Por Pablo Arahuete

Una de las invitadas para esta nueva edición de la muestra de cine español Espanorama es la documentalista Maider Oleaga. En esta entrevista exclusiva pudimos indagar con más profundidad en su propuesta PASO AL LÍMITE (MUGA DEITZEN DA PAUSOA), un vívido y personal retrato de una ausencia, la de Elvira Zipitria Irastorza, una batalladora del lenguaje, educadora y muchas cosas más.

Pablo Ernesto Arahuete: -¿En qué está presente la ausencia en esa casa, la ausencia de Elvira?


Maider Oleaga: – Pues… primero que nada está presente en el mismo espacio. Eso fue quizás lo que me impulsó a hacer la película, cuando ya había empezado a leer sobre ella, que había habitado esa casa casi toda su vida. Hubo algo que me atravesó estando en el salón de mi casa y fue que sentí que allí había mucha presencia ausente, que tenía que trasladar y contar. Entonces creo que el espacio está cargado de ausencia, de alguna manera. Claro, es una ausencia en muchos sentidos invisible, entonces yo creo que toda la película es un intento de hacer presente esa ausencia, las formas en las que lo he hecho han sido varias, porque creo que toda la película trata de eso, de hacer esa ausencia presente y en un momento dado podré decir que finalmente la hago presente a través de mi propio cuerpo, cuando atravieso el encuadre -que nunca lo he hecho- como siempre me he quedado fuera de las películas y aquí me pareció que era necesario atravesar el encuadre.

Y bueno, otras formas de hacerlo presente en la película fueron todo el trabajo, como digo, en la peli es un intento de eso, de hacerla a ella presente. Leyendo sobre ella, leyendo sus cartas, leyendo sus textos, pronunciando el euskera, es la lengua, nuestra lengua, como ella lo escribía, hace 40/50/60 años, pronunciándolo en alto, proyectando sus fotos, pensándola y viviéndola a través de mi cuerpo, creo que he tratado de hacer presente a Elvira, a esa ausencia y finalmente, como última, la propia acción de hacer la película es una manera de hacerla presente.

P.E.A.: – ¿Qué cosas te aproximan a Elvira y cuáles te alejan de ella?

Maider Oleaga: –Durante todo el proceso de hacer la película, que han sido varios años, en los que poco a poco ha habido un proceso de ir conociéndola, a través de distintos métodos, leyendo de su contexto histórico, hablando con personas que la conocieron, estudiando su método pedagógico, a través de sus palabras, en sus cartas, en sus textos, a través de lo que ella escribía. Me acercan a ella muchísimas cosas, en el fondo creo, en el fondo no, para mí ha sido un espejo en el que mirarme y también ha habido momentos en los que me ha espantado, digamos.

Su dureza, su intransigencia en algunos momentos, aunque creo que todo eso también estaba ahí, en las cosas que me acercaban. Creo que al final es una cara de la misma moneda, quiero decir que a veces lo que te espanta es también lo que te atrae, y en ese juego creo que también está como el juego de la película, que me acerco, a veces me quemo, me acerco para comprender, precisamente ese deseo de acercarme, o esa identificación con ella y también lo que me distancia de ella, para comprenderlo, para comprender quién era ella y porqué me apela tanto, al final. Porqué me siento tan identificada y al mismo tiempo en muchas cosas tan distante. Y finalmente poder mirarla desde una comprensión.

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P.E.A.: – La importancia de tener un lenguaje es una idea que prevalece en tu documental, ¿existe un lenguaje universal para algunas palabras como por ejemplo la nostalgia?

Maider Oleaga:Una pregunta con muchas cosas que se podrían decir, yo sí creo que hay formas universales, más que universales diría en la que dos seres humanos se pueden comprender, que son a través de las emociones, pero luego también hay circunstancias históricas, que nos hacen tener unas experiencias y generar una cultura, motivadas por eso, por circunstancias sociales, económicas, mediamentales, que hacen que surjan culturas y que hacen también que la lengua, que es lo que usamos para nombrar al mundo, sean parte de una identidad que está atada a un espacio y a una evolución y a un contexto social, económico y político.

