Por Celín Cebrián, corresponsal de Nueva Tribuna España
Musa de Woody Allen, pensaba que el verdadero poder del amor provenía de la confianza. Versátil tanto para la comedia como para el drama, fue pareja de Woody, Warren Beatty y Al Pacino, pero no pudo encontrar una continuidad en las relaciones que mantuvo con los hombres, tan famosos como lo era ella. Nunca se casó y tuvo dos hijos adoptivos, Dexter, una niña, en el año 1996, y Duke, un varón, en 2001. En una entrevista dijo: ―”Llegué tarde a la maternidad y nunca he tenido una relación de confianza con un hombre. Si bien, la maternidad, aunque nunca fue un impulso irresistible, sí que fue una idea que había estado madurando durante mucho tiempo. Así que me lancé”.
Falleció el 11 de octubre en Los Ángeles, California. Había nacido el 5 de enero de 1946.
Era la mayor de cuatro hermanos. Su padre era un ingeniero civil, católico, y su madre, fotógrafa, fue criada como metodista, y la actriz tenía una ascendencia tanto irlandesa, inglesa y alemana, como escocesa y austríaca. Cursó estudios en el Santa Ana College de California y en 1964 se marchó a Nueva York a estudiar arte dramático en el Neighborhood Playhouse, pero sobre todo se marchó a la ciudad de los rascacielos para intentar abrirse camino en el mundo del teatro. Fue cuando decidió cambiarse el nombre y adoptó el apellido de su madre de soltera y pasó de llamarse Diane Hall a Diane Keaton. Empezó a interesarse por la actuación desde muy joven. Comenzó a hacerlo siendo niña en obras de teatro de la escuela secundaria, debido a la influencia materna:―”Mi madre tenía inclinaciones artísticas: cantaba, tocaba el piano. Era hermosa y también mi defensora”. A finales de los sesenta debutó como actriz en el teatro. Fue muy comentada allá por 1968 su decisión de negarse a aparecer desnuda en una escena de un desnudo colectivo en Hair, el musical que empezaba a causar un considerable impacto en la sociedad de la época, momento en el cual ella se sumó al primer elenco en la representación de Broadway. En una entrevista hecha en 2017, la actriz reconoció que durante una época luchó contra la bulimia por unos comentarios del director del espectáculo sobre su peso. En la Gran Manzana estudió con Sanford Meisner, a quien se le atribuye haberle dado la libertad de explorar el complejo terreno del comportamiento humano bajo la seguridad de su orientación. Le hizo ver que jugar con fuego podía ser hasta divertido: ―”Más que nada, me ayudó a aprender a apreciar el lado más oscuro del comportamiento. Siempre tuve la habilidad de intuirlo, pero aún no el valor de adentrarme en un territorio tan peligroso y revelador”. Son palabras extraídas de una de sus memorias, tituladas “Ahora y siempre”, publicadas en 2012. Llegó a escribir tres libros de memorias. Y nunca se rindió a la búsqueda del amor.

Su primer encuentro con Allen fue en el teatro, en 1969 como la pareja protagonista de Sueños de un seductor, pieza que ambos llevarían tres años después al cine, dirigidos por Herbert Ross. Fue algo a primera vista, ya que en él encontró un lugar en la vida y una obra donde ser la musa, la heroína romántica y el espejo perfecto de las neurosis, las culpas, las frustraciones sexuales y las indecisiones de su compañero.
Debutó en el cine en 1970 con la película MASH, pero su gran oportunidad llegó en 1972 con El Padrino, de Francis Ford Coppola, en la que interpretó a Kay Adams, la novia, primero, y después esposa de Michael Corleone (Al Pacino), cuya interpretación le valió una nominación al premio Oscar como actriz de reparto. En los años siguientes, protagonizó una serie de películas que lograron bastante éxito en taquilla, hasta que en 1977 ganó el Oscar a la mejor actriz por su papel en Annie Hall y el Premio BAFTA, dirigida por Woody Allen, con quien mantuvo una relación sentimental durante varios años (1973-1979). Ambos protagonizaron juntos varias películas: Sueños de un seductor (1972), El dormilón (1973), La última noche de Boris Grushenko (1975), Interiores (1978), Manhattan (1979)… Diane Keaton asegura que “tuvo un flechazo de inmediato en cuanto vio a Woody Allen por primera vez”. Su historia comenzó a finales de los años 60, cuando ambos estaban descubriendo su voz en aquel mundo de grandes cambios. Ella era una exmodelo convertida en actriz con una voz muy musical y una risa sin freno, y él un comediante con un peculiar sentido del humor que llevaba siempre unas gafas de pasta que terminarían por definir el atractivo masculino para toda una generación de intelectuales de una época. Diane estaba haciendo una audición para Sueños de un seductor y él, que medía 1,65, era relativamente bajo, por lo que los productores estaban preocupados de que ella fuera demasiado alta y… los midieron y le dieron el papel. Y ahí empezó todo… Lo cierto es que Diane siempre dijo que “su pareja era un hombre divertidísimo, aunque lo complicado era hacerse amiga de él teniendo en cuenta de que era una persona muy reservada”.

