Por Pablo Arahuete

Hay modos de vida que se van perdiendo, costumbres alcanzadas por el paso del tiempo y que a veces es mejor no recordar para sufrir menos esas ausencias. Entre esas cosas, la relación madre e hija con diferencia generacional y de suelo forman parte del territorio explorado en Con el viento. Charlamos con su directora Meritxell Colell Aparicio sobre este debut cinematográfico.

Pablo Ernesto Arahuete: – La Madre Tierra y La Madre Biológica son dos elementos que resaltan en tu película ¿También son las raíces que atan al cuerpo?

En el irse y en el volver siempre hay dolor.


Meritxell Colell Aparicio:  -Es cierto. ‘Con el viento’ es una película sobre el retorno a la casa, a la tierra, a la madre, a las raíces.  Y todo ello está escrito en el cuerpo de uno. Porque el cuerpo tiene memoria. Cómo no recordar la casa cuando uno huele la leche recién hervida o cuando toca una viga de madera por la que solía trepar de chica. Respondiendo a su pregunta, no sé si las raíces atan al cuerpo, pero sí que lo ligan, que crean lazos. Por mucho que uno se aleje, siempre hay un hilo, una conexión, que te conecta con los orígenes.

P.E.A.: – ¿Considerás que se vive el paso del tiempo de la misma manera en una ciudad que en el ámbito rural?

Meritxell Colell Aparicio: -La noción del tiempo,  su transcurrir, no tiene nada que ver en el campo y en la ciudad. Se configuran de forma muy distinta porque también la forma de vida se entiende desde lugares distintos. La ciudad a uno le sobrepasa, le arroya, apenas hay tiempo para pensar, para detenerse. Son tantos los “inputs” que es difícil conectarse con el presente. El campo depende del tiempo presente, en todos los sentidos. Es la tierra, el clima, la que manda. Y en ese estar en relación con la naturaleza, uno puede sentir el transcurrir del tiempo presente, recorrer el silencio y recorrerse a uno mismo.

La película nace del deseo personal de filmar el pueblo de mis abuelos maternos, de homenajear una generación y un modo de vida que desaparece con ellos. 

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P.E.A.: – La protagonista regresa a su pueblo tras una prolongada ausencia en Argentina ¿Cuáles son las ventajas y desventajas del desarraigo?

Meritxell Colell Aparicio: –Siempre es difícil volver. El tiempo pasa y las cosas y las personas cambian. En el caso de la protagonista el irse tiene que ver con la necesidad de poder llevar a cabo su vocación y su pasión, la danza. Cuando se fue, no vio otra opción posible. Si quería dedicarse a la danza se tenía que ir. En ese irse siempre hay dolor. Y en ese volver, también. El desarraigo es complejo: uno puede tener la sensación de libertad y, al mismo tiempo, hay siempre un vacío, un abismo en uno. Desconectarse de las raíces es como quedarse sin suelo.

P.E.A.: – Si uno suma minutos de tu película encuentra bastantes momentos donde no hay murmullo o palabra ¿Cómo trabajaste el vínculo madre e hija desde el silencio, teniendo en cuenta que se trata de personajes interpretados por no actrices?

Meritxell Colell Aparicio: –El silencio es algo muy latente en la vida real y me gustaba la idea de trabajar cómo el silencio evoluciona a medida que madre e hija se van aproximando. Después de veinte años fuera, cuando Mónica vuelve a la casa son prácticamente dos desconocidas con su madre. Qué decir. El silencio es tensión (también por todo lo no dicho durante todo este tiempo). Poco a poco, junto al frío y el invierno, el silencio permite recorrerse, pensarse, reflexionar e irse volviendo íntimo. Un silencio puede estar lleno de complicidad. Es bonito cómo muchas veces uno dice más con una mirada, con una expresión, un gesto, que con una palabra. Por eso la idea de trabajar la relación entre ellos desde algo más físico y corporal que desde la palabra. Ambas son maravillosas actrices. De hecho, filmamos escenas donde había diálogo que descartamos en la sala de edición, no por la interpretación, sino porque nos parecía más potente el estado anímico y las sensaciones que se generaban durante un momento de silencio que los momentos donde los personajes se podían decir, más explícitamente, lo que pasaba. Al mismo tiempo, en esos silencios, se deja un espacio al espectador para que cada cual conecte con su propia experiencia familiar. Eso me parece algo enriquecedor para la película. Universaliza.

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P.E.A.: – Si bien tengo entendido que no se trata de una autobiografía, la imagen de tus abuelos está muy presente, aparece ¿Por cuáles  lugares de la emoción  y los recuerdos transitaste para reconstruir a ese pueblo ficticio?

El desarraigo es complejo: uno puede tener la sensación de libertad y, al mismo tiempo, hay siempre un vacío, un abismo en uno. 

 Meritxell Colell Aparicio: –Más que una película basada en hechos reales es una película basada en emociones reales, tanto mías como de las actrices principales (Mónica García y Concha Canal). La película nace del deseo personal de filmar el pueblo de mis abuelos maternos, de homenajear una generación y un modo de vida que desaparece con ellos. En este sentido, hay una voluntad de hacerlos presentes a partir de los espacios, de los objetos, de la ropa y del modo de hablar. Al mismo tiempo, la película está construida desde el diálogo con Mónica y con Concha. Mónica se fue con quince años de su pueblo para poder dedicarse a la danza y justo al iniciar el rodaje ella acababa de volver a su casa natal. Concha vive sola en su casa tras la muerte de su marido. Ambas comparten muchas experiencias y vivencias con los personajes que interpretan y eso le dio una gran riqueza al trabajo del guión. Así, mientras rodábamos, íbamos reescribiendo el guión, profundizando en las emociones y en la complejidad de temas como perder un marido o un padre, dejar la casa, volver a los orígenes, el desarraigo, el reencuentro, la reconciliación.

P.E.A.: – La expresión corporal y la danza es uno de los pilares de la película ¿Qué buscaste transmitir junto a la bailarina en esas escenas intensas?

 Meritxell Colell Aparicio: –La película tiene como eje central la transformación interior del personaje de Mónica a lo largo de las estaciones. Cuando pensaba cómo darle forma, en seguida surgió la idea que fuera una bailarina. Mónica es un personaje poco comunicativo pero en la danza encuentra un refugio y un lugar donde poder exteriorizar todo aquello que siente y que no puede encontrar forma de otro modo. La danza es un arte muy potente porque es capaz de hacer visible, en forma de movimiento, todo aquello que no lo es. La danza, como el cine, es cuerpo y movimiento.

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La danza, como el cine, es cuerpo y movimiento. 

P.E.A.: –  En la película es notoria la ausencia de lo masculino ¿Cuál fue el criterio de concentrar todo en las distintas mujeres y generaciones de mujeres que componen esa familia sin presencia de hombres?

Meritxell Colell Aparicio: –Vengo de una familia donde dominan las mujeres y quizás por eso, cuando escribo y pienso en personajes, enseguida desarrollo personajes femeninos. En ‘Con el viento’ me interesaba explorar la relación de madre-hija y cómo se construye en las distintas generaciones de una familia. Cómo uno también hereda todo aquello vivido en su familia, por sus antepasados, y cómo van evolucionando las relaciones.

 

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