Por Diego Martínez Pisacco

La ópera prima del catalán J.A. Bayona no escatima sustos ni suspenso en su aproximación al clásico relato gótico de fantasmas. De genial nada pero bastante cumplidora…

No todo lo que reluce es oro, podría concluir uno luego de asistir a la proyección de El orfanato. La ópera prima del catalán J.A. Bayona llegaba precedida por catorce nominaciones al Premio Goya (de los cuales ganó la mitad, la gran mayoría en rubros técnicos) y un récord de espectadores desde su estreno español en octubre pasado. Lógicamente, las expectativas se potencian al producirse la simultánea aprobación de público, crítica e industria que la elevaron, sin merecerlo del todo, a un insospechado pedestal artístico. Para no decepcionar por completo a quienes la esperaban ansiosamente, cabría aclarar que si bien la película no es la joya inmaculada que se presuponía tampoco parece hecha de pirita (el denominado oro de los tontos). Ni tanto, ni tan poco: algo intermedio sería lo más justo para determinar su validez.


Influida por el clásico relato gótico de fantasmas (revisionado en los últimos años por los nipones, que se han abusado de la temática con el J-Horror), la historia que plantea el guionista Sergio G. Sánchez no disimula ciertos puntos en común con dos antecedentes del mismo origen (ibérico). El espinazo del diablo (2001) es uno de ellos y Los otros (2001), el restante. Inclusive Guillermo Del Toro, quien dirigiera El espinazo…, es el productor ejecutivo del filme de Bayona, que a manera de guiño cómplice reitera el comienzo de la famosa frase recitada por Federico Luppi en aquélla: ?¿Qué es un fantasma…??. En las tres obras hay niños de por medio, casonas lúgubres con presencias sobrenaturales y un final a lo Sexto sentido ?a decir verdad mucho más evidente en Los otros que en El espinazo…– donde se resignifican una serie de elementos narrativos cuya utilidad resulta ininteligible sin su correspondiente contexto.

El orfanato se aferra con uñas y dientes a una fórmula incapaz de aportar ideas nuevas al tópico referido, pero que se sostiene por su puesta en escena asfixiante calibrada al milímetro para infundir miedo con recursos viejos e inoxidables. Sombras amenazantes, puertas que chirrían, ventanas que se desploman y la típica escena en la que una médium se contacta con el más allá son apenas algunos ejemplos característicos. Del argumento sólo conviene adelantar que trata sobre la desaparición de un niño de siete años (Roger Príncep) cuyos padres (la notable Belén Rueda y el muy circunspecto Fernando Cayo) recurren infructuosamente a la policía, en primer término, para luego recalar con unos supuestos parapsicólogos encabezados por Balaban (Edgar Vivar, más conocido como ñoño o el señor Barriga) y la espiritista Aurora (Geraldine Chaplin).

Como ocurre inevitablemente en este subgénero, el remate es de una simplicidad llamativa. Habrá quienes se maldigan por haber caído en la trampa una vez más y se retiren a cuarteles de invierno masticando bronca. En cambio otros, entre los cuales me incluyo, preferirán ver la mitad llena del vaso y sabrán disfrutar con los estremecedores climas que logra Bayona asistido por el compositor Fernando Velásquez y la tétrica iluminación de óscar Faura. La controversia me recuerda lo que sucede con la serie Lost: ¿vale la pena amargarse pensando que todos los enigmas planteados son casi imposibles de resolver satisfactoriamente cuando episodio a episodio la ambigüedad -y el suspenso derivado- es tan extraordinaria como adictiva? El desenlace va a llegar, está ahí, pero… ¿para qué apurarlo? Como diría alguien: relájate y goza. Lo importante es el viaje, no el destino.

El orfanato: El viaje, no el destino 1Título: El orfanato
Dirección
: J.A. Bayona
Intérpretes: Belén Rueda, Fernando Cayo, Mabel Rivera, Roger Príncep, Edgar Vivar, Geraldine Chaplin
Género: Drama, Misterio, Thriller
Clasificación: No disponible
Duración: 105 minutos
Origen: España, México
Año de realización: 2007
Distribuidora: CDI Films
Fecha de estreno: 13/03/2008

Puntaje 8 (ocho)

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