Por Pablo Arahuete

En su tercer opus recientemente estrenado en el último BAFICI, el director chileno Ché Sandoval carga sobre las espaldas de la argentina Antonella Costa la historia de Dry Martina, comedia negra y que hace de la road movie como estructura implícita en la trama la excusa perfecta para el desarrollo de los conflictos de una mujer de cuarenta, que en un momento metió un hit musical para ganar popularidad y ahora necesita recuperar la fluidez de la libertad y volver a sentir el amor y el sexo en su nueva búsqueda personal. De eso y mucho más hablamos con el realizador de Soy mejor que voh a horas del estreno comercial de Dry Martina.

Mis películas no están estrechamente ligadas al pasado, son muy actuales, lo político va por lo subterráneo no está en un primer plano.

Pablo Ernesto Arahuete: – Si bien en tus tres películas existen tópicos que se repiten o forman parte de tu universo cinematográfico, sin ser pretenciosos ¿hay una “chilenidad” implícita en tu cine y en ese caso cuál sería?


Ché Sandoval: – La chilenidad implícita creo que tiene que ver con que soy chileno pero también se refleja en los diálogos. Tal vez también existe un revisionismo de la idea de masculinidad chilena ya presente en mis anteriores películas desde sus protagonistas y en este caso de una mujer argentina con carácter que se enfrenta a los hombres. Creo que a Chile siempre se lo pensó como un país ordenado, un buen alumno del neoliberalismo, aunque pienso sin embargo que hay una impronta ligada a la poesía errante, a la del borracho en la cantina, como que erra mucho con juegos de palabras, habla mucho y no dice nada. Todo está sujeto al diálogo y mi cine tiene mucho de eso.

P.E.A.: – Tengo entendido que perteneces a la generación del 80, es decir, la heredera de los resabios de la dictadura militar en Chile, y parte del derrotero de tus personajes se ven envueltos en encrucijadas donde se pone en juego la libertad por delante del deber ser o el deseo ¿Cómo se transparenta en tus historias, muy ligadas a lo cotidiano, el peso de aquel pasado?

Ché Sandoval: – No vinculo mucho mis películas con la dictadura. Me tocó vivirla tres años, no es algo de lo que se me haya hablado tanto, conozco la historia y tengo familiares que estuvieron del lado más perjudicado. A mi generación se le trató de hablar poco de eso para que pudiéramos vivir en libertad. De hecho mis películas suceden de noche, algo que con los toques de queda del pasado de dictadura hubiese sido imposible. Igual creo que en mis primeras dos películas hay algo del “deber ser” respecto a los personajes que son protagonistas que deben ser hombres, tanto en lo sexual como en su función de provedores, protectores, sin que nadie se los esté exigiendo salvo la sociedad. Con el deseo también, Chile es una sociedad súper católica como otras de Latinoamérica y el deseo aparece como más oculto. Mis películas no están estrechamente ligadas al pasado, son muy actuales, lo político va por lo subterráneo no está en un primer plano.

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P.E.A.: – Puntualmente Dry -que significa algo así como seco en inglés- y tal vez el juego de Dry Martina con aquel trago de James Bond Dry Martini permita una relectura del personaje interpretado por Antonella Costa en el sentido de que parece una bebida pasada de moda pero de todos modos despierta adicción ¿cómo nace el personaje y cuál es la importancia que atraviese la crisis de los 40 como le ocurre a otros de tus personajes en tus películas anteriores?

