Un “whodunit” intenso con un motel aislado en una noche de tormenta, varios sospechosos de los que desconfiar y una cantidad de cadáveres amontonados en la oscuridad. Tan deudor de Psicosis como de Agatha Christie, este relato hará las delicias de los fanáticos del suspenso psicológico…

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Cuando nadie daba dos pesos por el resurgimiento del cine de terror, Wes Craven despertó de un letargo profundo para despacharse con la sorprendente Scream y sus previsibles secuelas. Si hacemos un poco de memoria la trama de esa trilogía remite a la literatura policial clásica, en la que se especula sobre la misteriosa identidad del asesino descubierta de forma inapelable en los últimos fotogramas. Puede ser más o menos convincente la larga explicación que el loco de turno o el héroe de cartón pintado nos reserva en ese tramo de revelaciones pirotécnicas. Es el momento culminante en el que los personajes exponen los motivos que los impulsan al asesinato, o bien la conclusión racional que el protagonista le encuentra a la conducta del antagonista ya derrotado o próximo a estarlo (no olvidemos que este género es terreno fecundo para los finales dobles o triples).


Identidad: Muerto al llegar 3Los consumidores habituales de estos productos se asombraron con el escamoteo de información que distinguió a la serie Scream, porque sus mayores ídolos de la cultura pop son matarifes exhibicionistas como Michael Myers, Jason Voorhees o Freddy Krueger, entre otros engendros que nos ha legado la pantalla grande. La astucia en ese caso específico fue combinar algunos elementos del policial de intriga inglés con el encadenamiento de las muertes violentas más explícitas que la censura norteamericana pueda soportar sin apelar a la temida categoría de film NC-17 (los menores de edad no ingresan a la sala ni siquiera acompañados por un adulto). Un fenómeno equivalente pero más focalizado en el thriller es factible que suceda con Identidad, tramposo estreno producido por Cathy Konrad -quien, ¡oh, casualidad!, fue también productora de Scream– y dirigido por James Mangold, que seguramente dividirá las aguas entre el público que lo amará u odiará según se sienta o no estafado cuando el insólito punto de giro del tercer acto le obligue a resignificar todo lo que vio previamente.

El planteo de Identidad es ortodoxo en extremo. Inmovilizados por una tormenta infernal Identidad: Muerto al llegar 4diez viajeros se refugian en un aislado hotel de Nevada. Ellos son: el chofer de limusinas Ed (John Cusack, maravilloso como de costumbre), su egocéntrica clienta -y actriz en decadencia- Caroline Suzanne (otro tanto podría decirse de la reaparecida Rebecca De Mornay, a veinte años de su memorable debut en Negocios riesgosos), la bonita prostituta Paris (Amanda Peet), una parejita de recién casados medio desavenida (Clea DuVall y William Lee Scott), un policía (Ray Liotta) que transporta a un reo asesino (Jake Busey), la mujer e hijo del circunspecto George (John C. McGinley), más el tosco dueño del establecimiento, Larry (John Hawkes). A las pocas horas de su llegada alguien empieza a liquidarlos uno por uno, con la consiguiente cuota de desesperación que el hecho les inspira a los sobrevivientes que deben hallar al homicida sin ningún tipo de ayuda externa… si quieren contar el cuento. ¿Pero cómo hacerlo si el culpable es uno del grupo?. La desconfianza entra en escena para regocijo del espectador, que también teje sus propias y a veces temerarias teorías al respecto. Nada más inútil como se verá en el último tercio de película.

Identidad: Muerto al llegar 2En apariencia Identidad se vale del “whodunit”, una fórmula literaria esbozada por Edgar Allan Poe en El crimen de la rue Morgue (1841) y refinada por autores como Emile Gaboriau, Wilkie Collins, Sir Arthur Conan Doyle y la imaginativa Agatha Christie. El aporte de esta morbosa señora resulta insoslayable en célebres novelas como Eran diez indiecitos (plagiada con ciertas licencias en la reciente No debes estar aquí), donde un crimen abre un amplio abanico de sospechosos que siempre ocultan algún secreto inconfesable bajo la manga. La rebuscada solución del enigma nunca traicionaba la lógica pero venía de la mano de un ingenio deslumbrante. El thriller del realizador de Inocencia interrumpida respeta hasta cierto punto esas convenciones para luego patear el tablero y cambiar las reglas del juego. Ese detalle será ponderado por los que piensan que el género está acabado pero, como contrapartida, le dará vía libre al escarnio por parte de los puristas incapaces de digerir semejante transgresión.

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Con estos ingredientes más que atendibles James Mangold obtiene una obra apenas correcta, sustentada en la eficiente labor del elenco, un tratamiento visual esmerado y demasiados guiños obvios a Psicosis. El argumento es interesante pero no puedo recordar ni una sola escena de tensión realmente redonda. Si el director hubiese sido otro, el ya mencionado Wes Craven por ejemplo, quizás esta crítica estaría hablando de un film magistral. Hipótesis al margen, aún malograda, Identidad merece verse.

Identidad: Muerto al llegar 1Título: Identidad
Título original: Identity
Director: James Mangold
Intérpretes: John Cusack, Ray Liotta, Amanda Peet, John Hawkes, Alfred Molina, Clea DuVall, John C. McGinley, William Lee Scott, Jake Busey, Pruitt Taylor Vince y Rebecca DeMornay
Calificación: Apta mayores de 13 años
Género: Thriller, Terror
Duración: 90 minutos
Origen: Estados Unidos
Año de realización: 2003
Distribuidora: Columbia
Fecha de estreno: 04/09/2003

Puntaje 7 (siete)

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