Por Pablo Arahuete

Alejandro Rath concretó su proyecto personal para encontrar en el cine la puerta de reflexión sobre aquellas situaciones límites que nos atraviesan en la vida como la muerte, la fé o las crisis que conllevan la toma de conciencia sobre la finitud de la existencia. Indagar en el universo de su película Alicia, con la actriz Leonor Manso y el actor Martín Vega, genera muchos interrogantes y por eso el pretexto de buscar la voz del autor en esta entrevista exclusiva.

Pablo Ernesto Arahuete: – Si bien tu película transita por distintos rituales de proceso de la muerte ¿Considerás que profesar alguna religión contribuye a sanar al doliente de cierta manera con la idea de que sigue en otro plano la existencia?

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 Alejandro Rath: –Parto de esa premisa pero no en términos racionales sino por una envidia, más primaria si se quiere, a los que pueden echar mano de ese recurso para aliviar un dolor tan grande. Supongo que entrar en esos relatos tiene esas ventajas, no por nada la religión sigue teniendo el peso que tiene. El cine me da la posibilidad de jugar con esas contradicciones. ¿Qué pasaría si de repente dejara mi ateísmo de lado? ¿Qué religión, qué relato me sentaría mejor? Pero no es más que eso, una exploración.
P.E.A: -¿Cuánto de tu experiencia personal se reflejó en el personaje principal y en el guion?
Alejandro Rath: –Mi vieja murió en 2006 y en el proceso de duelo empecé a escribir, como parte de una catarsis. Fue tan fuerte el golpe, que sentía una necesidad de expresar las cosas que estaban pasando por mi cabeza. También pasó que mi vieja murió en un sanatorio horrible, quería irse a su casa y lo intentamos pero no llegamos. Así que me desquité fantaseando con un escape en la película. Pero a medida que fue pasando el tiempo y las reescrituras, la película y los personajes se fueron alejando de mi historia personal.
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 P.E.A: -¿Cómo trabajaste con Leonor Manso en la construcción de su personaje y cuáles fueron sus aportes para terminar de crearlo?

 Alejandro Rath: –Leonor hizo que mi trabajo fuera muy fácil realmente. Hablamos mucho de la personalidad que debería tener Alicia y nos pusimos de acuerdo en esa fortaleza que tiene el personaje ante la adversidad que contrasta con la crisis existencial de su hijo. Creo que sumó mucho al personaje desde su gestualidad y su decir. Y entre ella y Martín Vega (Jotta) también crearon un vínculo de madre e hijo de mucha verdad. Leonor es una gran actriz y fue una experiencia inolvidable trabajar a su lado.
P.E.A: -Tengo entendido que Nanni Moretti, el director de Aprile entre otras, fue una referencia para vos ¿La habitación de mi hijo, película donde el duelo y la pérdida son el eje principal, funcionó para vos como detonante también, o pasó por otro lugar más allá del recuerdo puntual de ver sus películas con tu madre?
Alejandro Rath: –La conexión con Nanni Moretti parte de que el gusto por ese director era compartido con mi mamá. Nos encantaban sobre todo Caro diario y Aprile. Incluso ese estilo de escritura audiovisual en primera persona y su estilo de humor fueron referencias estéticas para la construcción de Alicia. Su giro posterior hacia pelis más dramáticas estuvo un poco más alejado del impacto inicial por su cine. Pero es insoslayable la conexión temática no sólo con La habitación del hijo y también con Mia madre, donde la madre de la protagonista está enferma y cercana a la muerte también. Cuando salió esta película yo ya había presentado el proyecto al INCAA, así que esa casualidad me llamó bastante la atención.
 
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P.E.A:  -Como realizador independiente ¿Dónde están los mayores obstáculos para producir y generar proyectos teniendo en cuenta el panorama actual del INCAA y su nueva gestión?
Alejandro Rath: –Cada vez hay más trabas para el acceso al fomento del cine independiente. Un sistema de puntajes crea un piso que hace muy difícil el acceso a cualquiera que esté empezando. Y para los que ya contamos con algunos antecedentes las trabas burocráticas y las nuevas reglas de financiación de los proyectos hacen casi imposible encarar una película sin tener una gran espalda de capital, y eso hace más restrictivo aún el fomento. Las películas que hoy logran filmarse se están haciendo en menos de cuatro semanas de rodaje con el perjuicio que esto trae para las obras. Y a todo ésto, que va a producir un ajuste sobre la producción, hay que sumarle el problema de la exhibición. El mercado está cada vez más concentrado y el lugar para el cine nacional se está reduciendo a su mínima expresión. Terminamos peleando entre las películas por el espacio ya saturado de las salas que dependen del INCAA. Creo que el Estado debería intervenir de alguna manera para que se cumpla la cuota de pantalla e incluso aumentar esa cuota. Deberían abrirse nuevas salas del INCAA a precios populares, y el fomento debería estar orientado al cine independiente y no al lucro de las grandes productoras que reciben cuantiosos subsidios para hacer “tanques” nacionales.

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