Ché Sandoval: – Dry que es seco como tú dices también es un juego de palabras porque en Chile a diferencia de Argentina alguien “seco” es alguien genial. Y sí, aunque no sé si el Dry Martini está pasado de moda, lo cierto es que Martina está un poquito pasada de moda desde la música. Me pasó al escribir algo parecido cuando hice Soy mucho mejor que voh, escribir sobre un personaje de cuarenta y con el susto de decir algo interesante respecto a esa edad. En ese momento de Soy mucho… yo tenía veinticuatro años y hablar de personajes masculinos de cuarenta me generaba temor. Mi padre a sus cuarenta ya era un adulto, tenía tres o cuatro hijos. En ese proceso me di cuenta que lo de la edad era relativo porque se había extendido esa adolescencia tardía o esos últimos años de juventud a los que uno no quiere llegar. De todas maneras no es un tema que conscientemente me llame la atención, sí tengo amigos de esa edad. No es inquietud hablar de la crisis de los cuarenta, sino que aparece en segundo plano entre muchas otras cosas en mis historias.

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P.E.A.: – En una entrevista definiste a Dry Martina como una fábula ¿si es así cuál sería la moraleja?

Ché Sandoval: – No me acuerdo haberlo dicho en ninguna entrevista (NDR Entrevista de Agencia Télam a propósito del estreno en BAFICI) que Dry Martina es una fábula. Pero las fábulas tienen final feliz y esta película lo tiene, es más esperanzadora, termina mejor de lo que empieza aunque el personaje no la pase del todo bien. Es una película que crece y su personaje también crece en su capacidad de amar. Moraleja me trae la idea de moralina que no me gusta mucho. Si hubiese que pensar en esos términos diría que la moraleja de Dry Martina sería que así como el sexo puede estar a la vuelta de la esquina, el amor también. Amor fraternal, de familia, puede aparecer en cualquier momento y de forma inesperada.

P.E.A.: – Las ventajas de dirigir guiones propios por lo menos acortan el camino a la hora de tomar decisiones sobre qué tipo de historia contar y cómo hacerlo de la mejor forma ¿en tu rol de guionista, qué etapa de la escritura te genera mayores dificultades?

Ché Sandoval: – Mis guiones mutan muchísimo con el correr de los años. Me parece que mi dirección se encuentra más en el detalle, en el tono, en las pequeñas decisiones más que en las grandes. La suma de todas las pequeñas decisiones da como resultado final mi visión del mundo, mi mirada, política, pero no de una forma muy estructurado. La etapa del guión es la que me complica. Creo que todas las etapas de una película son importantes, el guión es tan importante como los ensayos o el rodaje donde la película crece. En el montaje la película se vuelve a escribir. Para mí la parte más importante es la de los ensayos, donde se encuentra un punto justo en el rodaje, más que los ensayos diría las relecturas. Uno termina tomando más decisiones recién al final del proceso y ahí aparece mi punto de vista plasmado antes que en el guión.

P.E.A.: – Tanto Antonella Costa como su co protagonista Francisca componen personajes femeninos intensos y por momentos avasallantes ¿Cómo te manejaste para dirigirlas y cuáles fueron los mayores desafíos a la hora de generar verdad y emoción en sus escenas?

Ché Sandoval: – Quería hacer una película donde las mujeres llevaran la batuta. Nada más lejano que pensar en oportunismo en estos tiempos donde la mujer está en boga. Simplemente se crearon dos personajes femeninos muy intensos, con sus distintas características, pero más potentes que los personajes masculinos que están como a la deriva. La dirigí como siempre, converso bastante con las actrices sobre sus personajes, dejo que aporten sus ideas en las relecturas y el guión. A la hora de generar verdad y emoción en las escenas, te diría que el monólogo de martina en la cama, las escenas de canto o la del mirador, todas fueron complejas de rodar pero no recuerdo un colapso de mi cabeza a nivel de desafío tengo mucha confianza en el trabajo previo al rodaje para que los actores se sientan cómodos a la hora de filmar. Espero que la verdad y emoción sea parte de un proceso integral, no un desafío.

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P.E.A.: – Perteneces a una camada de directores chilenos jóvenes que se cultivaron de
muchas fuentes cinematográficas, inclusive la de directores chilenos consagrados en otras décadas ¿Qué legado dejaron en vos aquellos pioneros de la cinematografía de tu país y dónde se produjo, según tu opinión, el recambio en lo estético y de la identidad artística?

