Por Mónica Grau Seto, corresponsal en España
*Se advierte al lector que la nota contiene spoilers
Indy es un perro que ve todo lo que acecha en la noche, y junto a su dueño Todd, se mudan a una casa en el campo que, para sorpresa de nadie, está encantada. El cachorro, atormentado por visiones de la muerte del anterior propietario, deberá luchar contra unas fuerzas malignas que intentan arrastrar a su dueño al más allá.
¿Quién teme a las sombras?
¿Alguna vez te has preguntado por qué tu perro ladra a la nada o se queda mirando una esquina vacía? Good Boy, dirigida por Ben Leonberg en su debut, parte precisamente de esa inquietud cotidiana para construir una historia de terror sobrenatural desde una perspectiva inédita: la de un perro.
El filme se inspira en Poltergeist (el director confiesa que la idea nació viendo al golden retriever de aquella película detectar lo invisible) y en algo que cualquiera que viva con mascotas ha experimentado: ese instante en el que tu perro se queda mirando un rincón vacío, donde supuestamente no hay nada ni nadie… y tú prefieres no saber por qué.
Aquí conocemos a Indy, un retriever de Nueva Escocia, que se muda con su dueño Todd a una vieja casa familiar en el campo que, por supuesto, oculta un mal que lleva mucho tiempo habitando en sus cimientos. Todd sufre una enfermedad y preocupa a su familia, sobre todo a su hermana que lo llama muy a menudo, él decide alejarse de la ciudad y buscar la calma en la naturaleza.
Lo que sorprende y enternece al espectador es que el verdadero héroe de esta pesadilla no será el humano, sino su mascota. Las jornadas de grabación se realizaron en períodos de tiempo cortos, entre una o dos horas diarias para las tomas, y a diferencia de otros rodajes con protagonistas caninos no hay dos o tres perros interpretando al personaje.
Indy desde el momento en que llega a la zona siente y ve lo que los demás no pueden, percibe la muerte y las presencias que acechan en la oscuridad, y luchará, a su modo, para proteger a su dueño de las fuerzas malignas que quieren arrastrarlo al más allá.

Terror a ras del suelo y con olfato canino
Aunque parezca que dentro del género de terror todo está inventado, Leonberg demuestra que aún hay margen para la sorpresa. Inspirado por el film de Tobe Hopper ya mencionado y, según confesó, por las actitudes inquietantes de su propio perro, el director cambia el punto de vista: la cámara sigue a Indy a ras del suelo, introduciéndonos en su mundo sensorial, donde los olores, los sonidos y la intuición reemplazan las palabras.
También se añaden recursos clásicos como son las pesadillas, pero esta vez nos muestra cómo serían en un perro y cómo las reinterpreta.
La película combina tensión sobrenatural con ternura animal, una mezcla arriesgada que logra funcionar gracias a una puesta en escena minimalista y a un montaje que sabe equilibrar el miedo con la empatía. No hay “final girl”, sino “good boy”: un protagonista puro, sin dobleces, cuya mirada inocente amplifica el horror que lo rodea y pone los pelos de punta a los espectadores.
Indy, el actor revelación
Pocas veces una película de terror arranca con suspiros de ternura. Good Boy lo logra desde sus primeros minutos, con imágenes reales de la infancia del propio Indy, lo que refuerza el vínculo emocional con el público, y añadiendo la naturalidad del perro, ya adulto, acurrucado junto a su dueño, apoyado en sus piernas o jugueteando entre caricias.
Lo más sorprendente es que Indy no fue entrenado para actuar ni surgió de un casting, Indy es el propio perro del director y lo vemos en su naturalidad cotidiana, explorando y olfateando. Leonberg y su esposa grabaron durante más de 400 días, capturando sus gestos y reacciones naturales, no hubo órdenes, ni coreografías ni marcas en el suelo, solo paciencia, anticipación y mucho cariño.
Las jornadas de grabación se realizaron en periodos de tiempo cortos, entre una o dos horas diarias para las tomas, y a diferencia de otros rodajes con protagonistas caninos no hay dos o tres perros interpretando al mismo personaje.
Luego ensamblaron la historia y en el montaje se construyó la narrativa alrededor del perro, añadiendo también elementos sonoros que aumentan la tensión y crean una atmósfera terrible.
