Por Iara Reboredo
Con Wicked: For Good, Jon M. Chu enfrenta el desafío que toda segunda parte carga: justificar su existencia más allá del éxito de su predecesora y, al mismo tiempo, preparar el terreno para un desenlace que ya es conocido y querido por el público. Lo que entrega en esta secuela es una obra más sólida, más consciente de sus herramientas narrativas y mucho más interesada en las fisuras emocionales de sus personajes.

La película retoma la historia después de la separación que marcó a Elphaba (Cynthia Erivo) y Glinda (Ariana Grande) en la primera parte. Ahora, sin la necesidad de introducir reglas, territorios o dinámicas sociales, el desarrollo puede concentrarse en lo que realmente importa: el conflicto de una tierra que se enreda en sus propias mentiras. En ese sentido, Wicked: For Good es más eficiente y clara: entra sin vueltas y establece desde el inicio la urgencia dramática que la primera quizá tardó en encontrar.
Elphaba, convertida en amenaza pública, inicia su cruzada contra el “mago” que distorsiona verdades y utiliza la propaganda como instrumento de control. Glinda, por su parte, queda atrapada como rostro oficial de Oz, que necesita su imagen para mantener la calma, aunque eso implique sacrificar su autonomía.
Aunque esta secuela se expande hacia territorios de mayor escala, lo más valioso sucede en el interior de sus protagonistas. Elphaba y Glinda ya no funcionan como contrapesos; se convierten en dos fuerzas que avanzan hacia objetivos opuestos por razones que no siempre controlan.
Cynthia Erivo sostiene una interpretación que mezcla dureza y vulnerabilidad en proporciones exactas. Su voz y su corporalidad transforman cada número musical en una escena dramática autónoma; la encarna y la sobrelleva como si fuera propia. Ariana Grande, en cambio, ofrece un trabajo contenido e introspectivo, mucho mejor que en la primera película. Glinda gana matices: la película le permite mostrar el precio emocional de vivir encerrada en una imagen pública que ya no le pertenece. Su transformación es uno de los arcos mejor desarrollados de la secuela. Realmente no tengo nada para decir en contra de las actrices, ambas aman este proyecto y se nota, ellas son sus personajes, y eso es lo que le da el toque especial a Wicked en sí: la magia está no solo en las increíbles interpretaciones, también en el amor que tiene en su producción.
La parte musical sigue siendo la columna vertebral del universo, pero esta vez se distribuye con mayor inteligencia dramática. Las canciones ya no funcionan como interrupciones ornamentales, sino como extensiones emocionales de la narrativa.
Por su parte, Jon M. Chu encuadra cada escena con un interés particular por los gestos mínimos: miradas, pausas, silencios y palabras que llenan más que cualquier monólogo excesivo. El diseño de producción mantiene el nivel de excelencia de la primera parte, con una estética brillante, conmovedora, y escenarios alucinantes. Wicked demuestra que los efectos visuales funcionan mejor cuando se integran como textura del mundo y no como un recurso excesivo en primer plano. Más allá de que la película muestra una mejora considerable respecto a su antecesora, persiste un problema: la aparición tardía de subtramas que requieren resolución inmediata. Una línea narrativa esencial irrumpe cerca del final y obliga a una aceleración que desentona con el ritmo más equilibrado del resto. No arruina la experiencia, pero sí evidencia limitaciones en la adaptación del material de origen. Hay momentos que te hacen dudar, creer que esa historia termina inconclusa… pero el final es algo gratificante de ver, lo que verdaderamente te saca esa sensación de vacío para dar plenitud y da un cierre magnífico a estas películas.

Wicked: For Good no es perfecta, pero sí es una película consciente de su responsabilidad narrativa y su compromiso con el público. Eleva la apuesta emocional, es una obra que se sostiene principalmente por la potencia de Cynthia Erivo, Ariana Grande y una producción que entiende que el espectáculo sin emoción no alcanza. Más que nada, esta secuela demuestra que Wicked puede dejar de ser un fenómeno circunstancial para transformarse en una obra con peso propio, y, sobre todo, adorada por muchos.
Título: Wicked: Por siempre.
Título original: Wicked: For Good.
Dirección: Jon M. Chu.
Intérpretes: Cynthia Erivo, Ariana Grande, Michelle Yeoh, Jeff Goldblum, Jonathan Bailey, Ethan Slater, Marissa Bode, Bowen Yang, Bronwyn James, Adam James, Colman Domingo y Keala Settle.
Género: Basado en libro, Secuela, Musical, Fantástico, Comedia, Aventuras.
Calificación: ATP.
Duración: 138 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: UIP.
Fecha de estreno: 20/11/2025.
Puntaje: 8 (ocho)
Crítica de Wicked: Parte Uno (2024), por Juan Alfonso Samaja
