Por Juan Blanco

Una de las cosas más interesantes, y quizás determinantes, que alguna vez leí sobre Adam Sandler, es que el día que éste madurara Hollywood correría el riesgo de perder un gran cómico. Y con cada película de Adam lo confirmo, tanto en sus más nobles (Happy Gilmore, Billy Madison, Little Nicky, La mejor de mis bodas, El Aguador, Mr. Deeds) como en aquellas en las que traiciona parte de su naturaleza (A prueba de balas, Un papá genial, Embriagado de amor). El Sandler que conocemos es ese nene grande despreocupado por la adultez, y que estalla en terribles ataques de ira porque no puede con su entorno; ese tipo simple y buenazo viviendo en un mundo complejo y prejuicioso; ese que procura sus ideas fácilmente traducibles, y que siempre predica la unión familiar, el compañerismo y el amor incondicional; ese romántico torpe que hace todo por la chica que lo da vuelta –cual Buster Keaton moderno-, sin importar las consecuencias de sus bufonadas para lograr su aprobación. Es ese loco lindo que a cualquiera le gustaría tener de amigo, de pariente o simplemente de vecino. Adam Sandler es, por sobre todas las cosas, auténtico.

Y de alguna manera su cine (porque aunque jamás haya dirigido se sabe que sus películas son “made in home”, y entre amigos) es su reflejo. El humor absurdo e inofensivamente arbitrario de sus trabajos, lo hacen no sólo acreedor de una suerte de vertiente humorística propia dentro de la cinematografía americana, sino también uno de los artistas cómicos más entendidos en lo que al género respecta, sobre todo en una época en que la comedia pareciera tener que morir, por necesidad, en la parodia o la sátira como las últimas cartas a poner en juego. Adam Sandler, así como también Mike Myers y en algún otro espectro muy alejado los hermanos Farrelly, demuestran que la comedia aún existe autónoma e infinitamente innovadora. Son la prueba viva de ello.


Ahora Sandler regresa, tras su paso por el drama romántico, al humor disparatado y en compañía de otro de los iracundos más inobjetables de Hollywood: Jack Nicholson. La película se llama Locos de ira (¿y de qué otra forma sino?), título que llega a reunir las dos más iconográficas características de ambos. En Locos… Adam es Dave Buznik, un muchacho trabajador, noble y muy enamorado de su chica (Marisa Tomei), que un buen día se ve involucrado en un accidente totalmente ilógico, y que termina forzándolo a someterse a una terapia de control de ira con el “maestro de la templanza”: Buddy Rydell (Jack). Y como quien dice que a veces se sale de Guatemala para entrar en Guatepeor, Dave saldrá de su pequeña “isla llena de furia” para entrar en aquel agujero negro en el que hace billones de años surgió de la tinieblas “La Ira” en persona. En concreto, Buddy está diez veces más loco que el pobre Dave, y de esa fricción, de esa misma alteración de los parámetros lógicos que rigen nuestro universo, saldrá la digna comedia para dos tipos que se merecen el uno al otro. Nicholson y Sandler se complementan con un nivel de precisión altísimo, y quizás hacen de un producto no del todo definido, algo sólido como una roca gracias a su química.

Lo cierto es que si en algo patina Locos de ira, es en la intención poco calculada de los guionistas de amalgamar los dos códigos cinematográficos de cada estrella (bastante disímiles en más de un aspecto) en un mismo mundo donde, por momentos, para ser una película de Nicholson la anécdota resulta demasiado absurda, y para ser una de Sandler, una que busca demasiada narración lógica, incluyéndola en aquella segunda lista de traiciones a su naturaleza. Pero de todos modos el acierto está en la suma de dos grandes potencias que hacen más que saludarse; igualita a esa pequeña clave para el éxito que existe desde hace años por el barrio de Adam, según la cual… “está todo en las caderas”. Y vaya si estos tipos saben cómo moverlas.

Título: Locos de ira.
Título Original: Anger Management.
Dirección: Peter Segal.
Intérpretes: Jack Nicholson, Adam Sandler, Marisa Tomei, Woody Harrelson, Heather Graham, Luis Guzmán, John C. Reilly, John Turturro, Harry Dean Stanton, Lynne Thigpen, January Jones y Krista Allen.
Género: Comedia.
Clasificación: Apta mayores de 13 años.
Duración: 106 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2003.
Distribuidora: Columbia/Sony.
Fecha de Estreno: 08/05/2003.

Puntaje: 7 (siete)

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