El resultado es asombrosamente orgánico: un perro que parece actuar sin hacerlo. Con un método que se asimilaba al juego, con el director y su esposa situando cámaras, ocultándose y llamándole para que se fuera moviendo por la casa, oliendo algún rastro, mirando algún rincón o ladeando la cabeza.
En un género donde los animales suelen ser las primeras víctimas (basta recordar la saga El Conjuro o Cabo de miedo), ¡o que se lo digan a John Wick!, Good Boy da un giro y convierte al perro en el verdadero protagonista, un héroe peludo que se enfrenta a un mal con la única arma que posee: su lealtad.
Ha nacido una estrella y demuestra que no es un “nepobaby”, aunque el equipo actualmente está promocionando el filme en España, a través del Festival de Cine Fantástico de Sitges, la estrella no ha podido viajar en avión y está en casa de los abuelos humanos.

Humanos fuera de foco
Los humanos están, pero apenas los vemos. Leonberg difumina sus rostros, los encuadra desde la mirada canina (piernas, manos, voces lejanas, de espaldas…), reforzando la idea de que esta no es su historia. Todd, interpretado por Shane Jensen, aparece casi como una presencia secundaria, mientras el terror se manifiesta a través de sonidos, sombras y silencios. Pero también hay escenas donde ese Todd es el propio director, en tomas grabadas de noche cuando su esposa regresaba del trabajo.
Este enfoque, tan arriesgado como efectivo, le da al filme una atmósfera casi sensorial, donde predominan los ladridos, los suspiros y los ruidos nocturnos son parte de la partitura del miedo. Pero también hay voces humanas y diálogos, utilizando recursos como las llamadas telefónicas de la hermana preocupada por la salud de Todd, las antiguas grabaciones de su abuelo cuando vivía en la casa y que vamos viendo en la televisión y las conversaciones entre humano y perro. Curiosamente el abuelo es el único personaje humano al que vemos el rostro claramente, a través de las grabaciones que encuentran en la casa.
Del festival a convertirse en fenómeno viral
Concebida originalmente para estrenarse en streaming por Shudder, la película de bajo presupuesto, se volvió un fenómeno tras su paso por festivales como SXSW y en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, donde agotó entradas en todos sus pases este octubre (Sala Auditori Meliá, Sala Tramuntana y Teatre Prado). El boca a boca junto a la pregunta viral “¿muere el perro?” han impulsado su éxito, y no han faltado las voces que piden una nominación al Oscar para Indy, una reivindicación tan divertida como merecida. Porque seamos honestos: su mirada tiene más expresividad que muchos actores humanos de Hollywood.
Good Boy no reinventa el género ni su guion arriesga mostrándonos la historia de una casa/cabaña maldita en el bosque. Pero su originalidad radica ese ángulo nuevo y profundamente emocional, con un protagonista canino que logra despertar ternura por su inocencia y fragilidad. Siendo también una clara demostración de cómo el ingenio compensa los pocos recursos económicos, para rodar una historia de terror sobrenatural.
Leonberg demuestra que el miedo también puede explorarse a través del instinto, del amor incondicional y del vínculo animal/hombre. Y aunque sus sustos sean previsibles, la tensión nace de algo más primario: el temor a perder aquello que nos protege sin pedir nada a cambio, y da igual si el peligro viene de un ser sobrenatural o un animal salvaje.
Porque si algo enseña Good Boy es que, cuando las luces se apagan y algo se mueve en la oscuridad, tal vez deberíamos hacer caso a quien siempre supo la verdad: nuestro perro. El resultado es una experiencia íntima y animal, donde el horror no se explica: se huele, se escucha y se intuye, donde el ritmo de la historia viene marcado por el movimiento e instinto del perro. Y esa combinación de ternura y tensión mantiene al espectador con el corazón en un puño: no por miedo al monstruo, sino por miedo a que le pase algo a Indy.
El director consigue que algo que enternece también tenga una atmósfera angustiante y de terror, y si alguien no soporta la tensión de saber si Indy muere, existe la web “Does the Dog Die”, donde se puede consultar cualquier título con perros y conocer su fin.
Título: Good Boy.
Título original: Idem.
Dirección: Ben Leonberg.
Intérpretes: Indy, Shane Jensen, Arielle Friedman y Larry Fessenden.
Género: Terror, Sobrenatural.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 72 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: BF+Paris Films.
Fecha de estreno: 23/10/2025.
Puntaje: 7 (siete)
