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viernes, 10 abril 2026
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Aliens (El Regreso) 40º aniversario: La expansión de un universo que forjó el mito de Ripley, la heroína definitiva

Por Migue Calabria

Hay una puerta que se abre en el cine de género a fines de los 70 y que, todavía hoy, sigue sin cerrarse del todo. Del otro lado hay un pasillo oscuro, húmedo, mecánico, donde algo respira sin que sepamos bien qué forma tiene. Alien, el octavo pasajero no sólo instaló a la criatura como uno de los mejores y más letales antagonistas del cine, también creó una forma de habitar el terror: desde la espera, desde lo invisible, desde la sospecha constante de que el peligro ya está adentro.

La película de Ridley Scott funciona como un mecanismo perfecto de tensión acumulativa: no hay apuro, no hay espectáculo en el sentido tradicional, y sin embargo cada decisión visual en los pasillos de la Nostromo (con su textura industrial, el diseño del xenomorfo y demás) terminó moldeando una identidad estética que trascendió a la propia película. Acá el miedo no se ve de frente, sino que se intuye en cada plano, especialmente en los fuera de campo que se vuelven cada vez más opresivos. Todo resulta, en sus casi dos horas de metraje, en una experiencia más física, donde nosotros como espectadores compartimos la vulnerabilidad de la tripulación, algo que pocas películas del género lograron de manera tan impactante.

Ripley dispuesta a defender a Newt en el alucinante final de Aliens (El Regreso).

Casi una década después, Aliens toma ese mismo universo y decide correrse un poco de la atmósfera. James Cameron no niega el ADN de la cinta original, pero lo reconfigura por completo: donde antes había silencio, ahora hay ruido; donde antes había acecho, ahora hay enfrentamiento directo. El pasaje del terror al cine de acción no es una traición, sino una expansión. Cameron entiende que repetir la fórmula sería condenarla, y en cambio la empuja hacia otro terreno, más amplio, más físico, más inmediato.

Lo interesante es que, en ese movimiento, no se pierde la esencia sino que se transforma. La amenaza deja de ser una presencia única y desconocida para convertirse en una fuerza masiva, casi militar, que obliga a los personajes a organizarse, a responder, a resistir. La película encuentra su núcleo en el contraste entre la maquinaria bélica (marines, armas y tecnología) y la incapacidad de controlar lo que enfrentan. No importa cuánto se preparen, el caos siempre está un paso adelante.

Ripley aprende a usar el rifle de pulso M41A. Su seguridad parece divertir al cabo Dwayne Hicks.

Pero reducir Aliens a una película de acción sería quedarse muy corto. Hay una dimensión emocional mucho más marcada que en la original, especialmente en la construcción de Ripley, que pasa de sobreviviente a figura protectora. La relación con Newt introduce una capa inesperada, casi maternal, que re-categoriza el conflicto: ya no se trata solo de escapar, sino también de cuidar, de volver. Esa decisión narrativa no sólo humaniza el relato, también le da un peso distinto a cada enfrentamiento.

Formalmente, Cameron trabaja con una precisión distinta: el montaje es más dinámico, la puesta en escena más expansiva, y la tensión se construye desde la acumulación y el desgaste, no desde la espera. La película avanza como una maquinaria que nunca se detiene, pero que tampoco se vuelve caótica: hay un control absoluto del ritmo, de la información, de cuándo mostrar y cuándo ocultar. Incluso en sus momentos más espectaculares, nunca pierde claridad.

En ese equilibrio entre espectáculo y control aparece uno de sus mayores logros: haber convertido una secuela en una obra con identidad propia, capaz de dialogar con la original sin quedar atrapada en su sombra. No intenta ser más aterradora que Alien, sino otra cosa, algo que termina ampliando el alcance del universo.

Hicks, Ripley y el quejoso Hudson estudian los planos del lugar y buscan una vía de escape.

