Por Mónica Grau Seto, corresponsal en España
Los domingos cuenta la historia de Ainara (Blanca Soroa), una joven idealista y brillante de 17 años que ha de decidir qué carrera universitaria estudiará. O, al menos, eso espera su familia que haga. Sin embargo, la adolescente manifiesta que se siente cada vez más cerca de Dios y que se plantea abrazar la vida de monja de clausura. La noticia toma por sorpresa a toda la familia provocando un abismo y una prueba de fuego para todos.
Crítica
Hay películas que encuentran el conflicto en grandes acontecimientos y otras que lo descubren en una conversación durante una comida familiar. Los domingos, la nueva película de la guionista y directora española Alauda Ruiz de Azúa, pertenece a este segundo grupo. Acercándonos a la intimidad de una familia para explorar cómo una decisión inesperada puede alterar todos los vínculos que parecían irrompibles.
La historia sigue a Ainara (en el debut de Blanca Soroa), una adolescente de 17 años, brillante y con un futuro universitario aparentemente definido. Sin embargo, cuando anuncia a su entorno, que quiere ingresar en un convento de clausura porque siente la llamada de Dios, la noticia rompe el equilibrio familiar. Nadie esperaba que una joven criada en una familia de clase media, creyente pero no especialmente practicante, decidiera abandonar el mundo para convertirse en monja.
Ruiz de Azúa evita cualquier tipo de juicio moral, en ningún momento pretende convencer al espectador ni cuestionar la fe, pero tampoco idealiza la vida religiosa. Su interés está en observar cómo reacciona cada integrante de la familia frente a una decisión que desafía todas las expectativas de una joven, casi adulta. El público ocupa el lugar del observador y puede identificarse tanto con quienes apoyan a Ainara como con quienes creen que está siendo manipulada por las monjas, aprovechando el vacío de la figura materna.

La directora vuelve a demostrar su habilidad para construir historias a partir de pequeños gestos, conversaciones cotidianas y silencios. Como ya ocurría en el drama Cinco lobitos, en la comedia Eres tú o en la serie Querer, el verdadero conflicto no reside en la acción sino en las emociones que atraviesan a los personajes.
El film aborda múltiples temas: la educación religiosa, el despertar sexual, el duelo por la ausencia materna, la búsqueda de identidad y el difícil momento en que una adolescente comienza a dejar atrás la infancia para decidir qué tipo de vida quiere construir. Ainara carga además con la pérdida de su madre, cuyo recuerdo permanece en un colgante de la Virgen que siempre lleva consigo. Esa ausencia parece empujarla hacia la necesidad de encontrar otra figura femenina que la escuche y la contenga, y que en algunos momentos asume su tía Maite, protectora con ella y no creyente.
La película plantea un interrogante que atraviesa toda la narración: ¿hasta qué punto los adultos tienen derecho a intervenir cuando un hijo toma una decisión que consideran equivocada? Su padre intenta respetar la vocación religiosa esperando que sea una etapa pasajera, pero tampoco indaga en los sentimientos de su hija, mientras que su tía Maite, en cambio, teme que la joven haya sido adoctrinada y propone alejarla del entorno religioso para que pueda conocer otras experiencias antes de comprometerse definitivamente.
En paralelo, Ainara, como cualquier joven de su edad, comienza a sentir atracción por Mikel, un compañero del coro escolar. Ese primer enamoramiento introduce una nueva duda, ¿Qué amor elegir? La charla con el joven cura y consejero de su escuela le deja claro que hay dos tipos, por un lado, el amor humano que es cambiante y apasionado, frente al amor absoluto e incondicional que le propone la vida religiosa. La película nunca presenta esa dualidad como un enfrentamiento simple, sino como parte del crecimiento emocional de una adolescente.

Uno de los mayores aciertos del guion es el acercamiento al mundo de la clausura desde una mirada casi antropológica. Ruiz de Azúa se tomó años para desarrollar esta historia, inspirada en el caso real de una joven de 18 años de su entorno, que decidió ingresar en un convento. Para construir ese universo contó con el testimonio de mujeres que atravesaron el mismo proceso y también con el asesoramiento de religiosos.
El convento aparece despojado de cualquier exotismo, donde la austeridad se expresa en pequeños detalles, como la ausencia de espejos en las habitaciones y el cuidado hacia las religiosas más ancianas, además las monjas son retratadas como personas con sentido del humor, dudas, nostalgia y una profunda convicción espiritual. Lejos de los estereotipos, la directora humaniza un mundo que suele resultar desconocido para la mayoría de los espectadores.
Visualmente, también llaman la atención algunos detalles del colegio religioso donde estudia Ainara, aunque el centro es confesional, los alumnos pueden asistir tanto con ropa de calle como con uniforme, y esa decisión refleja cierta convivencia entre tradición y libertad.

Las interpretaciones sostienen el peso dramático de la película, donde las conversaciones construyen las escenas de quienes la rodean. Blanca Soroa sorprende en su debut cinematográfico componiendo una protagonista contenida, silenciosa y de enorme fuerza interior, mientras que Patricia López Arnaiz ofrece uno de los trabajos más conmovedores del film como Maite, la tía paterna, su personaje teme perder a la sobrina que siente casi como una hija y protagoniza algunos de los momentos más intensos y llenos de rabia de la película, ella expresa el dolor que el resto de la familia apenas consigue verbalizar, sobre todo el padre y viudo, un hombre que oculta sentimientos y no reacciona, quedando claro que hay un muro en la relación paternal, donde hablan poco y aunque existen miedos, parece no querer comprender si es cierta esa llamada de Dios.
El cierre resulta especialmente significativo, la cámara decide apartarse de la protagonista para centrarse en Maite, una elección que parece situar a este personaje como el verdadero punto de vista emocional del relato y, quizás, como el alter ego de la propia directora, que es atea.
El título también tiene una doble lectura, ya que los domingos son el día del Señor y el dedicado a la misa, pero también el momento en que muchas familias se reúnen alrededor de una mesa para comer, y en ese espacio cotidiano es donde suelen aflorar diferencias políticas, religiosas o personales, convirtiéndose aquí en el escenario donde estallan los conflictos más profundos.
Con una puesta en escena sobria y apoyada en los diálogos, Los domingos invita a reflexionar sobre la libertad, la vocación, la fe y el derecho a elegir el propio camino. No ofrece respuestas cerradas ni busca generar polémica, la directora prefiere observar, casi de forma antropológica y con sensibilidad, cómo una decisión profundamente personal puede poner a prueba el amor de toda una familia.
Título: Los domingos.
Título original: Idem.
Dirección: Alauda Ruiz de Azúa.
Intérpretes: Blanca Soroa, Patricia López Arnaiz, Juan Minujín, Miguel Garcés, Nagore Aranburu y Mabel Rivera.
Género: Drama, Religión, Familia.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 115 minutos.
Origen: España/ Francia.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Mirada Distribution.
Fecha de estreno: 30/07/2026.
Puntaje: 8 (ocho)
