Por Francisco Nieto, corresponsal en España
La década de los ochenta del siglo pasado fue una época importante para el cine de terror, desde el slasher hasta el terror psicológico. Sin haber citado a ninguno seguro que a más de uno se le habrán venido a la cabeza por lo menos cinco o más títulos que pasaron a la historia del cine por derecho propio. Aquí no los vamos a nombrar, pero sí afirmaremos que Una mujer poseída (rebautizada por la distribuidora con el título original de Possession para esta reposición) fue uno de ellos, y si bien no todos los estrenos de aquellos tiempos que atemorizaron a propios y extraños de esa época han envejecido bien, este ciertamente no es el caso de la película que hoy nos ocupa. Y es que uno de sus grandes aciertos que la han convertido en atemporal fue que, en lugar de recurrir a sustos baratos, sobresalió por su terror psicológico en medio del deterioro de la relación de la pareja protagonizada por unos jovencísimos Sam Neill e Isabelle Adjani.
Aunque la película, dirigida por el cineasta polaco Andrzej Żuławski en la que fue su primera incursión en el cine mainstream, no es inmune a algunos problemas menores, incluidas algunas inconsistencias tonales, el horror psicológico que rodea los problemas matrimoniales de los protagonistas ciertamente lo compensa con creces. Además de lo inquietante de la propuesta, que te mantiene en vilo durante las casi dos horas de metraje, fue muy alabada en su día por ser de las primeras en ahondar en el horror corporal grotesco, lo que, sumado a su pavor, la convirtió en una experiencia de terror inolvidable para todos aquellos que no salieron despavoridos de la sala. El que esto suscribe reconoce que durante un nuevo visionado con el fin de refrescar la memoria en algún instante aislado todavía ha tenido que apartar la mirada de la pantalla.

Recordemos la trama mínimamente: Berlín, antes de la caída del muro. Cuando Marc regresa de un viaje encuentra a su esposa Anna cambiada, muy nerviosa y perturbada. Por fin, le confiesa que tiene una aventura y lo abandona. Marc cae en una terrible depresión que lo lleva casi al borde de la locura. Poco después Marc se entera de que su mujer también ha abandonado a su amante, y la verdad sobre la aventura secreta de Anna se revelará monstruosa. Este argumento, que superficialmente puede percibirse como el cliché del “vacío existencial”, muestra a lo largo de la película toda su fuerza, profundidad y gravedad, haciendo que el personaje femenino sufra una serie de trastornos psicológicos, con sus respectivos efectos en el cuerpo físico.
La cortante banda sonora, firmada por Andrzej Korzynski marca el tono de ansiedad ante el colapso inminente, una catástrofe venidera que se puede sentir durante toda la película, ya sea en las disputas emocionales de la pareja o en los pasajes por las calles vacías de Berlín, la ciudad donde se desarrolla la trama y, en ese punto, igualmente dividida por un muro con dos escuelas de pensamiento distintas, al igual que el protagonista de la historia. Y es que en Una mujer poseída vamos a hallar mucha ambigüedad.
No deja de ser curioso algunas declaraciones hechas años después del estreno de la película en la que los dos protagonistas admitieron que jamás volverían a repetir una experiencia similar como la vivida durante el rodaje del film: Isabelle Adjani dijo: “Possession es el tipo de película que solo se puede hacer cuando se es joven. Él [Zulawski] es un director que te sumerge en su mundo de oscuridad y sus demonios. No pasa nada cuando eres joven, porque te emociona ir allí. Sus películas son muy especiales, pero se centran totalmente en las mujeres, como si fueran lirios. Fue una película increíble, pero me lastimé por dentro y por fuera. Fue emocionante. No me rompí ningún hueso, pero me preguntaba: ‘¿Cómo o por qué hice eso?’ “No creo que ninguna otra actriz haya hecho dos películas con él”. Por su lado Sam Neill también opinaba algo similar: “La considero la película más extrema que he hecho, en todos los sentidos. Nos exigió cosas a las que ahora no podría ni querría llegar. Y creo que salí de esa película con la cordura a duras penas”.

Además del arte y el espíritu que refleja la obra, la película es una fotografía magistral de su tiempo, con su marco político, filosófico y comportamental que coloca lógicamente al diablo en una posición muy paradójica a los ojos de una estructura cristiana y conservadora. En todos los aspectos, la obra de Żuławski es extrema, y la única forma de acercarse a su vorágine cinematográfica es recordar el estilo de David Lynch. Cajas de rompecabezas cinematográficas como son Carretera perdida o Mulholland Drive, al igual que Una mujer poseída, adoptan una forma de locura distante, simplemente para ocultar una subestructura compleja y significativa.
Y para concluir una sorpresita, aunque los más avispados igual ya se han enterado: dado su estatus de culto, era solo cuestión de tiempo antes de que la película encontrara su camino hacia una posible nueva versión, especialmente en el clima general actual, que está dominado por remakes y secuelas tradicionales semana sí y otra también. Y lo cierto es que la cosa apunta maneras, pues el remake está siendo escrito en la actualidad por el creador de Smile, Parker Finn, y será producido por Robert Pattinson, con distribución de la poderosa compañía en cuanto a cine de terror actual se refiere A24. Aún se desconoce el reparto, aunque no nos extrañaría que el de Crepúsculo fuera el que retomara el rol de Mark, a quien diera vida Sam Neill.
Título: Una mujer poseída. Título original: Possession. Dirección: Andrzej Zulawski. Intérpretes: Isabelle Adjani, Sam Neill, Margit Carstensen, Johanna Hofer, Carl Duering, Heinz Bennent, Gerd Neubert, Shaun Lawton y Thomas Frey.
Género: Drama psicológico, Terror. Calificación: AM de 16 años, c/reservas. Duración: 127 minutos. Origen: Francia/ Alemania Occidental. Año de realización: 1981. Distribuidora: Mirada Distribución.
Fecha de estreno en Argentina: 17/11/1983. Fecha de reestreno: 29/05/2025.
Puntaje: 7 (siete)
