Por Francisco Nieto, corresponsal en España
La transición de la producción de Black Mirror de la BBC a Netflix marcó, como era de esperar, una clara regresión para la formidable creación de Charlie Brooker: su “americanización” (parcial pero indiscutible) y su intento, consciente o no por parte de su creador, de tratar temas más universales y por consiguiente menos viscerales la hicieron un punto menos relevante, menos aguda, menos conmovedora y, en sus dos últimas temporadas, hasta muy decepcionante. Esto significa que no esperábamos necesariamente maravillas de esta nueva tanda de episodios, pero para algarabía de sus seguidores, entre los que me cuento, esta séptima temporada nos depara más de una agradable sorpresa.
Empezamos fuerte con un primer mediometraje (56 minutos), Common People, que es quizás lo mejor que hemos visto en mucho tiempo en Black Mirror: muy cerca de nuestra triste realidad actual, asistimos al descenso a los infiernos de una pareja de enamorados estadounidenses (Chris O’Dowd y Rashida Jones, formidables…) que, a raíz de un tumor cerebral que le detectan a ella, se encuentran atrapados en un sistema violentamente perverso, que les obliga a pagar cada vez más para poder “vivir con absoluta normalidad”.

Frente a un sistema ultracapitalista que ya no tiene ninguna consideración por los seres humanos; frente a la privatización del sistema de salud; frente a la obsolescencia programada que nos obliga a consumir cada vez más; frente a la brutal fealdad de las redes sociales, ¿cómo puede el amor, o incluso la simple humanidad, esperar resistir? Common People es, a pesar de su tecnología futurista, totalmente realista y coherente con lo que vivimos cada día (en EE.UU. un poco más que en Europa, por cierto…). Es una hora de televisión abrumadora y devastadora.
Cómo nos hubiera gustado que el resto de episodios fueran igual de buenos que el primero. Lamentablemente, una vez visionados podemos decir qu hay un poco de todo, bueno y no tan bueno. Salvo el realtivo fracaso de Plaything, que utiliza la conocida habilidad de Peter Capaldi para jugar a los sociópatas e imaginar la contaminación de nuestra realidad por un videojuego, los otros cuatro capítulos son todos bastante aceptables.
El más bello es sin duda el quinto, titulado Eulogy. Una conmovedora exploración de la memoria, apoyada en fotos antiguas y en una tecnología que permite sumergirse en ella, de una historia de amor fracasada. Paul Giamatti, como ya nos tiene mal acostumbrados, aplica su inmenso talento interpretativo; algunas de la imágenes logradas son magníficas y para colmo se trata de una narración que conmueve, porque ¿a quién no le han roto el corazón de una u otra manera a lo largo de su vida?.
Del episodio que más se ha hablado desde el estreno de esta última temporada, es del último, titulado USS Callister: Into Infinity, que es el segundo episodio (no anunciado) de una historia de tres partes que comenzó con USS Callister en la cuarta temporada. Presenta clones del equipo de una empresa de diseño de videojuegos, ahora atrapados dentro del juego, tratando de sobrevivir. Con una duración de hora y media, probablemente acaba haciéndose un poco largo, con un tropel de aventuras no todas precisamente trepidantes, pero eso sí, con Cristin Milioti y Jesse Plemons para guiarnos entre la realidad y el mundo virtual de “Infinity”, estamos en muy buenas manos.

Hôtel Rêverie también peca de exceso de duración (con tres cuartos de hora en lugar de una hora y cuarto, habría resultado más convincente), y se beneficia de la emoción que desprende su bella historia de amor entre dos mujeres, una real y la otra creada por IA. Pero su principal interés es proyectarnos al cine del mañana (que de hecho ya está aquí) donde el lugar del actor, así como el del director y el de los guionistas, está completamente cuestionado por la IA (sin siquiera mencionar la cuestión de los derechos de autor, ya que en Hôtel Rêverie, el saqueo de obras del patrimonio es la base de las nuevas películas…).
Terminemos con el segundo episodio, Bête Noire, que sin lugar a dudas es el más divertido, con un final desternillante que lleva al extremo el concepto de “multiverso”. El episodio es tan ligero como estimulante. Y por si fuera poco Brooker y Netflix han imaginado una trampa diabólica para sus espectadores. Hay a priori dos versiones diferentes del episodio, a nivel de ciertos detalles, a las que tenemos acceso sin poder controlar cuál se nos pone a disposición. ¡Como si estuviéramos en diferentes versiones de la realidad!¿Cuál me habrá tocado ver? Misterios de la televisión…
Título: Black Mirror. Título original: Idem. Dirección: Ally Pankiw, Haolu Wang, David Slade, Christopher Barrett, Luke Taylor y Toby Haynes. Creador: Charlie Brooker. Intérpretes: Chris O’Dowd, Rashida Jones, Siena Kelly, Rosy McEwen, Issa Rae, Emma Corrin, Awkwafina, Peter Capaldi, Will Poulter, Paul Giamatti, Cristin Milioti, Jimmi Simpson y Lewis Gribben.
Género: Serie antológica, Ciencia-ficción, Drama. Calificación: AM 16 años.
Duración: 6 episodios de entre 46 y 90 minutos, aproximadamente. Origen: EE.UU./ Reino Unido. Año de realización: 2025. Plataforma: Netflix. Fecha de estreno: 10/04/2025.
Puntaje: 7 (siete)
