Por Pablo Arahuete

Distintas en estilos y narrativas; diferentes en el reflejo de los espejos genéricos en los que buscan identificarse, Dédalo y Casi feliz, dos novedosas propuestas locales para dejar alternativas a las habituales recomendaciones on demand, espectro invadido por series foráneas.

Dos series argentinas le hacen frente a la cuarentena 2Quizás la más ambiciosa encuentra todos los domingos por la pantalla de Canal 9 un espacio para captar audiencia, bajo el misterioso título Dédalo, dirigida por Roly Santos. La historia toma como contexto la geografía de Parque Chas, emblema de las calles porteñas caracterizado por la estructura laberíntica de sus calles y bocacalles. Allí, existe un vórtex y las coordenadas tiempo y espacio sufren algunas distorsiones. No obstante, a esta suerte de relato fantástico se le cruza un policial, que se mezcla también con un melodrama familiar, donde los secretos son la principal pesquisa por resolver. El protagonista de la serie de ocho episodios que duran aproximadamente media hora es un policía (Gabriel Rovito), víctima de una emboscada, orquestada por su superior con el trasfondo de la corrupción policial en un segundo plano.


Quienes hayan visto, por ejemplo, la película Sexto sentido y recuerden la relación del niño y el psicólogo encarnado por Bruce Willis, encontrarán cierta sintonía con el planteo de esta propuesta local. Sin embargo quedarse con ese detalle no le haría justicia a Dédalo, a su irregular elenco ni a su estética noir.

La otra propuesta viene de la mano de Sebastián Wainraich y el realizador  con un título sumamente sugerente, Casi feliz. Y ese “casi” lo dice todo cuando uno de los ejes centrales de esta historia tiene que ver con la nostalgia y con la búsqueda del lado de comicidad frente a las pequeñas vicisitudes de la vida. Wainraich es conductor de un Dos series argentinas le hacen frente a la cuarentena 3programa de radio, padre de dos hijos pre adolescentes -nena y nene- y separado. Entre varias de sus obligaciones como hijo se encuentra la de visitar a sus padres judíos, mientras que la otra parte de su tiempo lo divide entre el trabajo y una rutina que si bien no le produce pesadumbre extra tampoco le genera ese plus de la felicidad tan anhelada por todos, sobre todo para un sufrido hincha de Atlanta.

En cada episodio de los diez que conforman esta serie argentina, estrenada en Netflix, se condensa el humor del costumbrismo con la aguda observación de determinados hábitos, sin dejar de lado un subtexto reflexivo sobre el devenir y el paso del tiempo.

No se puede enrolar a Casi feliz en un género único sino que la amalgama de elementos y recursos aportan una alquimia particular en la que la mirada del protagonista y sus maneras de interactuar con el entorno dominan la historia, donde la introducción en cada episodio de algún personaje en la piel de actores y actrices reconocidos como por ejemplo Adrián Suar o Julieta Díaz aportan matices a un elenco sólido y acorde al proyecto general.

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