Por Pablo Arahuete y Maximiliano Curcio

Aquello que en un principio daría al cine silente un status de privilegio en la historia del cine, más precisamente en el período mudo, tendría una fecha de vencimiento en lo que a novedades se refirió, y la aparición de la tecnología que trajera consigo el sonido tuvo mucho que ver con un cambio no solamente cualitativo sino cuantitativo de cara a los géneros, que más temprano que tarde modificaron la gramática invisible del celuloide y sus formas de interpretarlo desde la paleta sensorial del público.

No bastó entrar por los ojos en las emociones del espectador primitivo, también se buscó seducirlo con los sonidos visuales y ese encanto de sirenas mantuvo su rostro oculto en el género del suspenso gracias a la magistral comunión entre la imagen, el sonido y el arte de contar una historia.


Los primeros usos del sonido en el cine también reflejaron la precariedad técnica, pero además de provocar un cimbronazo en actores acostumbrados a la exagerada gesticulación del cine mudo, posibilitaron el uso de una herramienta nueva con fines dramáticos y como motor de las emociones que podían crecer, a medida que el movimiento de las imágenes danzara ante nuestros ojos. Se dice entonces que uno de los pioneros de la utilización del sonido visual o la música con fines dramáticos fue el austríaco Fritz Lang, ya reconocido anteriormente por su obra maestra Metrópolis. Considerado por algunos especialistas como precursor de Hitchcock, Lang en su continuidad de experimentación llegaría a deslumbrar con un film de suspenso llamado M, El Vampiro a comienzos de la década del 30. Un leitmotiv elevado por un silbido anunciaba la presencia del personaje principal, sospechado de perpetrar asesinatos que involucraban niños.

Contraste de inocencia y crueldad, sumado al silencio, fueron el cóctel explosivo y el pilar del eje emotivo dramático de esta y tantas otras películas con destinos trágicos, donde la identificación con emociones contrapuestas fueron siempre la frutilla del postre.

Pasarían las décadas y el sonido junto a la imagen sellarían finalmente el pacto y esa sociedad con fines de lucro emocional, incluso en estos tiempos virtuales dominados por los antagonismos y la falta de silencios. Pero mejor escuchen un nuevo episodio de nuestro podcast.

 

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