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domingo, 7 diciembre 2025
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Nada es lo que parece 3: Un truco final que no sorprende a nadie

Por Migue Calabria

Es triste ver cómo una saga que nació con cierto encanto y sorpresa terminó convertida en una parodia de sí misma. Nada es lo que parece 3 (Now you see me, now you don’t, 2025) llega con toda la expectativa de “la gran vuelta”, con su elenco estrella y un cartel de “más grande, más increíble, más imposible”. Pero lo que entrega es exactamente lo contrario: menos magia, menos intriga, y mucho menos respeto por la inteligencia de su espectador.

Ruben Fleischer, el de Tierra de Zombies (2009), toma la posta en la dirección y lo hace con la energía de alguien que entendió la superficie del truco pero no su esencia. Lo visual está ahí, la pirotecnia digital también, los giros de guion se repiten con la precisión de un prestidigitador cansado. Sin embargo, el truco central, cuando todos elegimos ser engañados a cambio de ser sorprendidos, se rompe apenas empieza el show.

La historia vuelve a reunir a los “Cuatro Jinetes”, aunque el entusiasmo con que se reencuentran parece forzado, casi contractual. La narrativa intenta retomar el espíritu de la primera cinta, donde el grupo de magos justicieros usaba el ilusionismo para desarmar los abusos del poder, pero termina pareciéndose más a una secuela de Rápido y Furioso que a un thriller de ingenio. En lugar de trucos y planificación, tenemos persecuciones, gadgets imposibles y explicaciones redundantes sobre lo que ya vimos hace dos minutos.

Todo está sobre-explicado, como si el guion no confiara en que el espectador pueda unir dos puntos sin un mapa. Lo irónico es que la franquicia había nacido justamente del misterio, del placer de descubrir los engranajes detrás de la ilusión. Ahora ese misterio desaparece, reemplazado por una serie de monólogos expositivos donde los personajes repiten sus motivaciones, sus planes y hasta sus propias bromas. Lo que en el original era ritmo y picardía, acá se siente como una clase de magia dictada por Zoom.

El gran problema no es solo el guion flojo (que lo es), sino la falta total de dirección conceptual. Fleischer parece querer unir el tono lúdico del primer film con la ambición conspirativa del segundo, pero lo que consigue es un híbrido confuso, sin el encanto del primero ni la intensidad del segundo. Hay, sin embargo, un mérito técnico en el ritmo: Fleischer sabe construir una secuencia con pulso. El problema es que lo hace sobre el vacío, resultando en que todo te de totalmente lo mismo: ya sea que los Jinetes están infiltrándose en un museo o hackeando el pentágono, porque nada tiene consecuencias emocionales. 

Los actores, en tanto, hacen lo que pueden. Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Dave Franco y Lizzy Caplan repiten su papel como en el 2016, con una química atractiva pero repetitiva. Isla Fisher regresa luego de su ausencia a su rol de Jinete, junto con las incorporaciones de Ariana Greenblatt, Dominic Sessa y Justice Smith (que últimamente está entrando en todas las franquicias cinematográficas). Morgan Freeman re-encarna a Thaddeus Bradley y Mark Ruffalo hace una pequeña aparición como Dylan Rhodes.

En términos narrativos, la película sufre de lo que yo llamo el “efecto Rápido y Furioso”: la pérdida progresiva de lógica interna en pos de la espectacularidad. Lo que en la primera película era un grupo de magos usando su talento para una causa “justa”, ahora es un grupo de superhéroes amateurs desafiando las leyes de la física con hologramas, drones y “trucos” que no podrían ejecutarse ni con diez vidas en el juego. El resultado es una parodia involuntaria: ya no nos sorprendemos de nada, solo nos reímos.

La ironía máxima es que los propios Jinetes dejaron de lado una de sus reglas más básicas: ser los más inteligentes de la sala. Acá ni siquiera parecen entender lo que hacen: se mueven de escena en escena siguiendo un guion muy obvio, intercambiando diálogos que suenan escritos por un algoritmo que vio demasiados tráilers. Esa falta de frescura es el golpe mortal para la saga.

Hay momentos en los que la película parece querer recuperar el pulso del pasado, sobre todo cuando se detiene en los trucos más clásicos, pero enseguida los arruina con un efecto digital innecesario o una línea de guion que lo explica todo, anulando la sorpresa. El truco, entonces, deja de tener sentido, si uno ve venir la carta antes de que aparezca ya no hay magia, solo cálculo.

Quizás el problema más profundo sea la falta de una idea central. Las dos primeras películas, con sus defectos, tenían un mensaje simple: la ilusión puede ser una forma de justicia. Esta tercera entrega no tiene nada nuevo que decir, ni sobre el poder, ni sobre la fama, ni siquiera sobre la magia. Lo peor es que parece creerse brillante, como un mago que repite su número convencido de que el público aún no lo descubrió, cuando en realidad todos ya están mirando el reloj, confirmando así que la saga perdió todo lo que la hacía especial: el encanto del engaño.

Título: Nada es lo que parece 3: Ahora me ves, ahora no me ves.
Título original: Now You See Me: Now You Don’t.
Dirección: Ruben Fleischer.
Intérpretes: Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Dave Franco, Isla Fisher, Rosamund Pike, Morgan Freeman, Mark Ruffalo, Ariana Greenblatt, Dominic Sessa y Justice Smith.
Género: Intriga, Crimen, Secuela.
Calificación: ATP con leyenda.
Duración: 112 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: BF+Paris Films.
Fecha de estreno: 13/11/2025.

Puntaje: 3 (tres)

Nada es lo que parece (2013), por Marisa Cariolo.
Nada es lo que parece 2 (2016), por Pablo E. Arahuete.

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