Por Pablo Arahuete

 

El veredicto es la primera película que, de forma literal, nos convierte en jurado. El juez se dirige a la cámara, a nosotros, y nos explica que al final del juicio del que vamos a ser testigos tendremos que decidirnos por un veredicto de culpabilidad o de inocencia. Votaremos, y dependiendo de lo que decida la mayoría, se proyectará una sentencia o la otra. El imputado es un piloto de la fuerza aérea alemana que desobedeció las órdenes de su superior y derribó con un misil un avión de pasajeros que, al mando de unos terroristas, había desviado su curso para estrellarse en un estadio de fútbol completamente lleno de espectadores. ¿Puede la “aritmética humana” justificar la decisión? ¿Estamos dispuestos a sacrificar la dignidad humana por la seguridad? Juzguen.


Reseña:

Si bien de alguna u otra manera toda película nos interpela como espectadores, la singularidad de El veredicto es hacerlo de manera explícita. Resulta interesante el alegato de cada una de las partes sin caer en tecnicismos o volverse un drama judicial Hollywoodense, pues se trata de poner en tela de juicio valores más que leyes o convicciones. Los dilemas morales y los justificativos individuales para tomar decisiones extremas requieren siempre un análisis despojado de lo intelectual pero también de lo emocional a secas, porque en definitiva la búsqueda de la verdad no es siempre la búsqueda de la justicia.

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