Décadas después, Alien: Romulus recoge esas dos vertientes y las mezcla con una conciencia muy clara de legado. Fede Álvarez construye una película que entiende el peso de lo que vino antes y decide jugar con eso. Hay momentos donde la tensión vuelve a ser más íntima, más cercana al espíritu de la original, y otros donde el ritmo se acelera y se acerca a la lógica más física de Cameron. Ese híbrido no siempre busca innovar, pero sí recuperar sensaciones, reactivar una experiencia que el tiempo había transformado en referencia. En mi lectura, tanto Aliens como Alien: Romulus alcanzan un nivel altísimo en todos sus aspectos, aunque sin desplazar a la obra de Ridley Scott del lugar central.

Que Aliens cumpla 40 años no es solo una excusa para revisitarla, sino una oportunidad para entender cómo una secuela puede redefinir el camino de una saga sin borrar su origen. Hay algo en su forma de pensar el espectáculo, en su manera de sostener la tensión dentro del movimiento constante, que todavía hoy se siente vigente. No como una fórmula a repetir, sino como una decisión clara: si el miedo ya fue descubierto, entonces lo que queda es ver cómo se lo enfrenta. Ahí es donde la trilogía encuentra su verdadero punto de unión. No en la criatura, no en el espacio, sino en las distintas formas de reaccionar frente a lo desconocido.

Título: Aliens, el regreso. Título original: Aliens. Director: James Cameron. Productora: Gale Anne Hurd para 20th. Century Fox, Brandywine & Pacific Western. Productores ejecutivos: Gordon Carroll, David Giler & Walter Hill. Argumento: James Cameron, David Giler & Walter Hill, basado en los personajes creados por Dan O’Bannon y Ronald Shusett. Guion: James Cameron. Director de fotografía: Adrian Biddle. Música: James Horner. Montaje: Ray Lovejoy. Diseño de producción: Peter Lamont. Directores de arte: Bert Davey, Fred Hole, Michael Lamont & Ken Court. Diseñador de set: Crispian Sallis. Vestuario: Emma Porteous. Maquillaje: Peter Robb-King. Diseño de sonido: Graham V. Hartstone, Nicolas Le Messurier, Michael A. Carter & Roy Charman. Efectos sonoros: Don Sharpe. Efectos visuales especiales: Fantasy II. Efectos del alien: Stan Winston. Coordinador de dobles: Paul Weston. Intérpretes: Sigourney Weaver, Michael Biehn, Lance Henriksen, Paul Reiser, Bill Paxton, Carrie Henn, Jenette Goldstein, William Hope y Al Matthews. Duración versión theatrical: 136′. Duración corte extendido: 154′. Calificación: AM 13 años. Estreno en EE.UU.: 18/07/1986. Estreno en Argentina: 25/12/1986.

Trivia I: Aliens (El Regreso) fue nominada a 7 premios Oscar de la Academia de Ciencias y Artes de Hollywood, incuyendo la terna de Mejor actriz por el trabajo de Sigourney Weaver. Finalmente ganó dos estatuillas a Mejores efectos sonoros y Mejores efectos visuales. 

Trivia II: el mismo día del lanzamiento en salas argentinas de Aliens (El Regreso) también se estrenaron Héroes (Hero, de Tony Maylam), la película oficial de la FIFA que registra las diversas instancias del Mundial de México ’86 ganado brillantemente por la selección de fútbol liderada por Diego Armando Maradona; Las aventuras de Madonna en Shanghai (Shanghai Surprise, de Jim Goddard y producida por el ex Beatle George Harrison); el mega fiasco comercial de George Lucas, basado en el comic irreverente de Marvel, Howard, el superhéroe (Howard the duck, de Willard Huyck & Gloria Katz); la comedia negra Por fin me la quité de encima (Ruthless People, de Jim Abrahams, Jerry & David Zucker) y, entre otras, la aventura familiar Cortocircuito (Short Circuit, de John Badham).

Memorabilia:

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