Entonces, la lengua creo que es expresión de eso, y que una lengua, digamos, que es una manera de mirar al mundo, pero al mismo tiempo como seres humanos creo que hay muchas emociones, que se pueden comprender sin ser nombradas. De hecho hay muchas cosas y en esta película hay algunas, que no pueden ser nombradas. La nostalgia también puede ser una de ellas, la podemos llamar nostalgia o de otra manera o de otras muchas maneras y en la palabra nostalgia supongo que hay muchas cosas que no se pueden explicar, pero que están ahí.

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P.E.A.: – En la actualidad de los niños vascos, ¿ Se sigue aplicando el método educativo constructivista creado por Elvira?

Maider Oleaga: – Las metodologías de educación de Elvira dicen que hay que basarse en la experiencia, que las cosas muchas veces pasan por el cuerpo, no tenían que ver tanto con la memoria. Ella leía mucho en aquella época y se inspiró en autores como Piaget, Montesori y adaptó esos conceptos pedagógicos a la realidad que le había tocado. En comparación con la educación franquista en esos tiempos era muy avanzado. Hoy se usan sus métodos en la escuela pública vasca aunque la educación y el sistema educativo es uno de los caballos de batalla. El sistema europeo cada vez apunta más a lo técnico, a quitar las asignaturas humanísticas y creo que prefieren reproducir personas con aptitudes técnicas y no con conciencia crítica.

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P.E.A.: – ¿Cómo planificaste la puesta en escena?

Maider Oleaga: – Sobre la puesta en escena, analizar cada elemento, me parece que sería muy largo. Pero bueno, te puedo hablar un poco en general. Hubo una decisión que fue determinante a la hora de pensar en la puesta en escena, que fue la de no salir de la casa en casi toda la película. Entonces a partir de ahí, los elementos con los que contaba, eran un espacio, que no era tan grande, con tres estancias en realidad y la necesidad, como decíamos al principio, de hacer presente una ausencia. Fui probando cosas primeramente con la cámara, fue un proceso muy intuitivo porque a pesar de que escribí varias “versiones” del guion, trabajé mucho la voz en off y trabajé las secuencias en un guion con una estructura, sí fue un trabajo después, de ponerme con mi cuerpo, de probar varias cosas con mi cuerpo. Entonces, muy pronto, desde el principio era como que no me salía mover la cámara, llevarla en mano digamos, la cámara estuvo en un trípode primero y era como hacer una, como dejar muy claro un encuadre fijo, y entrar y salir.

Los juegos de luces, las proyecciones, son un intento siempre de, en general, de evocación del tiempo en ese espacio. Era como siempre tratar, en algunos casos, de evocar el tiempo contenido en ese espacio y cómo hacer presente esa ausencia. Entonces todas las decisiones vienen un poco de ese pensamiento, fui haciendo pruebas y fueron surgiendo. La primera vez que proyecté a Elvira en mi casa fue un momento muy especial, decidí que tenía que hacer proyecciones y cuando la proyecté, proyecté su rostro, ahí pasó algo que no sé explicar muy bien con palabras, pero fue muy emocionante. Rodar en Súper 8, también era otra forma de tratar de buscar esa presencia y de buscarla de otra manera, que fuera a través de material fotoquímico, porque ahí hay algo que no tiene lo digital, que también hace presente a ciertos fantasmas. Son cosas que son muy difíciles de racionalizar, que como base tienen eso que hablábamos al principio, que fue hacer presente esa ausencia y que un trabajo que empezó siendo muy intuitivo, sobre todo en el rodaje. En el montaje volvió a entrar la abstracción, el orden y el reescribir una y otra vez la voz en off, que acompañara esas imágenes y el sonido, la banda sonora.

 

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