Por Pablo Arahuete

Un interesante documental sobre la relación tirante entre el escritor Manuel Puig y el pueblo de General Villegas, cuna del autor de Boquitas pintadas, abre las puertas para que Carlos Castro bucee entre sus calles y encuentre historias para ratificar o desmitificar aquella frase célebre “pueblo chico, infierno grande”. En esta entrevista exclusiva pudimos indagar con el realizador sobre los misterios alrededor de la figura del escritor Manuel Puig.

P.E.A.: – ¿Cómo llega la historia del pueblo y Manuel Puig a convertirse en este documental?


Carlos Castro: – Soy nativo de General Villegas. El mundo de Puig y sus libros en los que pone al pueblo como escenario me es muy común. Villegas (Vallejos para Manuel) es un lugar típico de la llanura pampeana: pequeño, ventoso, vida organizada a través del mundo rural y algo de comercio. La idea fue retratar cómo fue la relación de las dos primeras novelas de Puig (La traición de Rita Hayworth, 1968; Boquitas pintadas, 1969) con el pueblo. Una parte quedó ofendida por el retrato que se hicieron en los libros. Boquitas pintadas, película que no pudo estrenarse normalmente en la sala del pueblo, por amenazas de bomba. Mucho tiempo después la proyectaron, pero para entonces la gente ya la había visto en pueblos vecinos.

P.E.A.: – ¿Qué representa según su opinión el vínculo de los propios lugareños con esas ficciones y el descontento al verse identificados en los textos?

Carlos Castro: – Fue una parte pequeña de la población. Más doble moral que otra cosa. Puig nunca tuvo una actitud descalificadora de los personajes retratados, es el lector quien saca conclusiones sobre cómo se manejaban y las conductas que tenían. Me parece que se infló el conflicto como un globo, los medios -como siempre- ayudaron. Hay costumbres muy arraigadas en las ciudades pequeñas, que pareciera ser ya las históricas y cuando alguien viene y las cuestiona la reacción es muy fuerte. Pero me parece que les pasa a todos los escritores o artistas que provienen de lugares así.

P.E.A.: – ¿A qué atribuye la extraña reacción de idolatrar a una figura, y luego defenestrarla cuando no cumple con las expectativas de determinada idiosincrasia como ocurre por ejemplo con los deportistas argentinos cuando no triunfan?

Carlos Castro: – No sé porqué se da exactamente. Pero supongo que justamente esa cuestión de convertir a alguien como un “ídolo” es bastante nocivo. A Puig no se lo idolatró nunca, al contrario siempre fue ninguneado en el pueblo. Hace muy poco tiempo se lo empezó a reconocer; a leer en las escuelas del distrito; a ponerle su nombre a algún edificio para homenajearlo. El triunfó en la literatura, en el cine, y en su lugar todavía se preguntaban quién era este tipo para meterse en sus asuntos. Parece que nadie es profeta en su tierra. Entrevista a Carlos Castro, director de "Regreso a Coronel Vallejos" 2P.E.A.: – La historia de Manuel Puig como la del escritor que escapa de la abulia pueblerina y por esas cosas es nominado al premio Nobel de Literatura encuentra su ficción reciente en El Ciudadano Ilustre ¿considera que la película estuvo inspirada en este hecho o como dice el dicho cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia?

Carlos Castro: – Sí. Puig es una especie de Daniel Maltovani, pero que nunca regresó. Por eso le ponemos ese nombre a nuestra película, porque es una especie de regreso. De hecho, hay una frase que el personaje de esa película pronuncia: “volver como una mirada sin cuerpo” que pertenece a Manuel Puig, en uno de los tantos reportajes donde evoca su pueblo. No sé si El Ciudadano Ilustre se refiere enteramente a Puig, creo que remite porque Puig es el ejemplo más acabado de cómo un lugar puede inspirar para escribir determinadas historias. Pero cuando vimos la película de los Cohn-Druprat, excelente por cierto, fue imposible no ver a Manuel Puig.

P.E.A.: – Cuál fue la  repercusión del documental en el mismo pueblo, si es que se pudo exhibir.

Carlos Castro: – La película la proyectamos en el marco del “Puig en acción”, una movida que desde hace algunos años viene haciendo un grupo en Villegas. Fue realmente emocionante. Una especie de Cannes para nosotros, fue proyectada en el mismo cine donde Manuel Puig veía sus películas con su madre todas las tardes. En la misma sala, repleta de los vecinos del pueblo, que al mismo tiempo es mi pueblo. Así que la satisfacción fue muy grande.

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