Volviendo a Annie Hall… La película muestra distintas situaciones en las que se va cimentando una relación y vamos viendo a lo largo del filme cómo esa relación, inevitablemente, se va deteriorando y acaba por romperse. Ambos interpretaron a dos personajes encantadores, muy próximos a su forma de ser. La película, sin tantos gags como en otras ocasiones, supuso un paso a la madurez narrativa del cineasta, que recibió el Oscar a la mejor película, al mejor director, al mejor guion original (escrito por el propio Allen) y a la mejor actriz.

También hay que recordar su destacada actuación como maestra en Buscando a Mr. Goodbar (1977), dirigida por Richard Brooks. En los 80, siguió cosechando éxitos: Reds (1981), dirigida por Warren Beatty y por la que también fue nominada al Oscar, así como sucedió en Reencuentro (Marvin’s Room, 1996), dirigida por Jerry Zaks. Otros filmes son: Donde hay cenizas (1982), de Alan Parker; La chica del tambor (1984), de George Roy Hill; Mrs. Soffel (1984), de la australiana Gillian Armstrong; Crímenes del corazón (1986), de Bruce Beresford, ¿Quién llamó a la cigüeña? (1987), de Charles Shyer… En 1991 protagonizó con Steve Marfin El padre de la novia, comedia de gran éxito. Cuatro años más tarde rodó la secuela. Fue una época en la que Diane Keaton se volcó en la dirección, con No nos dejes colgadas (2000), videos musicales, dos películas para la televisión, episodios de las series China Beach y Twin Peaks, sin olvidarnos de que, unos años antes, concretamente en 1987, ya había dirigido el documental Heaven, aunque continuó participando en algunos títulos conocidos como El club de las divorciadas (1996), Alguien tiene que ceder (2003), comedia que coprotagonizó con Jack Nicholson, La joya de la familia (2005) o la muy floja Porque yo lo digo! (2007). Fue por esa época, en el 2003, cuando se atrevió a producir Elefante, de Gus Van Sant, una cinta difícil sobre la masacre en la escuela Columbine.

Tuvo una gran reputación como actriz de comedia. Se convirtió en oponente a la cirugía plástica y en bloguera para el Huffington Post. Además fue Ganadora del Golden Globe. Lo cierto es que estamos ante una de las actrices más emblemáticas de Hollywood, con una carrera que ha abarcado cinco décadas, ha protagonizado algunas de las películas más icónicas del cine y ha sido nominada a numerosos premios. Su huella en el cine es más que evidente, contando además con su talento, su estilo personal y su carisma, que la han convertido en una de las estrellas más queridas. Diane Keaton es conocida por su estilo personal, que suele ser informal, desenfadado… Una imagen que guardaremos para siempre en la memoria, desde su vestimenta, la femineidad que destilaba con una de sus largas camisas, los chalecos, los blazers…, que le daban un aire masculino… Y los sombreros… En cualquier personaje de Diane Keaton rara vez faltaba un sombrero y unas gafas, o uno de esos grandes cinturones. Fue una apasionada de la música, de la fotografía y tocaba la guitarra.

Construyó una carrera excepcional a lo largo de medio siglo como la eterna enamorada y desde una perspectiva femenina. Toda una obra que deja enormes y felices recuerdos, hasta en sus últimas apariciones. Era una de esas actrices de verdad, con un estilo único y extraordinario, un tipo de mujer urbana, inteligente, sofisticada, enérgica, curiosa…, y a la vez llena de dudas e inseguridades. Recorrió la pantalla siendo aquella chica abierta y sorprendida hasta llegar a ser la señora madura que lucía una melena canosa y una sonrisa a toda prueba, y que todavía se seguía preguntando por el amor. Tenía talento de sobra para no ser vista como una actriz atrapada en el personaje. Una vez dijo: ―”Me gustaría tener una vida como Katherine Hepburn. Ella hizo los cambios que hacía falta”. Su curiosidad fue tal que se extendió a otros ámbitos, llevando a cabo una tarea casi invisible en la preservación y el cuidado de las propiedades históricas en los Estados Unidos.
Diane Keaton era la actriz que conseguía que sus películas se convirtieran en icónicas y atemporales, sobre todo con aquella imagen en la que se le ve ataviada con corbata, bombín, chaleco y pantalones caqui…, o sus colaboraciones con la directora Nancy Meyers y la franquicia de El club de la lectura. Estaba claro que tenía una personalidad independiente y una influencia en la moda con su estilo propio.
