aquella soleada mañana de noviembre, fusionando preguntas y respuestas con medialunas y café con leche, mientras que a las puertas de los cines del centro comenzaban a formarse las primeras y largas hileras de un público ansioso por las proyecciones de la Competencia Oficial.

Elegí revivir parte de aquella entrevista con Vigalondo tras haber visto hace unos días su última y genial realización, Daniela Forever. Durante nuestro desayuno habíamos hablado respecto de lo que sus películas producían en el espectador; una cierta incomodidad comparable con la que producen las grandes obras de maestros como David Cronenberg o David Lynch. “Me gusta que los protagonistas sean a la vez los buenos y los malos. Eso siempre me ha atraído mucho; me interesa trabajar sobre los laberintos en los que se meten los personajes, pero también porque son responsables de ello”, algo que se evidencia sustancialmente en este último film, en el que se combinan el drama romántico con la ciencia ficción y la distopía.
Claro que las comparaciones son odiosas, sin embargo hay algo en su cine que despierta esa extraña fascinación que sólo consiguen los autores que fusionan con naturalidad géneros diversos. Porque con esos grandes autores Vigalondo comparte la mecánica de tomar una premisa sencilla y exprimir la tensión a partir de personajes corrientes, atrapados en situaciones extraordinarias. Utiliza lo fantástico como metáforas de conflictos psicológicos y relaciones tóxicas, como en los casos de Open Windows y Colossal (2017). No se trata de una burda copia, sino todo lo contrario. El cine de Vigalondo es lo que en España se denomina “gamberro” -tirando hacia el Cine de Clase B-, en el que el humor negro o el absurdo van de la mano del romance y la tragedia.

Como dijo alguna vez durante una entrevista, “aunque ame el terror, no consigo librarme de la comedia”. Y es quizás por ello que sus películas producen tamaño impacto; porque en la miscelánea de géneros está el secreto de este “extraterrestre del cine español”.
No voy a hacer una crítica de Daniela Forever; no al menos por el momento. Sin embargo sí que deseo que los lectores de CineFreaks Argentina la tengan presente, porque bien cabría definirla como una síntesis de su filmografía: Cine fantástico indie español en su más certera expresión.
*Walter C. Medina es periodista y crítico cinematográfico; ha trabajado en diversos medios gráficos y radiales argentinos y españoles (Rock & Pop Beach, Inrockuptibles, La Capital, Cinépata, Nueva Tribuna, YMálaga, NovoComunicación, PuntoPress, entre otros), ha cubierto festivales internacionales de cine (Málaga, Huelva, San Sebastián, Valladolid, Mar del Plata, Bafici) y ha dictado clases en los Institutos Superiores de Periodismo TEA y ETER de Mar del Plata.
