Por Joan Segovia
Caso 137 es una película que, en general, está bien, pero parece empeñada en demostrar que tiene más de lo que realmente ofrece. Funciona, se deja ver y tiene claro lo que quiere contar, aunque tampoco hace demasiado esfuerzo por salirse de un molde bastante reconocible. No aporta nada nuevo. Su trama es la más elemental dentro de una historia de investigación policial. Por suerte, eso no es lo más importante de la obra.
La historia va a lo básico: un chico que sale gravemente herido en una manifestación y se inicia una investigación para determinar si lo que le pasó fue un accidente o una actuación policial desproporcionada. No hay giros ni grandes sorpresas, y la película tampoco parece interesada en jugar a eso. La investigación está bien llevada, es clara y se sigue sin problema, pero desde bastante pronto da la sensación de que no quiere ser equidistante. Más que plantear dudas, va colocando las piezas para que tengas bastante claro por dónde van los tiros. No es tanto un misterio como una reconstrucción de hechos con una intención bastante marcada. El joven es una víctima clara desde el inicio y todo pasa por encontrar las pruebas que señalen al culpable.
La obra se desarrolla en el contexto de los “Chalecos amarillos”, una serie de revueltas en las calles de Francia que sucedieron en 2018 a causa del descontento social con la clase política. Esos enfrentamientos y la dureza del momento para los franceses son, con diferencia, lo más sólido que tiene la película. No es solo el escenario, es el ambiente en el que todo se mueve. La policía está mal vista, algo que tampoco es especialmente raro, la tensión en la calle es constante y eso se nota en cada conversación y en cada decisión. Todo el mundo parece estar a la defensiva, y eso le da cierta verdad a lo que cuenta, aunque tampoco profundice demasiado más allá de esa idea.

Donde la película se queda más corta es en la dirección. Dominik Moll hace lo necesario, pero cuesta ver su mano en la obra. Da la sensación de que deja todo el peso en el guion, firmado junto a su coguionista Gilles Marchand, y en la propia fuerza del caso, en su dureza y en el impacto social de las protestas, sin intentar aportar una mirada especialmente personal. No hay una puesta en escena que destaque ni decisiones formales que le den un sabor propio. Todo está bien ordenado, pero también bastante plano, como si no quisiera complicarse.
La protagonista, Stéphanie Bertrand, interpretada por Léa Drucker, es prácticamente el único personaje que mantiene la película a flote. Su interpretación se siente algo forzada en algunos momentos, pero justo eso tiene sentido dentro del propio personaje. Es alguien duro, distante, que vive en una posición bastante incómoda. Está en Asuntos Internos porque quiere que la policía funcione mejor, pero eso hace que dentro del propio cuerpo la vean casi como una traidora. Y fuera, directamente, forma parte del problema: la policía represora. Está en medio de todo, sin encajar en ningún sitio, y eso la lleva a protegerse con una coraza que no siempre le queda bien. Al mostrar esa incomodidad continua y ese sentirse fuera de lugar, Léa hace un trabajo sublime.
El resto de personajes son bastante chatos en general. Hacen lo que tienen que hacer y poco más. Los policías investigados hablan lo justo y con cara de malo, los compañeros de Stéphanie la siguen en su trabajo sin casi ni hablar, su hijo y su ex marido, si no estuviesen no cambiaría la trama ni una coma y así con casi todos. No molestan, pero tampoco dan nada al espectador. La madre del chico herido, interpretada por Sandra Colombo, es de las pocas que intenta tener algo más de peso, pero se queda en un perfil bastante reconocible, sin demasiadas capas. Es una madre que siente que la policía la ha traicionado y que el sistema no la apoya, pero no veo en ella ni frustración ni dolor o rabia, solo una desconfianza en el sistema y un leve enfado. Me falta más expresión en el personaje, ya no solo en su interpretación, porque me parece muy tibio para la situación en la que se encuentra.

Más allá de lo que cuenta, lo que termina dejando cierto sedimento es cómo retrata la posición de los propios policías dentro de ese sistema. No tanto como figuras de autoridad, sino como gente bastante limitada por el propio funcionamiento interno del cuerpo. La película deja caer que los controles internos están más atados de manos de lo que solemos pensar, y que además están mal vistos desde todos lados. Ni dentro ni fuera terminan de confiar en ellos, y eso coloca a la protagonista en un sitio bastante ingrato, que es donde realmente está el conflicto.
Y puede que la película intente que su fuerza se traslade en contar lo dura que fue la revuelta social de los “Chalecos amarillos”, siendo un ejemplo actual de todas ellas; en las pérdidas sociales y los daños a la gente del pueblo y de cómo la policía suele salir impune del uso indebido de la fuerza gracias a que el sistema la protege. Pero, sinceramente, los esfuerzos que los guionistas puedan haber hecho para ello caen en saco roto, sobre todo cuando el único personaje que nos traslada su dolor es Stéphanie en su soledad.
En fin, Caso 137 es una buena película que merece la recepción que está teniendo, pero no creo que haya que verla como un thriller policial más. Funciona mejor como una mirada crítica a la propia policía y a sus mecanismos internos que como una historia de investigación al uso. Y lo que queda no es tanto el caso, sino esa sensación de que, aunque todo el mundo esté haciendo su trabajo y quieran una sociedad mejor para todos, seguimos sin ponernos en la piel de los demás.
Título: Caso 137.
Título original: Dossier 137.
Dirección: Dominik Moll.
Intérpretes: Léa Drucker, Jonathan Turnbull, Mathilde Roehrich, Guslagie Malanda, Stanislas Merhar, Sandra Colombo, Valentin Campagne y Mathilde Riu.
Género: Drama, Thriller policial.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 115 minutos.
Origen: Francia.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Mirada.
Fecha de estreno: 16/04/2026.
Puntaje: 7 (siete)
