Por Pablo Arahuete

La retrospectiva sobre la obra de Luis Ospina es la frutilla del postre del festival de cine Colombiano que termina el 8 de Julio y aún se puede disfrutar de manera gratuíta con entrada libre. Sin embargo, tener la chance de una entrevista con el documentalista colombiano, fundador del grupo de Cali en los ’70 es un verdadero lujo que nos pudimos dar porque hablar con el autor de Un tigre de papel no sólo implica reflexionar sobre el cine sino además sobre política y los modos de entender el arte como medio transformador de realidades y conciencias. He aquí la prueba.

para ser un joven eterno solo basta con no perder la curiosidad.

Pablo Ernesto Arahuete: -Si bien “Todo comenzó por el fin” es un retrato generacional y también del Grupo de Cali que por esa época tenían convicciones sobre el futuro incierto de Colombia ¿Cuál fue el detonante concreto de desencanto de esos jóvenes que andaban de rumba mientras el mundo se derrumbaba? ¿Se puede ser un joven eterno, maestro Ospina?


Luis Ospina: -Los años 70s y 80s fueron los más violentos y convulsionados de la historia de Colombia y el mundo, a su vez, iba de mal en peor. Sin embargo, para nosotros fueron años de júbilo y todo era motivo de celebración. Celebrábamos porque comenzábamos un rodaje, celebrábamos porque estábamos en rodaje, celebrábamos porque terminábamos un rodaje. Y mientras nosotros nos enrumbábamos, el país se derrumbaba. De alguna manera la tríada fundacional del Grupo de Cali (Andrés Caicedo, Carlos Mayolo y yo) sufríamos del síndrome de Peter Pan. Nos parecía una irresponsabilidad tener responsabilidades. No nos casamos, no tuvimos hijos. Creíamos que no íbamos a envejecer nunca. Creíamos que éramos inmortales y que podíamos abusar de nuestros cuerpos y nuestros cerebros con el alcohol y las drogas. Pero al mismo tiempo pensábamos que moriríamos jóvenes ya fuera por el suicidio a corto o a largo plazo. Y de hecho así fue. Andrés Caicedo, el más precoz y genial de todos, se suicidó a los 25 años el mismo día que se publicó su novela mítica “¡Que viva la música!”. Carlos Mayolo, después de una brillante pero corta carrera cinematográfica, pasó a ser un exitoso director de televisión, pero sucumbió a los 60 años a causa del abuso de toda clase de sustancias. Y yo no sé cómo sobreviví para contar el cuento. El cuento que se volvió “Todo comenzó por el fin”, el autorretrato del Grupo de Cali, que cuando comencé a filmarlo caí gravemente enfermo y lo que yo creía que era el relato de un sobreviviente se convirtió en la narración de un moribundo. De ahí el carácter testamentario del film. Lo hice como si fuera la última película y después de muchos esfuerzos físicos y mentales logré terminarla gracias a mi pasión por el cine y por conservar la memoria de mis amigos y de una época maravillosa que vivimos en los años 70s y 80s. Pero el final feliz con el cual termina la película no resultó ser tal porque después de un año de creer que ya me había curado, el cáncer hizo metástasis y sigo en tratamiento de quimioterapia. Mala hierba… Pero, en realidad, para ser un joven eterno solo basta con no perder la curiosidad.

Luis Ospina: Soy un desencantado de la política. Mi única causa es el cine. 1

P.E.A: -En “Un tigre de papel” se hace alusión a aquel concepto maoista sobre el imperialismo yanqui ¿Cómo ve la película en la era Trump y cómo a la China post Mao? ¿Considera que el cine documental es una herramienta que construye mitos y deconstruye otros al mismo tiempo?

A Los jóvenes de ahora, con el triunfo avasallante del capitalismo, sólo les queda la esperanza inútil de “salvar el planeta”.

Luios Ospina:  -Así como “Todo comenzó por el fin” es un retrato generacional de los años 70s y 80s, “Un tigre de papel” es un retrato de esa generación que en los años 60s, después de la Revolución Cubana y mayo 68, creyó que podía cambiar el mundo y, de alguna manera lo cambiamos, pues en el campo del sexo, las drogas, los derechos civiles, el feminismo, la música y el cine hubo grandes logros. Fue quizá la última oportunidad que tuvo la juventud para cambiar el mundo. Los jóvenes de ahora, con el triunfo avasallante del capitalismo, sólo les queda la esperanza inútil de “salvar el planeta”.

