Por Mónica Grau-Setó, corresponsal en España
Cuando los cuentos infantiles se convierten en pesadillas
¿Qué pasaría si Pinocho dejara de ser aquel ingenuo muñeco de madera que soñaba con convertirse en un niño de verdad para transformarse en un serial killer?
El director y guionista inglés Rhys Frake-Waterfield reinventa el personaje clásico de la literatura infantil y lo introduce en una pesadilla de sangre, vísceras y criaturas perversas. En esta ocasión, la nariz también crece, pero no solo para mentir, sino también para matar. Aunque en ambas versiones el muñeco aspira a convertirse en humano, aquí no espera a que el Hada Azul haga su magia: él prefiere construir su propio cuerpo a través de piezas de carne, órganos y piel de sus víctimas.
Pinocho sin cuerdas (Pinocchio: Unstrung, 2026) es la quinta entrega del Twisted Childhood Universe, un proyecto cinematográfico que reinterpreta personajes y cuentos infantiles libres de derechos de autor desde una perspectiva adulta, violenta y deliberadamente grotesca. Una propuesta destinada a espectadores que buscan terror sin complejos, humor negro, muertes absurdas y grandes cantidades de sangre.
Este depravado universo comenzó con Winnie-the-Pooh: Blood and Honey (2023), a la que siguieron su secuela en 2024, Bambi: The Reckoning (2025) y Peter Pan’s Neverland Nightmare (2025). Pero la franquicia no parece tener intención de detenerse; ya amenaza con más proyectos anunciados para 2027, como Winnie the Pooh: Blood and Honey 3: The Lost Years y Poohniverse: Monsters Assemble, una especie de reunión de criaturas terroríficas al estilo de los grandes universos de superhéroes.

Rhys Frake-Waterfield: del cine de bajo presupuesto al universo de la infancia retorcida
Para entender el origen de estas películas hay que detenerse en su principal impulsor. Frake-Waterfield es un director, guionista y productor británico formado en Economía por la Universidad de Essex que decidió orientar su carrera hacia el cine independiente de bajo presupuesto. Su filmografía previa incluye títulos de escasa repercusión como The Killing Tree (2022), The Area 51 Incident (2022) y Firenado (2023), llegando a producir más de 30 largometrajes en dos años, un ritmo con el que ni el mismísimo Ed Wood se habría atrevido.
Sorprendió a los aficionados al género con su particular versión macabra de Winnie the Pooh. Aprovechando el dominio público de ciertos clásicos, convirtió a los entrañables habitantes del Bosque de los Cien Acres en asesinos despiadados, destrozando los recuerdos infantiles de varias generaciones (eso sí, aclaró que no piensa meterse con el ratón de Disney).
Rodada con recursos mínimos, la primera entrega consiguió una repercusión comercial muy superior a sus expectativas. Aunque su recepción crítica fue demoledora en los festivales de cine de terror, su presencia en los Premios Razzie de 2024 —donde arrasó con galardones a peor película, peor guion, peor director, peor remake y peor pareja en pantalla— contribuyó paradójicamente a disparar su popularidad.
El realizador nunca ha pretendido competir con las grandes producciones de Hollywood; su objetivo es divertirse haciendo cine para un público que disfruta del gore, el slasher y las reinterpretaciones sádicas. Se trata de una fórmula sin pretensiones que recuerda a otras producciones de serie B televisivas que encontraron su nicho gracias a su falta de complejos, tal como sucedió en su momento con la saga Sharknado.
Las prótesis, la sangre artificial, los muñecos y las criaturas deformes forman parte de sus señas de identidad. Su propuesta rompe, además, con la figura tradicional del asesino en serie del slasher: aquí los monstruos no son psicópatas humanos que regresan de la muerte, sino personajes asociados a la inocencia infantil que terminan convertidos en despiadados verdugos.

