Por Juan Alfonso Samaja
Nueva Roma es una república en crisis afectada por la decadencia de sus valores. En esta coyuntura se despliega un conflicto de poder entre el alcalde, Franklin Cicero (quien representa al político tradicional, conservador y corrupto) y el idealista Cesar Catilina. En medio de ese enfrentamiento se articulan la historia de amor entre Catilina y Julia (hija del alcalde Cicero), y un triángulo sentimental entre Catilina y Wow Platinum (su amante), quien, despechada, decide casarse con el tío de Catilina (Hamilton Crassus) para arruinar el proyecto de Megalópolis.

Crítica
Es difícil desentrañar el sentido que Coppola tuvo en mente cuando comenzó a idear esta historia. Demasiadas líneas narrativas paralelas al conflicto central, un conflicto central que, por otra parte, tampoco ha sido nutrido de una intriga que permita desarrollar los caracteres, y otorgar sentido orgánico al relato. Si bien resulta clara la intención del director por proyectar la Roma del Imperio Antiguo en un EE.UU. contemporáneo y decadente, el trasfondo dramático de los acontecimientos, como las motivaciones de sus protagonistas, y el devenir de los sucesos durante la trama resultan artificiosos y, por lo menos, confusos.
La película presenta una cantidad de actores notables que encarnan personajes de carácter: entre ellos, el del excéntrico magnate Hamilton Crassus, interpretado por Jon Voight; el del hábil armador político, por Dustin Hoffman; el del chofer y narrador, por Laurence Fishburne; el de la mediática Wow Platinum, por Aubrey Plaza; el de la madre de Catilina, por Talia Shire, entre otros. Sin embargo, la ausencia de un sentido claro de las articulaciones entre las líneas narrativas en relación al acontecimiento principal y la falta de claridad en relación a las motivaciones individuales de cada personaje, impiden que las actuaciones encuentren algún rumbo, más allá del lucimiento individual de sus protagonistas. Por ejemplo, no se llega a entender por qué Hamilton Crassus apoyaría el proyecto de un idealista como Catilina; por qué Julia, quien desde un comienzo pretende atacar a Catilina por los comentarios públicos hacia su padre, termina trabajando para aquél y enamorándose del hombre como de su proyecto. En relación a Julia, no se entiende, tampoco, su falta de reacción ante el descubrimiento de que el proceso del juicio por la muerte de la esposa de Catilina ha sido orquestado por su padre, para aventajarlo políticamente. Finalmente, no se entiende el quiebre del propio Cícero, dispuesto a renunciar a todo por ocultar a su hija su pasado corrupto, como tampoco se justifica, hacia el desenlace, su cambio de actitud hacia Catilina. Todo parece un deus ex machina gigante y desproporcionado.
Uno de los inconvenientes, a mi entender, es el carácter inorgánico que presenta el marco genérico de la ciencia ficción en la trama; tanto la presencia del megalón, como la misteriosa capacidad de detener el tiempo que manifiesta Catilina resultan completamente gratuitas respecto de la trama general. Y, en este sentido, parecen más bien una excusa para justificar la estética y el carácter expresivo de la magnífica fotografía futurista (inspirada en los diseños de Metrópolis de Fritz Lang), que a una decisión armoniosa en relación a los acontecimientos. Como contrapartida de estos señalamientos mayormente narrativos, la fotografía de la película y su partitura musical conforman un espectáculo audiovisual magnífico.

Sin lugar a dudas, Coppola es un maestro del relato, y uno de los realizadores más importantes de la historia del cine. Sus últimos proyectos, sin embargo, parecen estar afectados de una desmesura provocada por el propio nombre de su autor; como si en cada producción el director se viera en la necesidad de ostentar su genio… ¿o seremos nosotros los que siempre estamos esperando algo imposible del artista: que esté a la altura de las expectativas desproporcionadas que proyectamos sobre aquellos que han sacudido nuestro mundo cinematográfico? Megalópolis, no es una mala película, pero, no obstante, no está a la altura del mejor Coppola.
En el comienzo de la película, luego de establecerse la comparación entre la vieja y decadente república de Roma y la república de los Estados Unidos, el narrador plantea una pregunta: ¿Cuándo muere un imperio?, a lo cual el mismo narrador responde: cuando los que habitan el imperio dejan de creer en su vitalidad. Entonces comienza ese imperio a morir. Directores tan consagrados como Coppola pueden considerarse equivalente a un imperio, y sus películas, lanzas de combate con las que esa unidad de poder pretende mantener incólume su dominio y belicosidad. La pregunta del narrador, por lo tanto, nos obliga como espectadores a enfrentarnos con nuestro propio amor por Coppola y por su incuestionable legado: ¿seguimos creyendo?
Título: Megalópolis. Título original: Megalopolis.
Dirección: Francis Ford Coppola. Intérpretes: Adam Driver, Giancarlo Esposito, Nathalie Emmanuel, Aubrey Plaza, Shia LaBeouf, Jon Voight, Laurence Fishburne, Talia Shire y Jason Schwartzman.
Género: Ciencia-ficción, Retrofuturismo.
Calificación: Para m/ 13 años.
Duración: 138 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2024.
Distribuidora: Maco Cine.
Fecha de estreno: 02/01/2025.
Puntaje: 5 (cinco)
