Por Pablo Arahuete

Como todos los años también en el Bafici hay un espacio para los cortos, nombres nuevos que empiezan a generar expectativa y por eso aquí una breve aproximación a algunos de los competidores en una sección que crece en diversidad y estilos.

El brazo del Whatsapp


Una vez más las dotes de Martín Farina, director de largometrajes como Fulboy, sabe captar los climas de lo masculino. El pretexto la consabida reunión de amigos que ahora se aggiornan a los nuevos códigos de la comunicación virtual. Las reacciones de cada uno genera empatía y a la vez una radiografía humorística de la llamada grieta social que por fortuna aquí desaparece.

Guiso de Saturno

Busca desde la propuesta la humorada con personajes que juegan al ridículo. A veces lo logra y otras no tanto. Desparejo en el resultado final.

Lo que perdí en el fuego

El debut de Sofía Ferraro pone en primer plano la idea del exilio y da voz a una mujer serbia. Sus palabras en el idioma de su tierra se enquistan entre el dolor del recuerdo en una casa extraña y no hace falta más que el poder de la imagen y del cine para entender algo universal: la soledad.

Romance de la ternura tardía:

Cortometrajes sobre familias hay de todo estilo y color pero cuando las personas retratadas son tan luminosas como interesante su abordaje se llega a una conjunción de homenaje, afecto, amor y el humor necesario para hacer de la crítica hacia el otro y los reproches caricias que no hieren. Gran debut de Ana Bugni.

Yo maté a Antoine Doinel:

Nicolás Prividera ya es un nombre conocido en el ámbito del cine local ya sea por sus textos de crítica o sus largos como M, Tierra de los padres. Su incursión en el cortometraje en esta oportunidad es absolutamente fresca aunque el público que podría disfrutar de esa osadía es cinéfilo antes que nada. La ironía con el personaje creado por Truffaut, ícono de generaciones pero también de un cine que ya es recuerdo, atraviesa un atractivo repaso por las películas protagonizadas por Antoine Doinel, reflexiona sobre los efectos de ese discurso arrastrado de la época de los 400 golpes para dejar esa picardía propia de aquellos que tiene respeto y amor por el cine.

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