Por Pablo Arahuete

Sin la obsesión a cuestas de ir a buscar a General Villegas las verdades o personajes retratados en la novela de Manuel Puig Boquitas pintadas (1969), que encontrara su versión cinematográfica homónima en 1974, nada menos que bajo la dirección de Leopoldo Torre Nilsson, Carlos Castro se propone un regreso muy particular a General Villegas, su pueblo, para recuperar la figura del escritor, muy poco rescatado y respetado en vida.

La relación de ese pueblo con el autor de La traición de Rita Hayworth (1968) guarda ciertas correspondencias con la paradoja de todo aquel ídolo luego defenestrado por la propia gente que lo lleva a ese pedestal. Pero también deja en claro una pregunta que no tiene respuesta, pero sí protagonistas con nombre y apellido.


Una familia que sufrió la humillación por los rumores de los vecinos al encontrarlos retratados en la novela de Puig contrasta en la realidad con otros testimonios de lugareños, que dejan en claro un sinfín de anécdotas y coincidencias, aunque además queda establecida la poca simpatía y desconocimiento general del propio escritor que una vez abandonado su pueblo natal jamás regresó.

El hilo conductor de este apasionante viaje se encuentra relacionado con otro personaje, un misteriosa mujer que recorre las calles en su silla de ruedas y para quien la obra de Puig significó una válvula de escape para su tragedia personal. Para los términos del propio documental la revelación funciona tanto en lo que a personaje se refiere pero también a la presencia ausencia, a la mirada sin cuerpo que vuelve a General Villegas con un puñado de agudas observaciones, algo de melancolía y sin intenciones oscuras, a pesar de todos los fantasmas que rodearon su ajetreada vida.

No hay comentarios

Dejar una respuesta