Por Pablo Arahuete

Es muy difícil llegar a ganarse la confianza de un director de cine y mucho más aún ser testigo de su caos creativo. Martín Farina lo logró y nada menos que con Raúl Perrone, sin lugar a dudas uno de los directores de cine argentino de mayor prestigio y con un estilo único a la hora de hacer y pensar el cine. Su documental El Profes10n4l (ver crítica) llamó tanto nuestra atención que no pudimos dejar de buscarlo para esta entrevista exclusiva.

no hay directores más jóvenes que se le parezcan, o una fila de discípulos que copien su estilo. Lo suyo es muy singular. Una forma única de legado sobre qué y cómo es hacer una película.

Pablo E. Arahuete: -¿Cómo lo conociste a Raúl Perrone y en que circunstancias?


Martín Farina: -Después del estreno de Las pibas, Perrone conoció la revista “La otra” donde yo escribía y le encantó y ahí se hizo amigo de Oscar Cuervo, el editor… Y desde entonces Perrone nos invitó a su casa a ver los preestrenos de sus películas. La primera que vimos fue P3ND3JO5, y después nos íbamos siempre a un bar a charlar. Esa rutina de ir con Oscar juntos a Ituzaingó se mantuvo desde entonces y así nos hicimos amigos.

P.E.A: -¿Cómo surge la idea de meterte en uno de sus rodajes, teniendo presente su estrecha relación con el cine y la intimidad de su trabajo?

Martín Farina: -Después de conocernos, no sabría cuánto tiempo pasó, filmé algunas cositas con él, como camarógrafo (recuerdo que fueron algunas jornadas de Samuray-S y bastantes de Hierba) y tuve la experiencia intensa de sus rodajes. Algunos meses después de esos rodajes le pregunté si podría filmarlo laburando. Y el acepto. Nosotros habíamos construido un buen vínculo, y supongo que confió en que podía hacer un buen laburo-retrato de su trabajo.

Martín Farina: 1

P.E.A.: -¿Hubo cierto contrato no escrito que marcara las zonas y límites entre ambos?

Martín Farina: -No, no hubo límites implícitos. El me abrió las puertas de su casa, de su taller de cine y de sus sets de filmación, y de todo eso, yo sabía que la intimidad que quería filmar, era la que implicaba la relación con el trabajo.

P.E.A: -¿Qué te sorprendió una vez superado el primer obstáculo para encontrar tu lugar en ese espacio de trabajo, caos y creación simultánea?

Martín Farina: -Me sorprendió siempre la inexplicable evolución que tenían sus ideas en material concreto de filmación, durante el rodaje. La extrema atención a los detalles aleatorios -que suelen suceder en los rodajes- y que de pronto se vuelvan momentos mágicos, brillantes. Que por supuesto, el proceso de llevar eso a cabo no estaba exento de cierto desorden, que por alguna extraña alquimia siempre conspiraba para que la escena brille aún más (algo que seguramente para cualquier cineasta “organizado” sería un naufragio asegurado)

Martín Farina: 3

P.E.A.: -¿Cuál es el efecto que genera Raúl Perrone en su intimidad y sobre todo concentración en detalles sin perder el sentido de un plano o escena?

Martín Farina: -Perrone es cine, lo transpira. Tiene ese modo de configuración subjetiva y, en buena medida, vive a través de él. Cuando se está ante una evidencia tal, es difícil poder anticiparse. Uno se vuelve una suerte de herramienta con la cual intenta complotar para que algo de lo que está sucediendo, efectivamente suceda. 

P.E.A.: -¿Qué aspectos llamaron tu atención respecto a su trato con el equipo?

Martín Farina: -Él sabe que no siempre puede explicar todo lo que tiene en la cabeza, que el tiempo en el rodaje lo apremia, y que por eso la comunicación es una tarea urgente, difícil; y que a veces se vuelve un gran enredo. Una maraña de sensaciones que de la confusión se convierte, a veces, en la pulsión única de su cine.

P.E.A.: -Elegiste para titularlo el juego de letras y números, uno de sus sellos personales ¿Cómo lo tomó él personalmente?

Martín Farina: -Creo que le gustó el título, sí. Mi sensación es que como dice Roger Koza, Perrone no es un director que haga escuela. Es decir, no hay directores más jóvenes que se le parezcan, o una fila de discípulos que copien su estilo. Lo suyo es muy singular. Una forma única de legado sobre qué y cómo es hacer una película.

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