Por Pablo Arahuete

Historia de guetos, el judeo-argentino y la adolescencia, inmejorable despegue para un director que no utilizó el cine como un diván de psicoanalista pero que no tuvo reparos en contarnos su desventurada preadolescencia.

Aunque no por elección propia, daba la impresión que el universo del judaísmo en materia de cine local era patrimonio exclusivo de Daniel Burman. Por lo menos, no puede omitirse que desde Esperando al Mesías hasta Derecho de familia, el retrato de costumbres, mitos, personajes típicos fueron consolidando una mirada más moderada, tierna, sumida al aspecto folklórico. Ahora bien, lo que Burman tiene de costumbrista, el debutante Ariel Winograd lo tiene de cínico y esa postura poco condescendiente y crítica hace de Cara de queso, su opera prima, un film atractivo y casi redondo desde el guión y la dirección.


El poder de síntesis para delinear un racimo de veinte personajes -algunos con mayor interacción que otros es cierto- es directamente proporcional al grado autorreferencial con el que se construye la trama. Winograd apela a la exageración y no al estereotipo caricaturizado como es el caso de Judíos en el espacio, otro film centrado en los tópicos judaicos, irónico pero que se queda a medio camino. En este caso ocurre algo diferente, pues la ironía resalta lo alegórico y el humor ácido surge como una forma de confrontar con la tradición, con los códigos y hermetismos propios de la comunidad judía.

Y si de hermetismo se trata, nada mejor que la vida interna de un country de clase media como primera expresión de un gueto; espacio cerrado donde, de puertas adentro, pasan sus vacaciones de verano este grupo de pre-adolescentes con sus respectivas familias en épocas de bonanza menemista, que el guión se encarga de describir fuera de campo de forma sutil y sin distraer.

La barra de amigos, en tránsito hacia la adolescencia, integrada por Ariel “cara de queso” (Sebastián Montagna, alter ego del realizador), Coper (Nicolás Torcanowsky), víctima de la humillación del desalmado Alma (Tomás Kuselman), Michi (Nicolás Condito) y El Ruso (Fermín Volcoff) también opera como gueto. En ese grupo persiste un pacto de exclusión de padres, hermanos, abuelos, chicas e incluso de los propios pares si son diferentes como el enamoradizo y torpe Felman (un irreconocible Nahuel Pérez Biscayart).

Así, siempre limitado al perímetro del country “El ciervo”, Ariel y sus amigos deambulan y toman contacto con el mundo adulto, ya sea desde el rol de hijos y nietos o como testigos de los conflictos familiares.

Pero esos dos mundos nunca se cruzan, funcionan bajo una lógica diferente y son atravesados por conflictivas distintas: la competencia entre los countristas por figurar en el diario interno, la sumisión de los hombres a los imperativos de sus esposas y esa falsa e hipócrita sensación de pertenencia que no admite ninguna construcción de identidad propia.

Ese es el mayor desafío que asume Ariel: despojarse del apodo poco feliz que lo ha convertido en chivo expiatorio de las burlas de su hermano David (Martín Piroyansky), transformarse en testigo clave y acabar con la impunidad de Alma en un improvisado juicio patrocinado por las fuerzas vivas del country. De este modo, fiel al tono de comedia con una estructura narrativa coral, ritmo ágil y una ajustada dirección de un reparto ecléctico donde se destacan María Vaner y Juan Manuel Tenuta (en la ficción, los abuelos de Ariel) y en roles secundarios Susú Pecoraro y Federico Luppi, entre otros, Winograd cierra esta película que dura saludables 80 minutos sin faltarle ni sobrarle nada.

Tampoco cae en disrupciones o excesivo respeto por sus personajes, tan ricos en inocencia como en fisuras. Podría cuestionársele cierta misoginia en el penoso rol femenino: mandonas insoportables o abnegadas propaladoras de los ancestrales postulados de no casarse con un ?goy?. Pero si uno analiza con profundidad se dará cuenta que el único personaje que logra huir del country y del mandato es una mujer (que no se revela aquí por razones obvias).

Historia de guetos, el judeo-argentino y la adolescencia, inmejorable despegue para un director que no utilizó el cine como un diván de psicoanalista pero que no tuvo reparos en contarnos su desventurada preadolescencia.

Cara de queso, mi primer ghetto: Verano en el ghetto 1Título: Cara de queso, mi primer ghetto
Dirección: Ariel Winograd
Intérpretes: Sebastian Montagna, Mercedes Morán, Susú Pecoraro, Daniel Hendler, Carlos Kaspar, María Vaner, Federico Luppi, Felipe Colombo
Calificación: Apta para todo público
Género: Comedia
Duración: 90 minutos
Origen: Argentina
Año de realización: 2006
Distribuidora: Independiente
Fecha de estreno: 12/10/2006

Puntaje 8 (ocho)

1 COMENTARIO

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here