La película relata las visiones que Edgardo Marranti vuelca en sus pinturas, inspirado por la presencia de seres de otras dimensiones con quienes se siente en contacto desde su juventud.
Crítica
El proyecto de Alejandro Maly pretende justificarse en el interés de su realizador por aquellos individuos que se mueven en los bordes de lo socialmente aceptado, lo que los lleva a transitar y protagonizar experiencias personales de religiosidad atípicas. Según el propio director, el contacto con este tipo de sujetos obliga a un replanteamiento de lo que asumimos de modo incuestionado como la realidad.
El documental se inicia con un recorrido visual de la obra de Edgardo Marranti, cuya estética presenta semejanzas con la iconografía medieval de la tradición mozárabe, bizantina y románica. El relato continúa con un viejo programa de televisión, donde una conductora entrevista al protagonista. Este cuenta cómo en 1978 fue contactado por una presencia, y desde entonces ha copiado estas piezas a partir de imágenes que estos seres envían para que él las comunique a la humanidad. El resto del largometraje se basa en el testimonio en primera persona del propio Marranti, quien no se identifica como artista o productor, sino como un comunicador o nexo entre los humanos y las entidades con las que ha entrado en contacto.

Si la intención del realizador ha sido cuestionar y obligarnos a dudar sobre lo que denominamos realidad, creo que esto no está logrado. Para ello, la obra debió adentrarse más en la hermenéutica de la producción y en las relaciones con otros pintores aparentemente proféticos; es el caso de Benjamín Solari Parravicini, que se menciona muy superficialmente, pero que podría haber sido un buen elemento para articular con las creaciones de Marranti y, sobre todo, con el contenido de lo que ellas pretenden expresar.
La propuesta enunciativa del documental, en cambio, ha sido dejar toda la narración en manos del testimonio de Marranti. Esta decisión entorpece, al mismo tiempo, el segundo objetivo: adentrarse en la psicología compleja de este tipo de personajes que se mueven en “los márgenes de la cultura” y que “inventan caminos propios”. En su defecto, la trama deviene una descripción de lo que el protagonista quiere contar, complementada por comentarios breves y erráticos de sus allegados, amigos y familiares que no aportan dimensiones personales de interés. Hubiera sido valioso, en este sentido, profundizar en el tema de la marginación (ya no cultural, sino social y familiar) que solo se menciona por encima, pero no se focaliza en modo alguno, y que habría otorgado al relato una dimensión de conflicto ausente en casi toda la pieza.
Se exhibe todos los jueves de julio a las 18:00hs
Centro Cultural Recoleta (Junín 1930)

Título: La pintura del futuro.
Dirección: Alejandro Maly.
Intérprete: Edgardo Marranti.
Música: Reynols, Francisco di Gianni.
Fotografía: Juan Marciano Ferrero.
Sonido: Ezequiel Rozenblum.
Género: Documental.
Calificación: ATP.
Duración: 72 minutos.
Origen: Argentina.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Independiente.
Fecha de estreno: 31/05/2026.
