Por Juan Blanco

Si tengo que seleccionar tres enfrentamientos emocionantes en el cine de los últimos diez años, tres choques de miradas que dejen sin aliento, empezaría por el de Clint Eastwood y Gene Hackman en Los imperdonables; en segundo lugar, por el que se da entre Bruce Willis y Samuel L. Jackson en El protegido; y sin duda alguna continuaría por el duelo de titanes bajo la lluvia que regala Camino a la Perdición entre Tom Hanks y Paul Newman.

La segunda película de Sam Mendes (Belleza Americana) es otra de gánsters, otra de vendettas, otra de personajes malditos que deben aceptar su suerte con la mayor de las templanzas posibles. Pero si Camino a la Perdición tiene algo que la despega de lo convencional es la adultez y mesura con que se desarrolla desde el comienzo, hasta alcanzar con una atmósfera impecable a trasformarse en épica.


Basada en la novela gráfica de Max Allan Collins, y ambientada en la América de la Gran Depresión, cuenta la historia de Mike Sullivan (Tom Hanks), un matón que trabaja para una especie de padrino llamado John Rooney (interpretado con soberbia por el veterano Paul Newman). Este último quiere a Mike casi como a un hijo (cosa que despierta celos en su hijo verdadero, Connor); es el responsable de la prosperidad de la familia Sullivan, y hace que Mike le esté en eterna deuda por ello; después de todo sus hijos llaman a John abuelo con sumo cariño. Pero las cosas cambian cuando Michael (el hijo mayor de Mike) presencia por error un asesinato cometido por Connor en uno de los trabajos de su padre, y esto le termina costando a Mike la muerte de su esposa (Jennifer Jason Leigh) e hijo menor a manos de su rencoroso medio hermano. De ahí en más, Mike se verá forzado a escapar con Michael Jr. para velar por la seguridad del pequeño, y para poder él mantenerse vivo lo suficiente como para vengar a su familia, como es debido.

Tom Hanks demuestra ser un actor monstruoso, capaz de pasar del humor más absurdo que predicaba en sus comienzos, hasta la parquedad desalmada con que encarna a Mike en esta historia que siempre procura mantenerse al tono de su protagonista. Sullivan es una suerte de Intocable de De Palma mezclado con un Imperdonable de Eastwood: es justo y profesional, no tiene piedad alguna, y su presencia implica algo malo, oscuro; hasta su propio hijo le tiene un respeto cuasi-miedoso. Y Hanks se come al personaje; nosotros estamos de su parte, pero aun así tememos por el destino de sus contrincantes.

Y el viaje que emprende con su hijo invita a vivir el crecimiento personal de un asesino que de a poco se empieza a convertir en padre. Todos los personajes elaboran algún tipo de duelo por una pérdida: Mike por la pérdida de parte de su familia (incluyendo a ese padre postizo), Michael Jr por la pérdida de su niñez, y Rooney por la pérdida de ese hijo que le hubiese encantado tener en lugar de Connor. Y es con todos estos demonios a vencer que este camino a la perdición odioso se vuelca a la reflexión sobre los valores y prioridades vitales del hombre: la protección de la familia sin excusas, ante todo, y por sobre todo.

Camino a la Perdición no se vende a base de sentimentalismos, pero está llena de sentimiento. Cada secuencia que recuerdo me pone la piel de gallina; cada palabra no dicha invita a una comprensión a través de las miradas, de gestos medidos entre un padre y un hijo que evitan la exposición directa de sus emociones, pero que se quieren, y que con dos o tres gruñidos llegan a entenderse y a perdonarse. Es más, creo que en la película se habla lo justo y necesario; cada frase encierra una ambigüedad que habrá de cristalizar con pequeñas actitudes, y lo no dicho pasará a ser lo más importante.

Mendes se muestra lejos de la ambición polémica que perpetraba en Belleza Americana, y quizás eso es lo que hace a este film tan preciso, cautivante. Es una de esas películas para ver en silencio, para disfrutarla pausada y bella como se propone (a nivel estético es extraordinaria). No sé, creo que ya hablé demasiado y aún así temo no llegar a describirla lo suficiente. Sólo sé que me acabo de convencer de que después de Los Imperdonables, Los siete samurai y Camino a la Perdición, la lluvia mezclada con venganza es una de las cosas más románticas que me supo brindar el cine.

Título: Camino a la Perdición.
Título Original: Road to Perdition.
Dirección: Sam Mendes.
Intérpretes: Tom Hanks, Paul Newman, Jude Law, Tyler Hoechlin, Daniel Craig, Jennifer Jason Leigh, Stanley Tucci, Dylan Baker, Liam Aiken y Ciarán Hinds.
Género: Crimen, Drama, Thriller, Basada en novela gráfica.
Clasificación: Apta mayores de 13 años, con reservas.
Duración: 117 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2002.
Distribuidora: Fox.
Fecha de Estreno: 29/08/2002.

Puntaje: 9 (nueve)

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