Los filmes de Celine Song parecen seguir una misma pregunta: ¿cómo elegir entre un hombre y el otro, el país donde vivir o la vida que llevar? La directora convoca en sus jóvenes protagonistas un conflicto muy de los tiempos contemporáneos. En un mundo en el que todo parece estar comunicado y al alcance de la mano, pero aún así prevalece la sensación de soledad y falta de conexión, Nora y Lucy se enfrentan al siguiente dilema: cuando las posibilidades parecen ser múltiples y las distancias se acortan ¿cómo saber cuál es el camino a seguir?

Amores materialistas se propone abordar las complejas dinámicas de las relaciones amorosas en la actualidad, donde parecería ser que el aspecto humano se ha dejado de lado. Lucy (Dakota Johnson) trabaja como casamentera en la ciudad de Nueva York. Su mirada sobre los vínculos es equivalente a la de quien trabaja en negocios: las personas para ella son como mercancías que valen según una serie de categorías preestablecidas, entre las cuales la solvencia económica ocupa un lugar privilegiado. Envuelta en un triángulo amoroso en el que tiene la posibilidad de elegir entre un hombre rico y exitoso (Pedro Pascal) y su ex (Chris Evans), un pobre actor frustrado, Lucy se ve llevada a replantearse sus ideas sobre el amor y la vida que quiere llevar adelante.
La película sufre de un mal muy común en el cine de hoy: la suposición de que por poner una cámara en frente de los actores y simplemente alternar planos de sus rostros mirándose fijamente, por arte de magia se transmite el enamoramiento de los personajes. Como si aquello que se quiere expresar se dejara totalmente librado al azar. Es bastante insoportable esa solemnidad constante que quiere parecer natural, espontánea, pero que termina siendo forzada y perezosa: las largas pausas y silencios sin sentido, los diálogos repetitivos que suenan lindos pero de tan vagos que son terminan por no decir nada, o el intento de suscitar cierta atmósfera reflexiva a partir de escenarios impostados.
En Vidas Pasadas, la anterior producción de la directora, sucedía algo similar. Los protagonistas de un amor de la infancia, que nunca se olvidaron del otro, se encuentran años después en una plaza en Nueva York: caminan por la ciudad, ven el atardecer, se dicen todo con el “poder de la mirada”. Es el escenario típico de películas al estilo de Before Sunrise que, en su intento de construir una cierta intimidad entre los personajes, se lanzan al total cliché, a los diálogos “filosóficos”, la quietud de la cámara y al vagabundeo de los personajes por el espacio. Pero si el largometraje de Linklater asume plenamente esa ridiculez, el de Celine Song intenta escaparle, parecer otra cosa. Busca superar ese estilo con su tiempo y su música lentos, sus actuaciones sobrias con menos diálogos y sus mundos pequeños, situando a los personajes en lugares concretos, que le darían un aire más real y serio a la historia. Preocupada por esa suerte de perspectiva, termina por aferrarse a una estructura de lo más convencional, que despliega personajes vacíos y superficiales. Así, la parte con más frescura termina siendo la escena que Nora comparte con su esposo, Arthur, la figura con menos tiempo en pantalla. En una conversación en la cama y a oscuras, se da un acercamiento a la pareja que mantiene un equilibrio entre cierta cercanía y distancia, que no cede ante la pura melosidad y permite acceder con sencillez a una singularidad de la historia.

El tema de Amores materialistas es de gran actualidad pero está trabajado de manera burda en un film que más o menos deletrea las cosas al espectador. El personaje de Lucy es particularmente molesto, no por su cinismo, sino porque se la pasa haciendo conferencias sobre sus creencias y expertise en su área de trabajo. Las dos horas que transcurren podrían dividirse entre momentos en que los personajes vociferan de manera subrayada ideas o conceptos generales y otros (aquellos aburridos planos en los que se supone que debería estar pasando algo), en los que uno está esperando a que alguien abra la boca para hablar. De esta forma, no hay ningún tipo de sorpresa. En un inicio, se intenta hacer una representación del romance en la contemporaneidad para que luego, rápidamente, la protagonista llegue a la conclusión que todo el público ya sabía: que el amor siempre gana y que debe elegir al hombre de quien está enamorada, y no al que tiene más plata.
La cuestión no está en si Amores materialistas es una comedia romántica o no, si cumple con una lista de características que la convertirían en el romance del año. Sino más bien, en que explora aquello que le interesa sólo en apariencia, como la clase de amor que las personas buscan desesperadas en la película. Para ser una producción que retrata las relaciones bajo una lógica comercial, estructurada en categorías, ella misma olvida salirse de esta y así, quizás, darle una chance real a la pregunta sobre ¿cómo elegir?
Título: Amores materialistas.
Título original: Materialists.
Dirección: Celine Song.
Intérpretes: Dakota Johnson, Chris Evans, Pedro Pascal, Zoë Winters, Martin Ireland, Dasha Nekrasova, Emmy Wheeler, Louisa Jacobson, Eddie Cahill y John Magaro.
Género: Comedia, Romance.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 116 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: UIP – Sony.
Fecha de estreno: 31/07/2025.
Puntaje: 5 (cinco)
