Por Pablo Arahuete

Del otro lado del teléfono, la calmada voz de Raúl Perrone corta el silencio. Entre el intervalo de ese corte apenas perceptible surge una inesperada pregunta: ¿te gustó mi película?  . La interrogación lejos de buscar una posición dio lugar a las palabras para elaborar una respuesta y desde ahí el extraño vaivén de una charla se fue prolongando como esos reconocibles planos secuencia de su estilo. Hablar de películas con Raúl Perrone es entrar en un terreno donde presente y pasado se funden. Es hablar de las que ya hizo y de sus momentos particulares en ese proceso, de constante mutación y riesgo, pero también sobre las que van a venir, sobre las que ya se trabaja desde ideas, esa pasión que le pone al cuerpo una carga difícil de soportar y sobre todas las cosas de una manera particular de entender el cine.

Cínicos, su opus más reciente que ahora se presenta en el BAFICI, volvió al centro del diálogo  y a la primera pregunta. La tragedia de la Antigua Grecia, ese lenguaje refinado y un blanco y negro rabioso y melancólico en un escenario apocalíptico, entre muchas otras cosas.


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¿Crees en las tragedias modernas?

Raúl Perrone: -En realidad no me detengo a pensar mucho en las películas que hago, si va ser un drama, una tragedia. Generalmente a los géneros le escapo un poco.  Sabía que quería hacer algo distinto a lo que venía haciendo, sobre todo viniendo de una etapa experimental que terminó con Cumparsita. Quería volver a la palabra pero desde una forma distinta porque siempre que volvía a la palabra en mis otras películas lo hacía de forma real. Yo leo mucho y me interesó el tema de los cínicos, de la Antigua Grecia y también comparando un poco con el teatro de Becket poner a estos tipos hablando  en ese lenguaje que sería una cosa completamente contradictoria  hoy. Incluso hay gente que me ha hecho comparaciones con lo que está pasando ahora en este país. Yo hice esta película antes  que llegara el gobierno de Macri.

Lo coyuntural, escapa al universo de las propuestas del director de Ituzaingó. Sin embargo hay algo que ronda en el ambiente, muchas ebulliciones de una olla a presión, incierta y ambigua. Como la ambigüedad que arrastra la siguiente pregunta

  Y en ese terreno, ¿quiénes serían los cínicos de nuestro tiempo?

Raúl Perrone: Bueno (risas) hay muchos… yo quise tomar a los cínicos desde el sentido poético, si querés Cínicos es una fábula apocalíptica donde hay un poeta, íbico, al que todos veían como un Dios, un Salvador, que se enamora de una joven que hace Paula Robles y deja de escribir y de hablar. El pueblo se nutría con sus poemas pero aparece también alguien que le quiere usurpar ese lugar, un tirano que interpreta Roly Serrano. Para mí era una fábula, no lo veía como una crítica social, pero todo tiene que ver con todo como dicen.

Todo tiene que ver con todo. Actores que deambulan en una fábrica, hierros en el medio que obstaculizan el movimiento, piezas de motores sueltos y la verborragia de otro tiempo pero en un estado coloquial desde los textos.

¿Cómo trabajaste con los textos en el guión, de donde proviene esa idea?

Raúl Perrone: Salió del entusiasmo de trabajar con este tipo de personajes, tengo que agradecer a todo el equipo, haber trabajado y filmado en verano en la fábrica con 50 grados, ponerse trajes pesados y gorros sucios. A pesar de tener un presupuesto acotado  es una película que tiene mucha producción, es con la que más gente trabajé.

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¿Cuánto te llevó todo el rodaje? 

Raúl Perrone: Me llevó 10 viernes. Yo nada más laburo los viernes. Fue muy arduo, un trabajo al que se le puso mucho el cuerpo. Todos pusieron mucho el cuerpo en la escenografía, la vestimenta,  pensá  que trabajo sin presupuesto y hasta conseguimos un dron para las tomas. Trabajé con un alumno, profesor de historia, intervinimos en algunos de los textos. Hay fragmentos de textos de Shakespeare, Becket, Passolini,  y también hay textos nuestros.

Con esos monólogos imagino que habrá sido un desafío para los actores…

Raúl Perrone: Y sí, trabajamos mucho con planos secuencia largos. Sabés que no suelo repetir mucho escenas. Soy muy riguroso. Y lo hicieron sin saber mucho de qué iba la película, eso lo sigo sosteniendo. Me gusta trabajar con la improvisación, tampoco sabían los movimientos de cámara. Se los explicaba ahí cuando íbamos a filmar. No sabían los diálogos del otro personaje, a cada uno le mandaba su parte en el guión pero no el guión completo, como para saber lo que iba a decir el otro. Si bien los textos eran importantes, intentamos que se dijeran en el set, luego de los ensayos, de manera coloquial.

¿Cómo llega Roly Serrano a este proyecto?

Raúl Perrone: La verdad, yo estaba terminando la película. Una noche se me ocurrió una escena que quería  para la película, y no sé porqué apareció la cara de Roly Serrano. Ponele que esto fue un sábado a la noche, a más tardar el martes me contacté por Facebook y le dije que me interesaba que esté en la película, me dijo dale, le mandé el texto y cuando le llegó me quería matar…(risas). Se lo aprendió en tres días para filmar un viernes de esa semana. La verdad yo no lo conocía personalmente a Roly, salvo conocernos  por los laburos. Es un actor impresionante y una gran persona.