Ché Sandoval: – Del cine chileno me identifico con el primer Raúl Ruiz, con su etapa de películas en Chile, con Cristian Sánchez, con esta cosa del absurdo, de personajes que hablan mucho pero dicen poco. El recambio estético vino muy pegado a la salida del digital y también a la escuela de cine que es donde yo estudié. Allí había ímpetu por salir a filmar. Salieron Sábado de Matías Bize (2003), La sagrada familia de Sebastián Lelio (2005), que son como películas chicas y mi primera película también sale de una tesis, realizar un largo con un presupuesto final de 3.000 dólares. Pensábamos en películas más que en cómo llegar a financiar la película y ese creo fue el recambio estético, que luego llevó a que directores como Pablo Larraín se consagraran. Y ocurre que también creo que la estética de una película no siempre es la forma de filmarla sino que tal vez la esencia del director está por ejemplo en los personajes. Dry Martina es una película con mayor presupuesto y más allá de eso yo me siento muy identificado con ella. Otro rasgo del recambio es haber empezado a contar historias que tuviesen que ver con el propio universo de los directores y no tanto con contar La Historia que tuviese importancia para el país.

El recambio estético vino muy pegado a la salida del digital y también a la escuela de cine que es donde yo estudié. Allí había ímpetu por salir a filmar.

P.E.A.: – Imagino que tu contacto con el nuevo cine argentino data de los principios de este colectivo que fue ganando espacios en festivales y coronando determinados nombres como el de Pablo Trapero para sintetizar un cine más comercial desde el punto de vista cinematográfico ¿considerás que el cine argentino fue madurando luego de aquel renacimiento que tuvo como cuna y ventana al BAFICI, festival que ha recibido muy complacido tus películas?

Ché Sandoval: – Yo era muy joven cuando empezó a salir el nuevo cine argentino, vi las películas mucho después. Sí me dijeron que el BAFICI fue muy importante para el cine Latinoamericano y que muchos programadores lo eligieron. Además creo que las películas del nuevo cine argentino siguen siendo buenísimas aún ahora, Mundo Grúa me parece genial y la mejor de ese director sin desmerecer todas las otras que filmó.

P.E.A.: – Existen muchos debates acerca de la ayuda estatal a la industria del cine y sobre todo en países emergentes donde la sospecha del uso político del cine y la corrupción estructural llegan a todas las esferas de la cadena productiva ¿cuál es hoy por hoy la realidad del cine chileno en comparación al argentino, siempre teniendo presente el hecho de haber ganado recientemente el Oscar -por primera vez- con la película de Larraín?

Ché Sandoval: – Estamos en un momento donde se están produciendo muchas películas, diversas, con muchos directores con más de tres o cuatro películas ya estrenadas, muy establecido y con un apoyo estatal, desde las red de contención al cine, festivales y promoción pero no es una ventana abierta al cine chileno porque se concursa una vez al año. No es fácil obtener los fondos, sobre todo ir a competir por esa plata aportada por el Estado si eres director emergente. Creo que ahora están pensando abrir más los concursos, reducir el monto de los premios, con el objetivo de que se beneficien más directores que antes. Ojalá así sea para que se realicen mayor cantidad de operas primas. No han incidencia política realmente en el resultado. El Estado no incide en las decisiones autónomas del jurado. En cuanto a Argentina no tengo tanta información, sé por lo que me dicen colegas que está medio parado el INCAA. El modelo que conozco del INCAA de antes me parece genial por la cantidad y el modo de películas que se podían financiar. Espero que los cambios que se anuncian sean para bien.

Hay un apoyo estatal, desde las red de contención al cine, festivales y promoción pero no es una ventana abierta al cine chileno porque se concursa una vez al año.

 

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