Por Francisco Nieto, corresponsal Cine Nueva Tribuna, España

Si un éxito popular como Cats ha tardado casi 40 años en trasladarse a la gran pantalla, se pone en evidencia que no se trataba de una tarea fácil. No solamente por el factor nostálgico del público que ha aplaudido cada una de sus funciones durante su longeva vida, sino también por la dificultad de la concepción de una puesta en escena de algo que en las convenciones del teatro puede aceptarse, pero que cinematográficamente podría resultar ridícula. El montaje teatral, inevitablemente por su año de creación, se materializaba de un modo analógico con maquillaje, leotardos y vestuario, mientras que para el celuloide se ha confiado en las infinitas posibilidades de la tecnología. Desde que salió el tráiler, la apuesta de Tom Hooper por una versión digitalizada hasta el extremo ha sido objeto de polémica y, a pesar de Cats: Explota como dinamita 3los innumerables filtros que contiene, el tráiler es transparente en todos los aspectos, para bien y para mal..

La inserción de la cara de los intérpretes en los cuerpos humanizados –demasiado- de los felinos no es una mala opción para intentar desmarcarse de los recursos de caracterización teatrales y, además, poder distanciarse de un CGI de perfecta ejecución pero visualmente homogéneo como el de la Disney de la última década. Las capas no resienten la expresividad de un casting correcto (salvo un Idris Elba perdido en el tono de su personaje), pero lo logrado en este campo queda dinamitado por desatender al diseño de las otras criaturas y por un entorno excesivamente sobreproducido.


Ese tsunami digital esteriliza la fotografía y desangela el diseño de producción, dando lugar a un look altamente irreal y circunstancialmente molesto a la vista, el cual deja al aire su artefacto y crea una barrera emocional ante el espectador. Únicamente son los momentos de Jennifer Hudson los que pueden llegar a conmover, pero porque a su excelente calidad vocal sobradamente contrastada le recae ese regalo inmortal que es “Memory”, seductor por los oídos.

En medio de animales sin genitales contoneándose, sorbos de leche, purpurina y toneladas de pelo se desarrolla una historia mínima editada de forma apresurada e incoherente, sin cubrir bien los tempos para lograr construir una identificación con los personajes. En lugar de ello, la película va saltando como un gato de número en número sin respiro, con una voluntad frenética que se ahoga en un cierto tedio por, precisamente, la imposibilidad de un despertar emocional en el espectador que requiere el relato. A pesar de su desacertado montaje, Hooper se ha mantenido bastante fiel a un libreto fruto de su época, cuya escueta y naïf trama ya se encuentra obsoleta en pleno siglo XXI.

El problema de Cats es que fía todo a la presentación de una variopinta galería de individuos gatunos -muchos arquetípicos y faltos de profundidad-, que en la naturaleza del vivo y los códigos de un escenario pueden lucir, pero que en pantalla son pobres por su endeble definición y esa barrera emocional que surge del envoltorio que los contiene. A su vez, todos los conflictos que plantea son solucionados de manera fácil y muy obvia, cancelando cualquier tipo de intriga que pudiera suplir una caracterización psicológica de personajes que, a diferencia de todas las imágenes de la cinta, carece de capas.

Tal vez el problema sea haber tocado una intocable pieza que en las tablas Cats: Explota como dinamita 4funcionaba a tiro limpio, pero cuya singularidad es intraducible a 24 fotogramas por segundo. O tal vez sea que con un zarpazo se le han visto las costuras a un espectáculo mitificado que no ha sabido envejecer, demasiado cándido para nuestros tiempos, la magia del cual radica en la ilusión que genera el directo en la platea. Pero, por encima de todo, lo que el Cats de Tom Hooper deja claro es que la máquina mató a la bestia, en una obra que necesitaba más “cartón-piedra” y corazón para avivarse, en lugar de unos juegos digitales afeadores y castradores de emotividad. Un resultado que, sin embargo, difícilmente alguna alternativa como Rob Marshall podría haber mejorado con las mismas herramientas, ya que la esencia de Cats se mueve en la fina línea de lo sublime y lo irrisorio, donde para su triunfo tiene un papel crucial la implicación de la audiencia (que aquí brilla por su ausencia).

Por eso, se trata de un gran riesgo que ha salido rana, pero que es necesario que los grandes estudios sigan corriendo para poder aportar algo nuevo. Lejos de la memorable pieza prometida, Cats es una experiencia novedosa fallida que no satisfará ni a la “loca de los gatos” de Los Simpson, pero que como mínimo mantiene la cabeza alta en las partituras de Andrew Lloyd Webber. Como Grizabella, en otra vida quizás Cats encuentre mayor prosperidad como film, pero hoy, aunque no de una forma tan aplastante como otros compañeros de profesión pregonan desde sus tribunas, han ganado los perros.

Cats: Explota como dinamita 2Título: Cats.
Título Original: Idem.
Dirección: Tom Hooper.
Intérpretes: Francesca Hayward, Jennifer Hudson, Judi Dench, Taylor Swift, Ian McKellen, James Corden, Idris Elba, Jason Derulo, Laurie Davidson, Rebel Wilson y Ray Winstone.
Género: Musical.
Clasificación: Apta todo público.
Duración: 110 minutos.
Origen: Reino Unido / EE.UU..
Año de realización: 2019.
Distribuidora: UIP.
Fecha de Estreno: 09/01/2020.

Puntaje: 5 (cinco)

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