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lunes, 4 mayo 2026
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Rosario: Herencia maldita: ¿Y el miedo dónde está?

La fascinación del público a lo largo y ancho del planeta por el cine de terror es indiscutible. La Argentina no es ninguna excepción a la regla, tal es así que se trata de unos de los géneros más taquilleros pese a los escasos títulos de calidad que suelen llegar a la cartelera semana tras semana. Rosario: Herencia maldita, ópera prima del colombiano-estadounidense Felipe Vargas, es apenas uno más en la lista destinado a ese espectador hardcore que no deja pasar una en su espíritu completista. La temática aborda cuestiones relacionadas con la religión afroamericana Palo Mayombe, su puesta en práctica con fines cuestionables por la abuela de una familia mexicana que ha emigrado a EE.UU. en busca de mejores horizontes, y cómo tras la muerte de la anciana parece recaer una maldición sobre su nieta Rosario (Emeraude Toubia), una bróker de Wall Street bastante poco creíble. Vargas ha querido volcar en este debut parte de su acervo cultural latinoamericano con resultados que no están a la altura de lo esperado por la nula inspiración del guionista Alan Trezza -aunque no descarto que haya una IA involucrada en el proceso de escritura- cuyas habilidades para generar situaciones de tensión son casi inexistentes. Entre los escasos antecedentes de este autor hay que mencionar Burying the Ex (2014), último largometraje que pudo rodar el gran Joe Dante hasta la fecha. En Rosario: Herencia maldita las ideas aplicadas no dejan de ser refritos de otros refritos. No se observa un aporte interesante al pelotón de filmes con similares premisas. Es cierto que esta rama de las religiones tradicionales africanas no había sido abordada antes, o al menos no que yo recuerde, pero no se intenta profundizar sobre el Palo Mayombe. Trezza se limita a tirar un par de conceptos sobre el tablero y usarlos a piacere hasta convertirlos en clichés, tan aburridos como ineficaces dentro de su mismo planteo.

Cómo quedó dicho, el argumento recae en la joven ejecutiva Rosario que al ser notificada del fallecimiento de su abuela Griselda (Constanza Gutierrez) debe dirigirse al decadente edificio donde residía para quedarse junto al cuerpo mientras espera la llegada de una ambulancia para disponer del cadáver. La complicación/excusa es que por una tormenta de nieve los paramédicos demoran en hacer su aparición. En un departamento tan sórdido como pudieron concebir los responsables del equipo de arte -el mayor logro de esta película, no cabe ninguna duda-, Rosario comienza a percibir presencias maléficas en el lugar y más temprano que tarde se horroriza al darse cuenta de que ha sido blanco de una supuesta maldición. En este punto el director Vargas saca a relucir toda su imaginería visual para que la misma incertidumbre que carcome a Rosario se transmita al espectador: ¿se trata de una alucinación o es real todo lo que está pasando? Si bien hay esmero en la generación de imágenes debo señalar que la iluminación llega a niveles críticos en varios pasajes. Hay momentos puntuales en que no se puede apreciar con claridad lo que acontece en el cuadro echando por la borda el minucioso desempeño de la gente de arte. Otro punto que me molestó es la inverosímil disposición de espacios en un departamento cochambroso diminuto, lo que podría afrontar una persona sin recursos como Griselda, que de acuerdo con las necesidades del guion y de su director de pronto tiene metros y metros para recorrer e incluso cuenta con una puerta falsa que oculta un decorado que es imposible que esté allí realmente. ¿Licencias dramáticas? Seguro… ¿las creemos? Ni por un segundo.

No es mala la actuación de la canadiense Emeraude Toubia en el absorbente y de a ratos exigente rol protagónico pero su personaje no está bien construido. Asimismo, es muy limitado cómo han escrito el papel del padre interpretado por José Zuñiga (cuyo perenne gesto perverso es un clásico dentro de los secundarios latinos de Hollywood) y las vueltas de tuerca relacionadas con su madre (Diana Lein) y abuela no podrían sorprender ni al más inexperto de los seguidores del género. La caracterización del demonio Kobayende está razonablemente bien hecha en sus esporádicas manifestaciones y dentro del elenco nos encontramos con dos rostros familiares: Paul Ben-Victor, otro experto en villanos como Zuñiga, y el muy en boga David Dastmalchian, actor fetiche de James Gunn y fanático del terror como se ha podido apreciar en los documentales de David A. Weiner In Search of Darkness Part III: The Final Journey Into ’80s Horror y In Search of Darkness 1990-1994: A Journey Into Iconic ’90s Horror. Dastmalchian, de recordado protagónico en De noche con el diablo (2023), no tiene mucho para hacer en la película pero su presencia ambigua no pasa desapercibida y contar con él siempre es un plus.

El humor involuntario no es bienvenido en una obra de estas características. Hay una escena en la que Rosario al descubrir que su abuela la ha involucrado con Kobayende entra en pánico y busca desesperada en Google con el parámetro Hechicería; descontenta con lo que le arroja vuelve a escribir en su celular y tipea las palabras: caldero, tierra, palos, calaveras. De inmediato, silencio dramático y se lee Palo Mayombe. Así de burdo es el guion y me imagino que de igual forma habrá llevado a cabo Trezza su precaria investigación para escribir este producto sin alma, ridículo e indefendible.

Título: Rosario: Herencia maldita.
Título original: Rosario.
Dirección: Felipe Vargas.
Intérpretes: Emeraude Toubia, David Dastmalchian, Paul Ben-Victor, José Zúñiga, Diana Lein, Emilia Fauche, Luna Baxter y Constanza Gutierrez.
Género: Terror.
Calificación: AM 13 años con reserva.
Duración: 88 minutos.
Origen: Colombia/ EE.UU.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Imagem Films.
Fecha de estreno: 28/08/2025.

Puntaje: 2 (dos)

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