Por Iara Reboredo
En 911: Llamada infernal, el terror no llega desde lo desconocido, sino desde un punto bastante común. Lo que empieza como una intervención policial por violencia doméstica deriva rápidamente en una pesadilla sobrenatural filmada íntegramente desde cámaras corporales. Este recurso, cada vez más frecuente en el “found footage” (como podría ser El Proyecto Blair Witch), encuentra en esta película una justificación convincente: no hay posibilidad de apagar la cámara, por lo tanto, no hay escape del registro. Todo queda expuesto, incluso cuando la lógica deja de tener sentido.
Dirigida por Brandon Christensen, el proyecto apuesta por una experiencia inmersiva que me remite a títulos como Actividad Paranormal, pero con una diferencia clave: en lugar de la intimidad doméstica, acá el horror se despliega en espacios degradados, urbanos: Casas en ruinas, sótanos oscuros y calles marginales. Estos espacios construyen un escenario verosímil donde lo sobrenatural irrumpe sin pedir permiso.
El relato sigue a dos policías que, luego de tomar decisiones equivocadas, quedan atrapados en una serie de fenómenos inexplicables. La estructura en tiempo real, sin pausas ni respiros, refuerza la sensación de encierro, aunque por momentos esa misma elección formal también juega en contra: al limitarse estrictamente al punto de vista de las cámaras corporales, la película sacrifica el desarrollo de sus personajes, que quedan reducidos a reacciones inmediatas más que a verdaderas construcciones dramáticas.

Aun así, la película encuentra su fuerza en la intensidad. Hay una energía constante, una acumulación de tensión que se apoya tanto en el uso inteligente del fuera de campo como en golpes bien dosificados. Los sustos (ya inevitables en este tipo de propuestas) funcionan en gran medida gracias a la crudeza visual y a la cercanía que impone la cámara. No hay distancia posible: el espectador está ahí, corriendo, respirando, y muchas veces sobreviviendo.
Otro punto interesante es su contexto. Respecto a otras películas de terror, 911: Llamada infernal toma como protagonistas a los policías y da a entender la desconexión entre ellos y las comunidades que deberían proteger. En ese sentido, enfrenta a representantes del orden con fuerzas que no comprenden y que exceden su autoridad. Más allá de eso, debo decir que estas ideas aparecen de partidas, sin el desarrollo necesario para convertirse en un verdadero comentario social.
La duración de la película es un poco corta. A decir verdad, me hubiera gustado que dure un poco más, pero si queda ajustada dada a la falta de solidez en el guion, además de que maneja un ritmo apresurado; la película avanza como una carrera desesperada hacia lo inevitable. No dan tiempo para explicaciones ni para grandes revelaciones: el misterio queda abierto, y el terror se impone más por acumulación que por claridad. Esto puede resultar frustrante para quienes buscan una película de terror coherente, con una historia atrapante, y que, además, de miedo.

En definitiva, 911: Llamada infernal funciona como un ejercicio eficaz dentro del found footage: limitado en sus ambiciones, pero sólido en su ejecución. Su mayor virtud está en convertir un recurso formal en una experiencia física y agobiante; su principal debilidad, en no ir más allá de esa intensidad. Como sus protagonistas, la película avanza a ciegas, impulsada por el miedo… y aunque no siempre sepa hacia dónde va, logra arrastrar al espectador con ella.
Lejos de ser una propuesta revolucionaria, 911: Llamada infernal encuentra valor en la ejecución: directa, y sin concesiones. La película no pretende redefinir las reglas del estilo found footage ni ofrecer una lectura especialmente novedosa del horror contemporáneo, pero sí demuestra una notable eficacia a la hora de construir tensión sostenida. Su apuesta por la inmediatez potencia cada momento de peligro y convierte lo rudimentario en una herramienta expresiva.
Puede tropezar en su desarrollo, pero nunca pierde de vista su objetivo principal y en ese terreno, cumple bastante. Porque incluso cuando opta por recursos conocidos o se acerca a lugares comunes del género, lo hace con convicción para que el impacto siga siendo efectivo. Se sostiene por su capacidad de alertar, de insistir y de no soltar nunca al espectador hasta el último segundo.
Título: 911: Llamada infernal.
Título original: Bodycam.
Dirección: Brandon Christensen.
Intérpretes: Jaime M. Callica, Sean Rogerson, Catherine Lough Haggquist, Elizabeth Longshaw, Colette Nwachi, Angel Prater y Keegan Connor Tracy.
Género: Terror, Suspenso.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 75 minutos.
Origen: Canadá.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Imagem Films.
Fecha de estreno: 09/04/2026.
Puntaje: 5 (cinco)