“Un tigre de papel”, realizada en 2007, de alguna manera se adelantó a la era Trump y a lo que llama ahora la “posverdad”, esa distorsión deliberada de la realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en la política, es decir, los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales. Mientras hacía la investigación para la película me encontré esta frase de Marcel Ges que la tuve muy en cuenta para realizar el falso documental que es “Un tigre de papel”: “Lo falso está de moda. Están de moda los textos falsos. Y los falsos contextos que acompañan estos textos. Lo falso nos seduce, no ya como una tecnología al servicio del secreto sino porque produce sentido objetivamente de la realidad”. Pero no nos dejemos engañar, la definición de realidad y la historia son construcciones políticas por los que ejercen el poder. El poder consiste en la posibilidad de definir lo que es real. La historia es de quien la escribe. Por eso, como decía Oscar Wilde, la única deuda que tenemos con la historia es reescribirla. De ahí la importancia de los “falsos documentales”. Los falsos documentales estimulan el sentido crítico porque preguntan de quién es la realidad y porqué debemos suponer que alguien nos la narra. Un falso documental cumple su cometido cuando es capaz de combinar la apariencia de elementos históricamente veraces con situaciones verosímiles, pero vistas bajo una óptica falsa, llevando al espectador a cuestionar la realidad de lo que se está viendo, dejando que el espectador decida si acepta lo que se le está mostrando, si cree lo que se le está diciendo que crea. En parte lo que hace que un falso documental sea exitoso es su habilidad para existir tanto en el mundo de la ficción como en el mundo actual. Su punto de vista es que el microcosmos que proyecta en realidad no existe, aunque sí existe el macrocosmos que lo contiene y puede ser visto a través de la óptica de un mundo más pequeño, más específico. Un falso documental aporta una conciencia sobre la política y sus instrumentos; cuestiona lo político utilizando las mismas técnicas de manipulación de la imagen características del aparato político. Los falsos documentales políticos reflejan la falsedad que relativiza las verdades presentadas como evidencia. Hace un par de años estuve en la China post Mao y pude comprobar que no es el imperialismo el que es un tigre de papel sino el comunismo. Los papeles se invirtieron y la economía de mercado reemplazó al comunismo. La ironía es que Mao terminó siendo el tigre de papel por excelencia pues sale en todos los billetes; de su revolución no quedan sino los símbolos y millones de muertos.

Luis Ospina: Soy un desencantado de la política. Mi única causa es el cine. 2

 

 

yo soy es un retratista que intenta meterse en el lugar de sus personajes para mirar el mundo con sus ojos y hablar con sus voces.

P.E.A: -Si tuviera que definir qué representa la izquierda en términos políticos tras las experiencias de los gobiernos populistas latinoamericanos ¿Cuáles son los cambios desde los setenta a nuestros días?

Luis Ospina: -En Latinoamérica lo único que queda de la izquierda es su fracaso, que va desde la debacle castrista, pasa por el “socialismo del siglo XXI” de Chávez y llega a su máxima perversión con la la dictadura absurda y funesta de Maduro. Después del triunfo del neocapitalismo lo único que queda de la izquierda en Latinoamérica es el populismo. Soy un desencantado de la política. Mi única causa es el cine.

Mao terminó siendo el tigre de papel por excelencia pues sale en todos los billetes; de su revolución no quedan sino los símbolos y millones de muertos.

P.E.A: -En pocas palabras: ¿Qué viene a su cabeza al escuchar los nombres Manrique Figueroa, Andrés Caicedo, Carlos Mayolo y Luis Ospina?

Luis Ospina: -Para mí, gracias al cine, todos ellos pertenecen ya al mundo de la ficción, del mito. A lo largo de más de cuarenta y ocho años de carrera cinematográfica he sido un reconstructor de vidas ajenas, un creador de mitos, porque creo que el cine documental es el arte por excelencia de la biografía y que todo retrato es siempre la reconstrucción de una memoria. A final de cuentas lo que yo soy es un retratista que intenta meterse en el lugar de sus personajes para mirar el mundo con sus ojos y hablar con sus voces.

como decía Oscar Wilde, la única deuda que tenemos con la historia es reescribirla.

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