Por Pablo Arahuete

La difícil tarea de construir personajes vinculados desde los afectos sin lugar a dudas fue uno de los mayores desafíos para el actor Martín Vega, protagonista junto a Leonor Manso del film de Alejandro Rath Alicia de reciente estreno. En esta entrevista, profundizamos un poco más el Backtage de una película muy personal y de fuerte contenido emocional.

Pablo Ernesto Arahuete: -¿Qué te llevó a aceptar este papel protagónico ?


Martin Vega: Con Alejandro Rath, director de la película, nos conocemos hace mucho tiempo y compartimos varios espacios de creación artística, él participando como miembro del Ojo Obrero, grupo de cine y fotografía, y yo integrando el grupo de teatro independiente Morena Cantero Jrs. Ambas organizaciones coincidían, en gran medida, en un programa político revolucionario, y fueron numerosas las colaboraciones entre ambos grupos a lo largo de los años. Como resultado de esos encuentros nos conocimos con Ale y filmamos en 2009 el corto Gestación, que él dirigió y en el que actué. Estamos hablando de una década atrás. Fue en el subte B, regresando de un ensayo en La Boca para ese corto, donde me contó que planeaba filmar algún día, en largo, un episodio pasado de la vida de aquel personaje, donde contaría la pérdida de su madre y ese acompañamiento último. Hoy la película existe.

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P.E.A: -¿Cómo te manejaste con Leonor Manso, quien encarna el rol de tu madre en el film?

Martín Vega: –Unos días previos al inició del rodaje fuimos a cenar a su casa con Ale y Juan Martín Hsu, productor de Alicia. A Leonor aún no la conocía personalmente y fue muy dulce al recibirnos. Entrar a su casa y ver aquellos muros repletos de premios y cuadritos, afiches de pelis, teatro, decenas, miles, la trayectoria enorme que traía esa mujer encima, que ahora se acercaba amable, frotándose las manos, lista para encender otro cigarrillo.

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Nos sentamos en un sillón a conversar, y buscamos una proximidad física desde donde, supongo yo, podíamos obtener alguna lectura sensible entre nosotros.

Suena el timbre, entra Patricio Contreras y nos saluda con cariño y respeto. Resulta difícil ahora evocar la sensación de compartir por primera vez la escena con figuras de tal recorrido. Comimos unas empanadas y pasamos un poco de letra, apenas, como para honrar un ratito aquello que nos reunía.

Durante el rodaje los observaba celoso, secretamente, intentando descubrir cómo es que eso que hacen lo hacen tan bien cada vez, y esa vivencia se extendió también a las muy hermosas escenas que compartí con Paloma Contreras y una vez más la experiencia de ver actuar de cerca a Iván Moschner, a quien considero el más grande artista que uno pueda llegar a conocer.

P.E.A: -¿Qué te pidió el director Alejandro Rath a la hora de plantearte al personaje que transita por una crisis muy personal y cuasi existencial?

Martín Vega: –El guión tuvo varias versiones, incluso en una de ellas la voz en off del personaje era mucho más explícita en el enunciado de esa crisis y en los devaneos meta existenciales. Pasamos muchas etapas hasta identificar cuál sería el tono adecuado. Alejandro Rath y Alberto Romero cincelaron el texto hasta su síntesis más directa y viva. Ale me había dirigido en unas cuantas oportunidades y conocía de qué manera podía resultar preciso mi abordaje, principalmente luego de un work in progress que hicimos de Alicia, un puñado de escenas que no integrarían el metraje final del largo, y ese material arrojó luz sobre hacia dónde no deberíamos ir. La crisis personal quedaría entonces en manos del montaje y del lenguaje cinematográfico, nuestra tarea ahora estaba enfocada en el vínculo madre e hijo para las escenas íntimas y en el tratamiento que tendría mi intervención en los eventos de la realidad capturados en plan documental, secuencias como la de la peregrinación a la Basílica de Luján o la de la misa oficiada por el Pastor Giménez.

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P.E.A: –¿Cuál fue tu mayor desafío en relación a la dosis de emotividad que requerían ciertas escenas dramáticas?

Martín Vega: Desafíos todos. Como estrategia planteamos no dejarnos tentar por la solemnidad y no permitir que ciertos climas se vieran forzados. Algunas cosas se ensayan, se buscan atajos, se hacen diagnósticos de las escenas y se elaboran mapas para alcanzar ciertas postas. Todo parece prolijamente diseñado hasta llegar al set, que tiene sus reglas propias, que son dictadas en el momento por vez única y primera, y resulta que no había elementos previos para hacerse una idea ni remotamente fina de cuáles serían las condiciones del caso, así que amigo, te agarrás fuerte los lienzos y te dejás atravesar por el brillo de los que te acompañan, esa fuerza que, sin esperarlo, ya estaba en el ambiente.

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