Un Pinocho que quiere ser humano a cualquier precio
La película comienza con una especie de teatro de sombras donde el narrador es Geppetto. El anciano introduce al espectador en la historia de su nieto James, un niño que acaba de perder a sus padres y que todavía arrastra el dolor por la muerte de Zach, uno de sus mejores amigos del colegio.
Abuelo y nieto mantienen una relación cariñosa y cómplice en la que comparten conversaciones sobre la vida y la muerte. Geppetto acoge al pequeño en su mansión y le promete que nunca volverá a perder a alguien querido. En su desesperación por desafiar las leyes de la naturaleza, el anciano revela haber creado algo que supuestamente podrá escapar de las garras de la muerte.
En la enorme propiedad familiar hay un sótano al que James tiene prohibido entrar. Sin embargo, una noche, intrigado por ruidos y luces extrañas, decide incumplir la norma y sigue a una misteriosa criatura hasta el refugio subterráneo. Allí descubre un espacio oscuro, lleno de objetos antiguos y raíces que atraviesan las paredes. De una misteriosa abertura que recuerda a un portal emerge una criatura de madera con apariencia infantil, cuyos movimientos resultan tan extraños como perturbadores.
Geppetto le explica que no se trata de un juguete, sino de un ser vivo. Así comienza la secreta amistad entre James y Pinocho. Nos encontramos ante una versión tenebrosa del relato clásico que busca diferenciarse de otros juguetes malditos del cine como Chucky, Annabelle o M3GAN. Los dos aprenden a jugar y a esconderse, pero Pinocho empieza a hacerse preguntas sobre su propia existencia: ¿por qué no tiene un cuerpo humano o por qué no necesita comer ni beber? Su curiosidad lo lleva a consultar libros de anatomía y a observar a escondidas a los niños que juegan afuera.
La criatura desea ser uno más. Al igual que Frankenstein o el Joven Manos de Tijera, anhela experimentar el mundo, sentir el sol y relacionarse con otros, pero su existencia está condicionada por las limitaciones de su cuerpo de madera. Por su parte, James y sus amigos creen inicialmente que Pinocho es un muñeco dotado con algún sistema de robótica o inteligencia artificial, sin sospechar que alberga una fuerza sobrenatural y malvada.
La criatura no distingue entre una amenaza real y una simple contrariedad. Cuando alguien causa dolor a James, automáticamente se convierte en un enemigo; incluso una simple visita al dentista le parece una forma de tortura contra su amigo. Así, el relato transforma al personaje en un implacable protector que, además, empieza a construir su propia identidad física a través de los cuerpos de sus víctimas. Quiere carne, piel, dientes y ojos. Para conseguirlo, irá recolectando las piezas que necesita, dejando a su paso un auténtico reguero de sangre.
Su deseo de convertirse en un niño humano se transforma en una obsesión monstruosa que abraza el body horror. Su mente se ve manipulada por influencias perversas: una especie de madre capturada por raíces en el sótano (que sustituye al Hada Azul), un ser malvado con aspecto de duende que se hace llamar Grillo, y el propio abuelo. Esto deja en claro que el muñeco no es libre y que arrastra cuerdas invisibles con las que lo controlan.
Geppetto no creó un simple juguete; estableció una relación con una fuerza antigua y maligna. Aquí no es un tierno carpintero, sino un mad doctor que juega a ser Dios e intenta burlarse de la muerte, asimilándose al creador del monstruo de Frankenstein. De este modo, aparece una reflexión sobre la educación y la manipulación. Pinocho comienza siendo una criatura ingenua y sin referencias morales claras; su visión del mundo se construye a través de los mensajes que recibe de su entorno, donde nadie le proporciona las herramientas necesarias para comprender la diferencia entre proteger, amar y destruir.

Efectos artesanales y atmósfera sombría
Si hay un aspecto que merece destacarse es el trabajo de efectos especiales. La película apuesta fuertemente por una estética artesanal con prótesis, animatrónica y efectos físicos que aportan una textura muy particular a las escenas más violentas, evitando el abuso del CGI. El director ha manifestado su admiración por el trabajo y la animación stop-motion que Guillermo del Toro imprimió en su propia versión de Pinocho.
Para lograrlo, el equipo contó con Todd Masters, reconocido profesional ganador del Emmy cuyo currículum incluye producciones como Child’s Play y Dune: Parte dos. El personaje principal fue construido como un animatrónico que requería la intervención coordinada de cinco personas para controlar desde las expresiones faciales hasta sus extremidades, llegando a necesitar más de diez profesionales en ciertas secuencias. En el tramo final, el aspecto del muñeco transformado evoca inevitablemente al Guardián de la Cripta de la mítica serie de televisión Tales from the Crypt.
La fotografía de Vince Knight contribuye a crear una atmósfera sombría, especialmente en los interiores de la mansión y en el sótano, donde las raíces y los elementos orgánicos refuerzan la sensación de un mundo contaminado por lo sobrenatural. El gore está muy presente y parece ser el terreno donde más se divierte el director, hilvanando una sucesión de escenas que buscan provocar tanto repulsión como diversión negra. También se incluyen algunos guiños al slasher más convencional, como las inevitables escenas de ducha y los momentos de desnudez.
El elenco cuenta con la presencia de dos figuras emblemáticas del cine de terror: el mítico Robert Englund (nuestro querido Freddy Krueger) le presta su voz al malvado Grillo, mientras que el abuelo es encarnado por Richard Brake, recordado por papeles como el Night King en Game of Thrones, el payaso asesino Doom-Head en 31, el químico en Mandy o Winslow Foxworth Coltrane en 3 From Hell.
En definitiva, Pinocchio: Unstrung juega con el imaginario de los cuentos infantiles y lo convierte en una versión slasher gamberra. Aunque su mayor virtud reside en el diseño físico del muñeco, sus movimientos y el gran trabajo de efectos especiales, su voluntad de ofrecer un espectáculo gore de serie B le impide convertirse en un gran título cinematográfico de terror. La película sigue la misma línea de sus predecesoras, donde la sangre y las vísceras priman por sobre cualquier reflexión profunda acerca del duelo, la paternidad o el deseo de vencer a la muerte. Queda claro que este Pinocho también quiere ser un niño de verdad, aunque la diferencia es que, para conseguirlo, va a descuartizar a unas cuantas personas en el camino.

Título: Pinocho sin cuerdas.
Título original: Pinocchio: Unstrung.
Dirección: Rhys Frake-Waterfield.
Intérpretes: Richard Brake, Cameron Bell, Jessica Balmer, Jack Art Gray, Jude Evan Lloyd y Robert Englund (voz de Pepe Grillo).
Género: Terror, Slasher, Fantasía oscura.
Calificación: R- 17 años.
Duración: 82 minutos.
Origen: Reino Unido / EE.UU.
Año de realización: 2026.
Distribuidora: Terrorífico Films.
Fecha de estreno: 29/10/2026.
Puntaje: 4 (cuatro)
