Por Maximiliano Curcio

Orson Welles revolucionó al mundo entero con su versión radial de “La Guerra de los Mundos”. Tanto que los magnates de la RKO -el influyente estudio cinematográfico de aquellos años- quedaron impresionados y le ofrecieron un contrato para varias películas con total libertad de creación. Eso sí, con un presupuesto limitado. Cinco años después y luego de estremecer una vez más al mundo entero con su brillante opera prima El Ciudadano, Welles acrecienta una vez más su mito con el film Soberbia, un proyecto que persiguió por años: llevar a la gran pantalla la novela de Booth Tarkington “The Magnificent Ambersons”.

Soberbia: El fin de la ostentación 3La aparición del automóvil y otros avances tecnológicos no son asimilados por una familia adinerada del medio oeste. Esto causa la pérdida de toda su riqueza y poder en el vecindario, provocando la ruina familiar. El personal enfoque de Welles sobre este asunto radica en la forma en que construye la historia, plagada de marcas autorales. Abundan allí paralelismos en torno a su figura (el personaje central se llama George, tal el nombre de pila de Welles) y el relato transcurre en la clase aristocrática de alta burguesía, un recuerdo de la propia infancia del director. Condimentos rastreables como ineludibles autorreferencias biográficas.


El film relata el ascenso y caída de la familia Amberson, con su esplendor a fines de siglo XIX, a medida que vemos avanzar y transformarse el mundo (con la moda masculina y su evolución como parámetro) y su lento declive a principios del convulsionado siglo XX (con la invención del automóvil como referencia). Más allá de las debacles económicas y los irremediables ciclos sociales que transforman el presente, el film se centra en mostrar la caída de los Amberson por culpas propias: diferencias internas de la familia y diversas miserias que se van revelando dejarán expuestas debilidades antes ocultas, que acabarán con tantos años de prosperidad.

Soberbia contrapone el clasicismo y el renombre a la pobreza y la honestidad, a la vez que acompleja una trama de amores perdidos y antipatías varias con un tono que se evidencia melancólico y nostálgico. La magia creativa de Welles se percibe en cada escena, en cada Soberbia: El fin de la ostentación 4toma y en cada diálogo. Sin embargo, su epílogo argumental resultó ser -como tantas otras veces en su trayectoria- mutilado por los estudios. La anterior promesa de libertad de expresión no fue tal.

Una vez más, los estudios decidieron recortar ciertas escenas y la posterior rebeldía de Welles lo convirtió casi en un proscrito de Hollywood, un singular enfant terrible. La escena final, cuya edición de montaje corresponde nada menos que al luego célebre Robert Wise, está lejos del final pensado en primera instancia por el autor. Las piezas se reacomodan en un desenlace ‘feliz’, donde todo retorna su cauce. De todas formas, este detalle no empaña un film que lleva el sello característico del prolífico cineasta, gracias a su audaz arrojo visual y su vibrante talento narrativo.

Soberbia: El fin de la ostentación 2Título: Soberbia.
Título Original: The Magnificent Ambersons.
Dirección y guión: Orson Welles.
Dirección de fotografía (ByN): Stanley Cortez.
Música: Bernard Herrmann.
Intérpretes: Tim Holt, Joseph Cotten, Dolores Costello, Agnes Moorehead, Anne Baxter, Richard Bennett, Ray Collins y Nancy Gates.
Género: Drama.
Duración: 88 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 1942.

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