Por Juan Blanco

Para muchos las comedias de Adam Sandler no son cine, en el sentido de que sus arbitrarios códigos humorísticos no responden a ningún estándar cinematográfico. También se suele considerar que esa particularidad que lo hace en ocasiones inentendible lo convierte en un divertimento elite, sólo para fans de Sandler y nostálgicos de Saturday Night Live. Bueno, ambas conjeturas son falsas. Lo arbitrario de su humor en realidad responde a un estilo, por qué no a una autoría. Y la supuesta característica “discriminatoria”, en fin, no es más que una superstición de quienes no alcanzan a hallar la conexión adecuada con su sentido del humor.

No obstante, Como si fuera la primera vez propone algo diferente; algo realmente popular. En esta última humorada del amigo Adam, los chistes de fábrica Sandler, los cameos amistosos, el ambiente familiero y la esperanza de encontrar el amor continúan como si el tiempo no pasara para este nene grande y soñador. Pero por vez primera en su filmografía se encuentran signos de madurez, tanto humorística como dramática.


En Como si fuera la primera vez (de nombre original 50 primeras citas) todo empieza cuando Henry (Sandler) se enamora de Lucy (Drew Barrymore), una chica que debido a un accidente de auto padece de amnesia crónica, sin poder recordar más de 24 horas corridas. Cada vez que Lucy se va a dormir, su cerebro elimina el “ayer”, y siempre despierta pensando que es aquel fatídico día del accidente, el del cumpleaños de su padre, el cual para ella todavía no sucedió. En este día, el padre y el hermano de Lucy montan todo un espectáculo tan gracioso como triste para que la chica no se entere de que ya pasó un año entero desde el siniestro, y de que vive estancada en un solo día; ese en el que sopla las velitas con su viejo, mira Sexto Sentido en familia sorprendiéndose cada vez que Bruce Willis resulta ser un fantasma, y en el que pinta la pared del garage, la que volverá a estar blanca a la mañana siguiente (cortesía de su viejo y hermano) para que la chica pueda volver a hacerlo, una y otra vez….

Una mañana, esa misma desde hace un año para Lucy, Henry se acerca a la mesa del café en la que ella lleva consumidos ya cerca de 365 desayunos idénticos. Ellos charlan, se miran, se enamoran, pero sólo para Henry el sentimiento durará más de 24 horas. La trama se complica, ya que ahora este pobre Romeo, una vez conciente del problema de su enamorada, tendrá que poner en marcha un plan para enamorarla todos los días como si fuera la primera vez, sabiendo que al alba siguiente ella no se acordará de él.

Lo que diferencia a Como si fuera la primera vez del resto de los films de Sandler es que los personajes importan, conmueven, y no son simples elementos plásticos de puesta en escena para justificar chistes fáciles. Lo que en un principio comienza como un ineludible disparador de gags tontos en alusión a la condición clínica de Lucy, de apoco se va convirtiendo en una historia de amor con los pies en la tierra, digna de la más cálida atención.

Adam Sandler, a diferencia de los Hnos. Farrelly o de los Zucker, no dirige ni suele escribir sus trabajos, pero de alguna manera el crédito de sus películas es suyo. La marca registrada de Adam está en esta comedia romántica para que el fanático pueda sentirse en casa; sólo que esta vez la puerta está abierta para todo aquel que busque aquellas convenciones cinematográficas normalmente ausentes en sus películas. Si Como si fuera la primera vez no les sirve para congraciarse con Sandler, entonces no hay vuelta… pertenecen a otra familia.

Título: Como si fuera la primera vez.
Título Original: 50 First Dates.
Dirección: Peter Segal.
Intérpretes: Adam Sandler, Drew Barrymore, Rob Schneider, Sean Astin, Dan Aykroyd, Amy Hill, Lusia Strus.
Género: Comedia, Romance.
Clasificación: Apta para mayores de 13 años.
Duración: 99 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2004.
Distribuidora: Columbia/Sony.
Fecha de Estreno: 29/04/2004.

Puntaje: 8 (ocho)

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