Por Francisco Nieto, corresponsal Cine Nueva Tribuna, España

Suele suceder que durante un mismo año o incluso durante una misma temporada cinematográfica se estrenen películas que compartan una misma temática y que, misteriosamente, se han creado al unísono, siendo éstas completamente independientes y salidas de estudios que nada tienen que ver entre sí. Como si un mismo tema o idea diera lugar a un extraño boca oreja que hace que finalmente surjan varias películas, digamos, argumentalmente similares.

Este año pasado tuvimos uno de los platos fuertes del año con la experiencia sensorial que nos proponía Christopher Nolan y su visión de lo sucedido en las playas de Dunkerque en 1940, cuando miles de soldados de las tropas británicas y francesas se encontraron rodeados por el avance del ejército alemán. Ya sabemos que la película fue un bombazo a muchos niveles, también al nivel de recordar un suceso especialmente traumático y notorio de la contienda.


Las horas más oscuras: Política y estilización 2

Pues bien, este año tenemos dos filmes diferentes y complementarios sobre la figura de Winston Churchill, pero podríamos decir que el que hoy nos ocupa es la cara B del Dunkerque de Nolan, el reverso de aquella situación desesperada vista desde una perspectiva mucho más sociopolítica.

Hasta supondríamos que casi se hubiera planificado concienzudamente que esta cinta sería la cara oculta del trabajo de Nolan sobre la Operación dínamo, aquella por la cual más de trescientas mil tropas francesas, británicas, belgas y canadienses escaparon de la invasión alemana desde las playas cercanas a Dunkerque, entre el 29 de mayo y el 4 de junio de 1940.

 El instante más oscuro es una película de despachos polvorientos, de hombres fumando mientras deciden el futuro de una nación, de discursos poderosos y, sobre todo, es una obra que glorifica la figura de Churchill. Lo hace con arrojo, fuerza y tensión, y lo que podría ser una aburrida película de diálogos largos estirados hasta las dos horas se convierte en una vibrante cinta de verborrea útil.

Joe Wright, que ya había dirigido grandes obras literarias como Expiación, Orgullo y prejuicio o Anna Karenina, adapta esta vez un texto del novelista y guionista Anthony McCarten, usando muchos de los recursos que ya había usado con anterioridad y realiza una puesta en escena acertadísima, llena de lenguaje cinematográfico, que hace que uno olvide la base teatralizada del texto original.

Su dirección de fotografía, efectos de sonido o su banda sonora son esenciales como siempre para remarcar cada secuencia. Cabe preguntarse si su narrativa y sus imágenes serían igual de efectivas si todos estos trucos de artificio se omitieran. Pero su cine es así, plagado de un aparato estilizadísimo que aúna estética con historia y desde luego siempre ha contado con detractores y con afiliados.

Y en el medio de todo esto encontramos al otro gran eje de la cinta, además de su director. Hablamos, cómo no, de Gary Oldman, quien ya ha ganado el Globo de Oro por su interpretación y tenemos muchas apuestas a que también este año se llevará el Oscar a su casa por meterse en la piel de un personaje tan megalómano como Winston Churchill.

Oldman no interpreta a Churchill sino que directamente se convierte en él, gracias tanto a su torrencial interpretativo como a una proeza de maquillaje. Su presencia lo invade todo, cada fotograma, cada respiro de la película, cada frase pronunciada. Su imagen con el puro en la boca, una vez vista la obra, es ya casi imborrable del subconsciente cinematográfico de la temporada, y también de los últimos años.

Wright sabe a quién tiene entre manos y le brinda el personaje y la interpretación seguramente más importante de la carrera de Oldman.

Aun cuando Wright hace esfuerzos por no ahogar su narrativa, la sola fuerza de Oldman corrige y mejora errores con su figura, sus frases y su voz. Por ello, los personajes femeninos de Lily Allen y Kristin Scott Thomas —ambas notables en sus respectivos roles— quedan relegados a un segundo plano en pro de la virulencia interpretativa de Oldman.

Sea como sea, el binomio Wright-Oldman ha creado una imperfecta obra que se apoya en los talentos de ambos, en lo que ambos mejor saben hacer, y salen holgadamente airosos con su trabajo.

Las horas más oscuras: Política y estilización 1

Título: Las horas más oscuras
Título Original: Darkest Hour
Dirección: Joe Wright
Intérpretes: Lily James, Gary Oldman, Ben Mendelsohn, Kristin Scott Thomas, Stephen Dillane y Samuel West
Género: Basado en hechos reales, Histórica
Clasificación: No disponible
Duración: 125 minutos
Origen: Reino Unido
Año de realización: 2017
Distribuidora: UIP
Fecha de Estreno: 15/02/2018

Puntaje: 6 (Seis)

 

 

 

 

 

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