Una niebla espesa avanza desde los rincones de esa fábrica abandonada pero la presencia de Roly Serrano en traje de tirano abatido por el amor la disipa. La niebla es un velo, un espacio tan íntimo y desconocido como el ego de algunos actores. Trabajar con ellos también es a veces trabajar con el ego y seguir las coordenadas de un viaje extraño.

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Te suelen preguntar los actores cuando se involucran en tus proyectos hacia dónde ir o se dejan llevar.

Raúl Perrone: No, se dejan llevar. Roly no me preguntó nunca cómo iba a ser la película, yo soy austero en contar lo que pienso. No ahondo en el cómo va  a ser. Explico la escena en el momento y trabajamos ahí. La escena que hicimos con Roly quedó alucinante.

¿Fue difícil trabajar con la palabra?

Raúl Perrone: No, al contrario. A mí me gusta. Lo que no me gusta es repetir mis películas. Podría estar haciendo lo mismo que antes porque tengo las puertas abiertas en Europa, pero me gusta cambiar siempre. Mis películas se siguen dando, ahora va Cumparsita a Cosquín, después al festival de Portugal. Podría haber vuelto a la palabra como en La Mecha pero no me interesa eso. Ahora voy por otra cosa más exigente.

Subís la apuesta un peldaño más …

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Raúl Perrone: …(risas) Siempre trato de exigirme un poco más. Cínicos es el  comienzo de lo que llamo la trilogía del tiempo. Primero Cínicos, después va a venir Expiación que sucede unos días antes del golpe militar del 76.

¿Con Expiación vas a introducir una mirada más política?

Raúl Perrone: No, no hay Falcons verdes, ni militares, tampoco secuestros, ni nada de eso. Va a ser desde la poesía. También va a tener textos de alto vuelo poético.

Algo que me llamó la atención en Cínicos, es que trabajaste la cámara muy encimada a los cuerpos.

Raúl Perrone: Sí, es buena la observación. Todas las películas tienen su forma de tratamiento. Esta fue pensada para cámara en mano. Incluso se piensa en steady cam, que no tiene. Lo único hay unas tomas con el dron. Las que se pudieron realizar para que no chocara con el techo de la fábrica. La cámara la hice yo, porque era muy difícil de explicar los movimientos y trabajar cerca de los cuerpos de los actores. En mi próxima película hay travellings prolijos, cámara fija, también planos secuencia. En cada película hay que encontrar la manera de contarla. Vuelvo al color, con Expiación, vuelve el color más fuerte, más plástico.

Blanco y negro o color, palabras al revés, sonoridades de otros tiempos, cumbia electrónica o clásica. Todo puede cambiar en la mutación permanente del cine de Raúl Perrone. No obstante, algo permanece intacto, la pasión y el riesgo.

 

Vos no parás de filmar prácticamente…

Raúl Perrone: Si, es así. Después de la trilogía me propuse parar. Mis allegados dicen que no voy a cumplir con mi palabra. Ahora estoy trabajando en la tercera parte que se va a llamar Cosimi, en homenaje a mi tío abuelo, el director de cine Nelo Cosimi. Alguien que no conocí, pero debo haber heredado genes por lo de director de cine. Es la historia de un príncipe, en el 1800, en un país inventado. Con decorados que parecen cuadros de Rembrandt. Voy a trabajar por unos 7 u 8 meses más. Después de esto voy a parar porque el cuerpo me lo pide

¿Te dan ganas de hacer otras cosas, además de filmar?

Raúl Perrone: La verdad, no. Tengo ganas antes de fin de año de estrenar Hierba y Cumparsita, sacar un libro  que hable del proceso de la Trilogía del tiempo, contar los orígenes y porqué hice esas tres películas. Es un libro con fotogramas. O capaz, una exposición para mostrar los fotogramas, no sé.

Una trilogía sobre el tiempo y con la poesía que no tiene tiempo. Las cartas ya están sobre la mesa, la invitación a una nueva aventura que tal vez se produzca en el próximo BAFICI o en una sala de cine en tiempos donde parece no haber descanso para relajarse en una butaca. La modernidad y su cara menos visible…

 

¿Cómo te llevás con la convergencia digital, con estas formas diferentes de ver cine?

Raúl Perrone: Qué se yo. Mis películas están en Odeón (nota del editor: ahora cine.ar), en muchos sitios las piratean. Me gusta que la gente las vea en pantalla grande, en el cine. Hay gente que ve películas en celulares, un suicidio. A mis alumnos les aconsejo que no se compren un televisor LCD, les digo inviertan esa guita en un proyector que sale lo mismo y usen la pared.

¿Te seduce la idea de hacer ficción para televisión?

Raúl Perrone: Para nada. No me lo bancaría. Soy muy loco, nervioso. El ritmo de la Tele y la ficción en la televisión hoy está sobrevalorado. Sí haría para la televisión un programa como el que hacía en canal A, me refiero a: A cara de perro. Hay muchos directores nuevos y sería interesante ese diálogo, que se conozcan en un espacio distinto. Eso me gustaría hacer.

¿De esos nuevos directores, rescatás a alguien?      

Raúl Perrone: No voy al cine. El cine argentino me parece muy repetitivo, hay muchos que filman. No me siento identificado por esas películas. El cine argentino de hoy no toma riesgos.

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Empezamos con una palabra y terminamos en una imagen. La de Cínicos  a vuelo de dron, con cuerpos caídos en el camino y un estribillo que se coló antes de cortar … de este lado de la línea si no ponemos pasión en lo que hacemos es como si estuviéramos muertos.

 

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