Por Pablo Arahuete 

Encontrar un espacio para el registro de un proceso creativo, de la puesta en acción de las ideas de un dramaturgo vinculado a lo no convencional desde sus obras rupturistas es una de las inquietudes que llevaron al director Miguel Zeballos (foto de portada)a crear La herida y el cuchillo, su ensayo documental que forma parte de uno de los tantos films de este BAFICI. Nuestra inquietud era conocerlo y por eso esta entrevista entre apuros y preguntas que se escapan de la cabeza y chocan entre un intervalo y otro.

 


Pablo. E. Arahuete: -¿Por qué la elección de este dramaturgo para tu proyecto documental (O ensayo)?

 

Miguel Zeballos: -Belén Parra, la vestuarista de varios espectáculos de García Wehbi, me recomendó su trabajo. Yo soy muy mal espectador de teatro, lo conocía de nombre pero no había visto nada. Fue así que llegué a “Hécuba”, creo que en el 2011 en el Rojas. Salí muy impresionado, y me sentí muy cercano artísticamente a la puesta en escena que él planteaba en la obra.

No sé cuánto tiempo pasó pero en algún momento nos juntamos a conversar y le propuse hacer una película sobre sus procesos creativos, no tenía nada claro, lo único que sabía es que no habría entrevistas, y no pensaba recurrir al material de archivo para contar el pasado o algo parecido.

A comienzos del 2014 comenzamos a registrar “58 indicios sobre el cuerpo”, ahí empezó todo.

 

P.E.A: -¿Considerás que el trabajo de un artista acaba una vez que expone la desnudez  de su obra?

 

Miguel Zeballos: -No necesariamente.

 

P.E.A: -¿Hubo charlas previas con el autor al proponerle esta ruptura en lo que a puesta en escena se refiere?

 

Miguel Zeballos: -Las escenas de ficción estuvieron casi desde el inicio del proyecto. De hecho lo planteaba en un texto donde decía que “La herida” era la parte documental y “El cuchillo” la parte de ficción. De esta manera habría al menos una ruptura, lo que iba a concebir mucho después fue que la ruptura sería una constante.

Entrevista BAFICI21: Miguel Zeballos 2

La parte de ficción tuvo muchas idas y vueltas, al principio eran muchas escenas y todas con una carga barroca tremenda, con el tiempo la fui depurando y Emilio siempre estuvo muy participativo en ese proceso y al mismo tiempo muy respetuoso de ese camino personal que yo estaba tomando.

 

 P.E.A: -¿Cómo se filma la decadencia de la cultura sin caer en las premisas del miserabilismo y la fealdad como contrapunto de la estética pero también bajo los paradigmas modernos donde importa lo que se ve a lo que se habla?

 

Miguel Zeballos: -Nunca pensé la película en esos términos. Para mí fue un proceso complejo, un proceso en el cual hubo por lo menos 3 años sin un mapa, ni una guía por donde transitar. Este tipo de materiales requieren de mucho tiempo y mucha experimentación.

En los últimos dos años encontré un camino, un camino muy liberador que me ayudó a pensar que todos esos fragmentos sólo podían ser tratados de manera caótica, sin importar un orden o una narración, con este collage como concepto aparecieron los primeros armados de la película.

 

P.E.A: -¿Qué fue lo más arduo y trabajoso durante las largas horas del registro y la finalidad de un montaje para encontrar nexos o cohesión a la hora de tamizar lo superfluo de lo profundo?

 

Miguel Zeballos: -El registro en sí fue muy placentero, lo trabajoso fue enfrentarse a esa cantidad de horas en el montaje. Al principio trabajé con 2 montajistas con las que armábamos escenas sueltas, pero fue con Valentina Flynn con la que terminamos definiendo la estructura.

Son más de 10 espectáculos los que la película registra, la primera decisión fue editar cada espectáculo como si fuera una película en sí misma, de este modo logramos reducir bastante la cantidad de horas. Otra cosa que sabía era que los materiales de las obras se irían intercalando entre sí y al mismo tiempo una serie de escenas de ficción interrumpirían la película. Todo esto estaba para mí más o menos claro, pero ignoraba si iba a funcionar.

Una vez armado ese gran rompecabezas , encontré en el cuerpo una especie de poética en donde los sentidos trabajaran de manera casi extenuante. A partir de ahí las decisiones iban en ese sentido, en cuerpos desnudándose, cuerpos gritando, pedazos de cuerpo bailando de manera festiva con un melancólico piano de fondo, en definitiva un breve ensayo sobre el cuerpo, eso por un lado, y por el otro el registro del proceso creativo de un artista, para mí siempre estuvo claro que García Wehbi unía todas esas piezas.

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