Por Juan Samaja

Estrella Fugaz es el nombre de una misión espacial tripulada que partió hace una década y finalmente regresa. Anchorena, su tripulante, aparentemente desconoce la situación de la pandemia en la que está sumida toda la población del mundo desde hace 3 años. El mundo que Anchorena ha dejado atrás al viajar al espacio, ya no existe, como tampoco existe la agencia espacial que lo ha enviado al espacio exterior, y pretende dejarlo orbitando sin rumbo. Sin embargo, su comunicación es interceptada de modo clandestino por tres ex-agentes de la extinta agencia espacial, quienes se encontrarán en la situación de tener que tomar una decisión clave que alterará sus vidas.

Crítica


Como mencionamos en la crónica sobre la presentación de la serie (ir a la nota), la propuesta cierra con un balance más que positivo. Su fortaleza pasa por tres componentes suficientemente armonizados con amor y experiencia: ideas claras; minimalismo expresivo en los recursos visuales; y ciertos destellos de un imaginario poético que ofrece unas pinceladas en tono pastel en el marco de un lienzo narrativo y visual esencialmente melancólico.

El motor clave de la serie se plantea en los primeros minutos, sin escamoteos, sin grandes fanfarrias: de modo directo y crudo, para ir al epicentro del drama: la llegada de la nave, y los debates internos sobre qué hacer en relación al mensaje. El primer debate, que parece solamente estar asociado a una conveniencia pragmática del grupo (meterse o no meterse con la agencia), se transforma rápidamente en un dilema moral de profunda humanidad, y en ello reside su motor emocional. Pero lo interesante del debate es la dimensión moral que alcanza; en efecto, no se dirime qué estrategia es más eficiente para mantenerlo con vida: cualquier opción significará la muerte del astronauta. Lo que debaten, en último término, estos personajes es la manera más humana de morir.

Sobre el minimalismo de los recursos ya me he pronunciado en la reseña anteriormente citada, no me parece que haya mucho más por agregar en ese aspecto. Por lo tanto, en esta ocasión pretendo focalizar el análisis en la concepción poética que el relato propone; en esa mirada conmovedora y triste, derrotada pero con un sentido profundo de la pena.

Hay dos elementos en la serie que son especialmente significativos de esta poeticidad: uno, es un momento puntual y aislado del segundo capítulo; el segundo, en cambio, es un elemento estructural, y está presente a lo largo de la serie completa.

1°: El momento del segundo capítulo: minuto 7:44

Este momento se presenta inmediatamente que el grupo ha decidido no responder a la comunicación de Anchorena, y dejarlo morir en la fría soledad del universo, que al menos le mantendrá intacta la ilusión de que un sentido existe.

Tras esta decisión los personajes se muestran en escenas cotidianas, distrayéndose de diversas maneras. Pero una de esas escenas me resulta significativa: Sebastián, delante de una mesa y con una escuadra en la mano, traza líneas rectas superpuestas, una tras otra. Al finalizar el dibujo logramos ver que aquellas líneas se trenzan en lo que resulta ser una representación gráfica de la trayectoria de la cápsula, una trayectoria a ningún lado. Una cápsula errante.

Se trata de una imagen muy simple, y en apariencia no muy diferente de las otras imágenes que la anteceden y la siguen (escenas de cocina, lúdicas, de contemplación estelar, etc.). Pero hay algo en ella que consigue un cambio de tono emocional, no sólo en el personaje que dibuja, sino en la situación de conjunto. Como si este dibujo enhebrara las emociones errantes de esos tres ex integrantes, que en el fondo están tan solos cada uno como el propio Anchorena, y, quizás, tan condenados a una muerte absurda como él. Hay algo en el dibujo, en la conformación del ícono, quizás su síntesis a partir de elementos sueltos y apenas entrelazados, que parece expresar el espíritu mismo del conflicto interior que el relato plantea.

2°: El sentido trágico de la existencia como motivo estructural

Dijimos en nuestra primera reseña, y lo hemos reiterado al comienzo de esta misma nota, que uno de los hallazgos de la serie es su claridad en la propuesta del conflicto que motoriza la acción. El conflicto se presenta en dos niveles: por una parte, el conflicto como problema pragmático; el comunicado de Anchorena y el peligro concomitante al que ellos se exponen al intentar ayudarlo. Pero este conflicto es sólo un anzuelo, la antesala de un dilema de mayor profundidad, que es el problema moral. Si el primero impulsa la acción, el segundo motoriza las emociones.

Hay algo de este segundo conflicto que no puedo dejar de relacionar con una película muy interesante realizada en 2012, llamada Buscando un amigo para el fin del mundo. Allí, como en la serie que analizamos en esta ocasión, se plantea un escenario inmodificable: una muerte abrupta se yergue sobre la humanidad, y todo el drama que atraviesa el personaje de Steve Carell se circunscribe a encontrar un sentido antes de la aniquilación definitiva. Hallar el sentido en el sinsentido. He ahí el dilema que se esboza en la serie.

Ahora bien, es importante decir lo siguiente: esta mirada poética y aparentemente naif es tan solo una piel superficial, el corderito sobre un lobo agazapado que no duda en atacar de manera impiadosa; la serie tiene un costado nihilista implacable, pero no menos conmovedor, y ello se enuncia desde los minutos finales del capítulo 1:

Hoy mientras miraba por la ventana de la nave creo que vi algo. Si tenemos en cuenta las cifras oficiales, se podría decir que la mayoría de las cosas que confundimos con estrellas fugaces… son en realidad satélites o misiones abandonadas. Y muchas de esas misiones abandonadas incluyen seres vivos como tripulantes. Cuando uno mira al cielo, capaz que está viendo a un perro muerto, un mono muerto, un ratón muerto. Uno le termina pidiendo deseos a cosas muertas. Por eso en el mundo nada sale tan, tan bien.”

Si tenemos en cuenta que esa “cosa muerta” es el propio astronauta que los tres ex-integrantes de la agencia se afanan por salvar, para redimirse y justificar quizás un sentido humano que creen desaparecido, la trama se torna amarga y tenebrosa.

La serie concluye, como es esperable, en un desenlace fatalista, y trágico en el más clásico de los sentidos; aquello que los personajes terminan haciendo bajo la expectativa de que con ello evitan un mal espantoso, es precisamente el ingrediente clave que era necesario para que la maldad triunfara. El concepto mismo del desenlace resulta coherente y orgánico, pero la instrumentación en el devenir del relato resulta un poco abrupta y torpe, quizás porque se abusa del recurso verbal, quizás porque hubiera sido necesario un poco más de espacio narrativo para madurar alguna idea. Los finales no son asuntos sencillos de resolver, pero la mayoría de las veces un destino frustrado o decepcionante no consigue opacar la épica de un viaje. El mundo sarna es una exploración fascinante, recomiendo navegar en sus aguas.

Título: Estrella Fugaz (Miniserie).

Director: Alejo Rébora.

Intérpretes: Daniela Giménez, Ignacio Bruno, Alejo Rébora y Sebastián Mariño.

Género: Ciencia-ficción.

Año: 2020 (producida y realizada en condiciones de aislamiento social obligatorio).

Capítulos: 4 con una duración total de 47 minutos.

De: Sarna Producciones.

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