Por Juan Blanco

Se creía que después de las tantas películas de superhéroes Marvel existentes ya no quedaban historietas o personajes de la firma dignos de adaptar al cine. Esta suposición se fundaba en la teoría de que los mejores o más importantes- héroes ya se habían adaptado y en un cierto orden jerárquico según su relevancia en el mundo del cómic-book, quedando hoy por filmar las historias de los menos interesantes o merecedores de la gran pantalla. Bueno, evidentemente no era tan así.

Iron Man – El Hombre de Hierro, en este sentido es una increíble sorpresa. Pero a no adelantarse a los hechos. Se sabe que siempre que alguien ofrece una buena y una mala noticia a la vez, se suele preferir la mala primero, para pasar el trago amargo rápido y después darle al bocado dulce sin miedo. Iron Man, en efecto, tiene para reportar alguna que otra mala -o regular- noticia.


Iron Man: De titanio y algo más 1La más grave es que ideológicamente es muy tonta (o se hace); y la que le pisa los talones es aquella que la define como una de las tantas pequeñas anécdotas introductorias sobre un superhéroe al que hoy se muestra con un cuarto de su potencial real, reservándose ostensiblemente el mejor material para futuras entregas (se sabe que los productores ya tienen negociada una trilogía). Una vez que uno se sobrepone a estas dos realidades, el resto es para reclinarse en la butaca y empezar a empujarse la manopla de pochochos hasta el fondo de la garganta.

Entre sus varios aciertos, los dos más grandes son Robert Downey Jr. como el ingeniero millonario Tony Stark, alias Iron Man, y el director Jon Favreau (también con un pequeño papel como actor) a cargo de una de las más precisas muestras del género de los últimos tiempos. El primero lo es porque se calza a su personaje como un guante viejo, haciendo de los infinitos malos hábitos de Stark algo por lo que vale la pena pagar para ver.

A saber: este magnate industrial, además de ser un alcohólico orgulloso, combina la inteligencia del Doc Brown de Volver al Futuro (potenciada al infinito y más allá), los escrúpulos deformes y la amoralidad del Nicolas Cage traficante de armas de Lord of War (sólo que además Stark las idea, fabrica y recién después las vende), la labia, el egocentrismo, la misoginia y el humor cínico del Dr. House (con la diferencia que él no le hace un bien a nadie), la fortuna de Bruce Wayne (dólar más, dólar menos) y por último la personalidad seductora e irresistible de Bond, James Bond (aunque Tony no vela por ninguna reina, sino por un presidente que no vale la pena).

Y sí, imaginarse lo que puede hacer Robert Downey Jr. con semejantes herramientas te deja recién a un 10% de lo que el tipo demuestra en la película misma, lo cual constituye quizás al más grande propósito de Iron Man, toda una anomalía en el mundo de los superhéroes.

Pero donde Downey deja de ser Tony Stark empieza otra clase de diversión: ahí entra en juego un traje metálico (no de hierro sino de titanio combinado con “no sé qué otros compuestos”, como aclara Stark en una escena donde cuestiona su apodo de Hombre de Hierro) y aparece Favreau, el segundo gran acierto del film, para convertirse en el coreógrafo de Iron Man.

Un realizador y actor nacido y sabiamente educado en la transparencia del cine independiente, un cine de personajes con carnadura emocional, y que ahora ensambla de a un engranaje por vez esta sólida y por demás clásica película de género; una maquinaria de acción, humor y efectos especiales que arranca a su tiempo, pero bien aceitada y que aprieta fuerte durante los 126 minutos que le toma a este superhéroe tardío hacer su intro en el mundo del cine.

Habiéndose presentado a Tony Stark, lo que queda es explicar de dónde surge su “costado fierrero”. Simple: nace de una especie de epifanía que Tony experimenta luego de una casi-muerte física que lo lleva recapacitar sobre su ética, tanto personal como profesional. Cuando es secuestrado en Afganistán por un grupo de rebeldes mientras hacía la presentación de un nuevo misil de su empresa, Stark resulta herido y queda al borde de la muerte a causa de una de sus creaciones militares.

En cautiverio, y obligado por sus captores a construir uno de sus artefactos, este ilustre de la ingeniería diseña una suerte de mini reactor nuclear (a incrustar en su pecho) que lo mantendría con vida indefinida y exclusivamente; y a partir de allí nacerá el concepto de Iron Man, un supertraje de tecnología de avanzada impulsado no sólo por el reactor energético que mantiene con vida a Stark, sino por la necesidad de éste de cambiar su forma de pensar en lo que la justicia representa en -y para- el mundo.

En esta cháchara sobre la paz mundial, los consabidos pormenores de la guerra y la filosofía Iron Man: De titanio y algo más 2anti-armamentista que sugiere Iron Man tras el despertar de conciencia de su protagonista, es que la película de Favreau derrapa y se evidencia mucho más ingenua de lo que su historia (impregnada implícitamente de política) podía darse el lujo de mostrar.

No obstante, estos dilemas se asumen subvalorados por un relato que pretende moverse con la cadencia del cine de género más pasatista posible y sin ánimos de decretar una nueva máxima en materia ideológica. Gracias a su liviandad discursiva Iron Man no duele e invita a entretenerse a los fierrazos limpios sin muchas preocupaciones. Tal es así que hasta su mismo protagonista hace caso omiso de la solemnidad que suele suponer el karma del superhéroe y hace de su nueva vocación un simple juego cinematográfico: -Sí, yo soy Iron Man-, confiesa ante la prensa y todo le chupa un h…

Por lo demás, la dirección es increíblemente prolija y precisa en sus múltiples instancias; la película ofrece buenos pasajes dramáticos con el justo provecho narrativo y otros tantos momentos donde la acción física, además de comprenderse, se disfruta y mucho (a diferencia, por ejemplo, de Transformers, otra de robots donde se veían las partes metálicas volando de un extremo al otro sin ton ni son).

El sentido del humor, así como el despliegue técnico de efectos y demás chiches gráficos, aparecen en dosis justas y necesarias; el casting está genialmente ensamblado, aportando lo suyo Jeff Bridges como el mentor de Stark y eventual villano, Gwyneth Paltrow como Pepper Pots, la asistente del héroe y tentativo interés amoroso del mismo, y por último Terrence Howard como el mejor amigo del protagonista. Así las cosas, todo indica que habrá Iron Man (y Stan Lee) para rato.

Además de saberse que Downey Jr. tiene confirmado un cameo como Tony Stark en la inminente secuela de Hulk, a esta última causa le hace los honores una escena escondida detrás de los créditos finales de Iron Man, donde aparece Samuel L. Jackson en la piel de Nick Fury, otro héroe Marvel que abre la puerta a una futura colaboración entre distintos personajes de la franquicia en una suerte de “Liga de la Justicia” conocida como Los Vengadores. Sea lo que sea que depare el futuro de esta saga cruzada intertextualmente con otras, so far so good para el Hombre de Titanio (entre otros componentes metálicos).

Iron Man: De titania y algo más 2Título: Iron Man
Dirección: Jon Favreau
Intérpretes: Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Jon Favreau, Terrence Howard, Jeff Bridges, Paul Bettany
Calificación: Apta para mayores de 13 años
Género: Acción, Basado en comic, Sci-fi
Duración: 126 minutos
Origen: Estados Unidos
Año de realización: 2008
Distribuidora: UIP
Fecha de estreno
: 25/04/2013

Puntaje 8 (ocho)

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