Por Francisco Nieto, corresponsal en España
Cuando se supo que Spike Lee haría una nueva versión de la obra maestra policiaca de Akira Kurosawa de 1963 titulada El cielo y el infierno (en España se la conoció como El infierno del odio) saltó la alarma de inmediato entre los más puristas del lugar. El historial del realizador neoyorkino con las reinterpretaciones de grandes obras cinematográficas es bastante desigual. Su remake de Oldboy: Cinco días para vengarse de 2013 parece más bien una simple recopilación de grandes éxitos, sin el malestar febril de la original de Park Chan-wook, y los cinéfilos suelen ignorarlo y lo despachan como una obra menor. La primera hora de metraje parece confirmar estas preocupaciones: un thriller policiaco extrañamente desapasionado en el que Lee parece utilizar el piloto automático. Pero entonces ocurre lo inesperado. La película encuentra su ritmo, cobra vida y desarrolla una fuerza propia. Esto se debe no solo a Denzel Washington, sino también a A$AP Rocky, quien le da la réplica de forma harto contundente.

Washington interpreta al magnate musical David King, fundador del sello Stackin’ Hits Records, quien, sin embargo, ya pasó su mejor momento y ahora se enfrenta a su venta a una corporación. Cuando el hijo de su chofer es secuestrado, creyendo que es el propio King, el productor musical debe decidir si está dispuesto a pagar millones por la vida de otra persona. En lugar de la industria del calzado de la película original, la película de Lee se centra en el negocio de la música, lo que ofrece espacio para observaciones agudas sobre el arte y el comercio en la era de Spotify, la llamada cultura de la cancelación y la fama de TikTok. Lee integra estos temas en el personaje del rapero underground Yung Felon, interpretado por A$AP Rocky, quien busca la atención de su ídolo por todos los medios.
La película encuentra su ritmo desde el momento en que Rocky entra en escena. Su actuación aporta precisamente la energía que le faltaba al hasta el momento titubeante desarrollo argumental. En una secuencia trepidante en el metro, donde se balancea en el techo de la línea 4, lo vemos como un ladrón ambicioso, aunque torpe. Para David, personifica a la nueva generación, más preocupada por los clics y la influencia que pueda llegar a ejercer entre sus seguidores que por su maestría musical. Su enfrentamiento culmina en una batalla de gallos raperos improvisada (imprescindible verla en versión original): las rimas de Washington transmiten una seriedad shakespeariana, mientras que Rocky contraataca con furia juvenil. Dos mundos chocan y la tensión aumenta.
Lee aprovecha este encuentro para un rápido viaje por Nueva York, pasando junto a los aficionados de los Yankees, los vagones del metro abarrotados y el desfile del Día de Puerto Rico. La película funciona como carta de amor a la ciudad: ruidosa, colorida y vibrante. Las imágenes elegantes de Matthew Libatique (DF habitual de Darren Aronofsky, su última colaboración fue la reciente Atrapado robando) otorgan a la historia una sorprendente ligereza. Sin embargo, a veces se pierde la urgencia. La música de Howard Drossin también es más lúdica que dramática. Esto plantea la típica pregunta: ¿era realmente necesario este remake?

Lee a estas alturas de su vasta filmografía no teme arriesgarse. Tiene muchísimas ideas y quiere incorporarlas todas: pantallas divididas, tomas cámara en mano y en 16 mm, interludios de videos musicales. Su película oscila entre el thriller policial, la comedia, los estudios sociales y la sátira de la cultura pop. Una mezcla salvaje, no siempre elegante, pero llena de energía. Sin embargo, la gracia salvadora reside sobre todo en los actores principales y los temas inherentes a los conflictos de sus personajes. Washington logra con su habitual fuerza dar peso a la película, por ejemplo, en una escena en la que habla a solas en su oficina con retratos de leyendas musicales fallecidas. Rocky, por su parte, se revela como un expósito con potencial de estrella. Su Yung Felon es una mezcla de fanático y aspirante a artista que desafía a su ídolo.
Su duelo verbal en el estudio de grabación —mitad batalla, mitad terapia— marca el clímax emocional de la película. Va más allá de la música. Trata sobre estatus, identidad y conflicto generacional. Es este conflicto el que le da a Del cielo al infierno intensidad y relevancia. Aunque no todo funcione, el resultado final es una obra apasionante y llena de vida.
Título: Del cielo al infierno.
Título original: Highest 2 Lowest.
Dirección: Spike Lee.
Intérpretes: Denzel Washington, Jeffrey Wright, A$AP Rocky (Rakim Mayers), Ilfenesh Hadera, Aubrey Joseph, Elijah Wright, Dean Winters, LaChanze y John Douglas Thompson.
Género: Remake, Thriller, Policial.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 133 minutos.
Origen: EE.UU./ Japón.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Apple TV+.
Fecha de estreno: 05/09/2025.
Puntaje: 7 (siete)
