Por Juan Blanco

Este documental de excepción es la última y más fiel radiografía yanqui, cortesía de un americano imposible (aunque físicamente prototípico), que se anima a tomar distancia de su hábitat natural para forjar su discurso de objetividad, pero que al tiempo se adentra como nadie en un terreno demasiado peligroso para tal osadía. Con ustedes, Mr. Michael Moore

A Michael Moore nunca antes lo estrenaron en salas porque evidentemente no veían el negocio en tal despropósito. Ahora, y gracias a una serie de acontecimientos que ya ni vale la pena nombrar (uno data del 2001 y el otro de apenas un poco más de una semana), tenemos la oportunidad de visitarlo en su debida magnitud panorámica con Bowling for Columbine (2002), su tercer entrega en largo documental, y la primera realmente “concebida para cine” (si es que el término existe). Aunque resulta un tanto paradójico que a Michael Moore se lo pretenda “vender” como si fuese un producto de vidriera y se lo obligue a formar parte de ese circuito de consumo que él tanto cuestiona, causa cierto regodeo atestiguar (incluso a él debe pasarle lo mismo) la distribución que su accionar polémico le confiere en los arduos tiempos que corren por el Norte; el tipo mete el dedo en cuanta llaga merezca su buena cuota de dolor, especialmente desde que Nueva York “cambió su panorámica”, y desde allí en retrospectiva hasta llegar a exponer los verdaderos cimientos de una sociedad reprimida, asustada, violenta, ignorante, racista, frustrada e hipócrita como, según concluye, lo es casi por tradición la norteamericana.


El resultado es Bowling for Columbine. La última y más fiel radiografía yanqui, cortesía de un americano imposible (aunque físicamente prototípico), que se anima a tomar distancia de su hábitat natural para forjar su discurso de objetividad, pero que al tiempo se adentra como nadie en un terreno demasiado peligroso para tal osadía. Aunque él encuentra cierto refugio en la cámara y en el sentido común de una sociedad que no es tan tonta como parece; “lo que pasa es que está un poco dormida”, pareciera querer decirnos a toda costa Moore. El es americano, y uno de sus tantos méritos es no negarlo a pesar de lo que tiene para decir de muchos de ellos, especialmente de los más poderosos e influyentes. Se proclama anti-Bush y no tiene drama en decirlo: para quienes hayan visto la entrega de los Oscar, el discurso teledirigido -cual misil de Bush hacia Irak- que le dedicó al “vaquero de oficina oval” que tiene por presidente, deja más que en claro su pesar respecto del documental del cual no podría jamás sentirse orgulloso. Sí, por sobre su inteligencia y su conciencia, Michael Moore se manifiesta humilde, y eso es crucial para interpretar como corresponde a su trabajo.

Bowling for Columbine (juego de palabras metafórico entre algunos hechos circunstanciales relacionados con la masacre de la secundaria de Columbine en 1999) realiza un áspero estudio sobre la violencia en los EEUU, sobre el (des)control de armas, y sobre las posibles causas y consecuencias detrás de las estadísticas que convierten a los americanos en los acreedores del más alto índice de asesinatos con armas de fuego, entre otras lamentables realidades, todas en directa relación con la criminología y en lateral conexión con la economía (a Michael le encantan los entuertos corporativos, ver sino Roger y Yo o La Gran Pregunta) y la política norteamericana. Hay casos varios, siendo la masacre de Columbine el eje perfecto para la construcción de sus argumentos, pero todos apuntan a lo mismo: los americanos crecen con miedos terribles promovidos tradicionalmente por los organismos gubernamentales (todavía perpetran el racismo por deporte) y propagados por los medios y hasta por el mismo sistema educativo, hasta crear una fobia colectiva que obliga a los ciudadanos a convertirse en una sociedad de consumo compulsiva, y en seres aterrados dispuestos a mitigar a cualquier costo sus frustraciones. Incluso hasta no descarta la posibilidad (para algunos descabellada pero para otros tan factible como terrorífica) de que el 11 de Septiembre se haya creado a manos de los propios americanos para activar algunos sectores “dormidos” del mercado armamentista. Por más ridículos que parezcan algunos de sus supuestos, Moore no descarta nada para comprobarlos, ni siquiera pequeñas charlas con Matt Stone, uno de los creadores de South Park (el dibujito que le resultó una suerte de terapia redituable), o con Marilyn Manson, uno de los “culpables tácitos” de la masacre de Columbine, entre tantas otras malas influencias “mundiales”.

Moore parece indignado, y lo está. “¿Por qué somos así?”, se pregunta plano a plano. “Los canadienses tienen más desocupación que nosotros, son igual o más fanáticos en cuestiones armamentísticas, y sin embargo el crimen no tiene el mismo color en Canadá que en los Estados Unidos. ¿Entonces qué?”. El trata de buscar explicaciones sin llegar a ningún lado con facilidad, pero no se rinde. A cada desafío le apuesta al doble, y llegan momentos en que pareciera no conformarse con la información que le llueve; él quiere marcar una diferencia al respecto. Más que un periodista de investigación y un documentalista, Michael Moore parece un abogado defensor pro bono al servicio del necesitado y un fiscal implacable cuando algún criminal lo amerita. Su accidental acreditación que lo hace miembro de la National Rifle Association (NRA) le abrió las costosas puertas de Charlton Heston, líder de tal organización fascista que riega discursos pro armamentistas y que hace a los americanos ?amparados en la Primera Enmienda- dueños del derecho a portar cuantas armas quiera, para ejecutar la entrevista más bochornosa del nuevo siglo. Apuesto a que después del encuentro, Charlton “Ben-Hur” Heston debe haber deseado -humillación mediante- volver a la compañía de los simios en algún planeta alternativo y lejano. Pero se tuvo que conformar con abandonar a su entrevistador a media charla, en un andar chueco y con la cabeza baja, otorgándole la preciosa razón del que calla. Así Michael Moore cierra un documental polémico como pocos se vieron en la historia del cine; comercial pero en buena ley. Lo del Oscar? tan sólo una bonificación menor para un “éxito” consagrado por lamentables experiencias de vida? y mucha historia negra.

Bowling for Columbine: El americano imposible 1Título: Bowling for Columbine
Dirección: Michael Moore
Protagonistas: Michael Moore
Calificación: Apta para mayores de 13 años
Género: Documental
Duración: 120 minutos
Origen: Estados Unidos, Alemania, Canadá
Año de realización: 2002
Distribuidora: Distribution Company
Fecha de estreno: 27/03/2003
Puntaje 10 (diez)

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