Por Pablo Arahuete

En su segundo largometraje, el director ecuatoriano Diego Araujo coquetea desde un blanco y negro melancólico con los lugares más visitados desde el cine iniciático. Las angustias existenciales de un escritor en plena crisis creativa y con la prisa de volver a ser la sensación literaria de hace 5 años se ve entrecruzada por el tránsito hacia la paternidad. También, la chance de dar vuelta la página y buscar nuevos aires, nuevos horizontes en una vecina adolescente para salir de la resaca de una pareja estancada en la rutina y en la aplastante convivencia, energías que motorizan y ayudan a que la imaginación trastoque en pequeños lapsos la realidad, que lejos de incorporar colores y matices queda hundida en un mustio blanco y negro. Pero más allá de la anécdota y las referencias directas al universo literario desde Salinger y su obra emblemática El guardián del centeno, hasta la lucha de crear una novela esencial en un Ecuador que parece haber abandonado el idealismo por el conformismo cultural, la frescura de Agujero negro la aleja de la pesadez del inconformismo de la clase media y su redundante conflicto, que excede la urgencia de otras problemáticas menos livianas. Bloqueo de escritor devenido personaje de una novela iniciática poco rentable para un mercado que siempre quiere consumir la misma historia con final feliz.

Función: 16 de Abril – 22:50hs
Village Caballito

1 COMENTARIO

  1. El comentario sobre la nueva y atractiva película de Diego Araujo, muy interesante; pero esta frase: “una novela esencial en un Ecuador que parece haber abandonado el idealismo por el conformismo cultural” solo demuestra un absoluto desconocimiento de lo que ocurre con nuestra literatura. ¡Lástima!

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