La nueva película de Stéphane Brizé se inscribe en una larga lista de dramas románticos. Tan larga que sería imposible nombrar sólo algunos de ellos. Si bien se aleja de una narrativa clásica, aborda ese inmenso universo que son los amantes trágicos: aquellos que se enamoran a destiempo y cuyo encuentro sucede “fuera de temporada”.
Mathieu es un actor exitoso y frustrado. Luego de abandonar de manera improvista un proyecto en teatro se dirige hacia un spa para relajarse. La cámara lo filma a distancia y acentúa su soledad mientras desayuna en el comedor y mira las parejas a su alrededor. Recibe el llamado de Alice, una antigua novia y profesora de piano, con quien no se ve desde hace quince años. El reencuentro remueve viejos amores y rencores, mientras ambos personajes lidian con las desilusiones de sus propias vidas.

Fuera de temporada arranca como una comedia dramática. El protagonista se presenta como un “loser”, lo contrario a como uno se imagina el glamour de un actor famoso: juega con los controles de su pieza, llora después de no poder apagar una máquina de café y se saca las selfies más patéticas en los momentos menos propicios. Sin embargo, el tono cambia cuando aparece Alice. El centro parece desplazarse hacia ella y el film se adentra en una especie de melancolía sin fin. La lejanía con la que la pareja es filmada desde un punto fijo acentúa ahora su intimidad, como si alguien sentado a unos metros de distancia los estuviera observando e intentara adivinar la historia que hay detrás.
El largometraje evoca el dolor de un pasado reminiscente, de algo que viene desde lejos. La escena en la que la pareja discute en el desayunador da cuenta de esta intención: mientras el montaje alterna grandes planos generales (tipo existencialistas) de ellos caminando por la playa, lo sucedido en el pasado se revela a través de los diálogos que corren. Es como si Alice hubiese quedado retenida en aquel momento en que estuvieron juntos y, desde entonces, en su vida sólo sonaran tristes melodías tocadas en un piano sin pianista.
La producción podría haberse ahorrado algunos minutos de duración. El dramatismo, por momentos, se vuelve pesado y extenso. Demasiada pintura romántica, demasiado diálogo con llanto y música emotiva por arriba que resulta molesto hacia el final. Debilita la fuerza de la historia (si todo es drama, nada es drama) e incluso la construcción del personaje de Mathieu, quien pasado el inicio de la película se dedica a mirar a la nada y responder de las formas más esperables a los reclamos de Alice.
Sin embargo, hay un momento que se siente como un respiro. La protagonista entrevista a una señora mayor que, luego de que su marido muere, finalmente puede elegir casarse con una mujer. La escena está filmada como una grabación de vídeo casero. Empieza chiquito en la pantalla de cine y se va agrandando a medida que ella relata su verdad. Resulta significativo que del otro lado de la cámara se encuentra Alice como espectadora, quien siempre se sintió atrapada en su propia vida. La participación de aquel personaje concluye con la escena del casamiento, muy simpática y bella, en la que dos hombres imitan sonidos de pájaros que juegan el uno con el otro.

Es un momento que encuentra un punto en común con Beginners, así se siente el amor (2010) de Mike Mills. En ella Oliver, quien lidia con la muerte de su padre y un amor sufrido, suscita una serie de imágenes de archivo en un intento por entender el mundo: entender a las personas, las circunstancias y las relaciones. “Esto es 2003, el sol luce así, la naturaleza así, mi padre se ve así…” dice su personaje. A los 75 años su papá le confiesa que es gay y que se dispone a vivir una vida feliz (como la señora que Alice entrevista). Con lágrimas en los ojos, le relata al protagonista el momento en que decidió casarse con una mujer, con la esperanza de que este fuera el remedio para su verdadero deseo.
Si bien ambas películas son muy distintas, comparten esa capacidad de trasladar sus conflictos y amores centrales a otros personajes y formatos, que vuelven más tangibles las propias historias. Dan cuenta del poderoso efecto de realidad que el relato oral y la utilización de material de archivo pueden generar, recursos que evitan la propia clausura de la historia y amplían su sentido.
Con sus aciertos y todo, Fuera de temporada termina un poco ahogada en sus imágenes del mar agitado. El film concluye como empieza, reconoce su final desde el comienzo pero sin navegar lo suficiente en el medio. Distante y fría, pero íntima al mismo tiempo, acompaña a esta pareja en su último reencuentro y su último adiós.
Título: Fuera de temporada.
Título original: Hors-saison.
Dirección: Stéphane Brizé.
Intérpretes: Guillaume Canet, Alba Rohrwacher, Sharif Andoura, Lucette Beudin, Emmy Boissard Paumelle, Hugo Dillon, Johnny Rasse y Gilberte Bellus.
Género: Drama, Romance.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 115 minutos.
Origen: Francia.
Año de realización: 2023.
Distribuidora: Mirada Distribución.
Fecha de estreno: 12/06/2025.
Puntaje: 7 (siete)
