Por Giuliana Bleeker

Estrenada en 2016 en el Festival de Cannes, la película alemana nominada al Oscar de este año ha sido muy bien recibida por la crítica internacional, arrasando en la noche de los Premios del Cine Europeo con cinco galardones, incluyendo el de Mejor Película. El film narra la hazaña insólita de un padre para que su exitosa hija recupere la alegría.

¿A qué se debe el descomunal favoritismo de la crítica especializada por esta comedia europea? ¿Estamos ante un film trascendental de la historia del cine y en Argentina aún no nos hemos enterado? Antes de comenzar esta reseña, debo aclarar que esta periodista no está de acuerdo en absoluto (“mi voto es no positivo”, como bien diría cierto político al que por suerte no extrañamos).


Toni Erdmann parte de la base de una relación incompatible entre un padre y su hija. Desde una visión capitalista, ella es una triunfadora ejecutiva que se dedica a asesorar a una multinacional petrolera. Su profesión le obliga a estar situada en diferentes partes del mapa, por lo que actualmente reside en Bucarest y lleva una vida bastante agitada. Él es un personaje excéntrico, bromista y despreocupado, un profesor de música que juega a disfrazarse provocando situaciones cómicas e irracionales. Tanto Inés como Winfried son personas solitarias; ella sumergida en su mundo de apariencias y él, un hombre divorciado, a punto de jubilarse y cuyo lazo más fuerte es un antiguo perro que acaba de morir. Un día y de improvisto, Winfried decide viajar a Rumania a visitar a su hija. Allí será testigo de la inmensa presión a la que es sometida Inés, de su vida totalmente reglada y carente de emoción, en donde hasta una sesión de spa o una salida de shopping se transforma en una tarea. La personalidad de Inés resulta tan rígida y metódica que Winfried le pregunta impresionado si realmente es humana, así como también algo que parece no tener gran peso en la carrera hacia el éxito empresarial: si su hija es feliz. Ante la falta de respuesta, Winfried decide hacer su valija para marcharse nuevamente a Alemania. Sin embargo, el conflictivo trance no ha finalizado para Inés, ya que deberá lidiar con la incomodísima y abrumadora presencia de Toni Erdmann, un absurdo alter ego inventado por su padre.

El filme de la directora Maren Ade (Entre Nosotros, 2009) pone el foco en el deterioro de las relaciones humanas y la pérdida de los valores dentro de un ambiente donde reina la artificialidad. Desde esa óptica, decide introducir el recurso del humor absurdo, la pieza incorrecta que se cuela en ese esquema perfecto y ordenado. El personaje creado por Winfried incomoda, se burla y promueve lo lúdico como herramienta para la catarsis. A los ojos de sus interlocutores, Toni Erdmann resulta cínico y repulsivo, cuando en realidad son ellos en su alienación los que no logran percatarse del cinismo de su ámbito laboral.

Toni Erdmann: Un original uso del absurdo 1

Otra de las características del relato es la crítica económica que la directora despliega de una manera muy sutil. La problemática de los despidos es puesta en pantalla a través del personaje de Inés, que no quiere que la empresa alemana sea quien pague las consecuencias de la reducción de personal que traerá aparejado la subcontratación en Rumania. La crisis que transita el continente europeo apenas requiere de un sencillo plano de pocos segundos para ser retratada: la imagen de Inés abriendo la ventana de su departamento y observando el muro que la separa de un asentamiento.

No obstante, esta obra de una originalidad destacable presenta muchísimas fallas que la hacen difícil de digerir. En principio, estamos hablando de un filme de 162 minutos, una duración excesiva para la historia que se propone contar. De aquellas casi 3 horas, son mínimas las escenas que realmente producen asombro y despiertan el interés del espectador. La mayoría de las secuencias se hallan repetitivas debido a los gags de Toni y hacia la mitad de la película ya se empieza a sentir cierta pesadez. Claramente, hay un imperfecto manejo del ritmo que en una cinta con tan alabadas críticas no se entiende.

La película no es una comedia desopilante para reírse a carcajadas como en muchos portales se ha dicho sobre ella. De hecho, no hay mejor ejemplo del sobrio humor alemán que este filme. Hay quizás, una sola escena que resulta muy ocurrente y la encontramos sobre el final de la película, en la reunión por el cumpleaños de Inés en donde prima el desconcierto general ante la norma de que todos deben ingresar desnudos.

El argumento no es ninguna novedad en materia cinematográfica: por un lado el ser frio y calculador y del otro la persona que se empecina en enseñarle el sentido de la vida. Más allá del elemento notable de introducir la comedia dentro de una misma comedia, la trama presenta una aglomeración de tópicos que la directora estira a más no poder. Pese a esto, las excelentes actuaciones de Sandra Hüller y Peter Simonischek, Inés y Winfried respectivamente, son quienes les dan un toque de encanto y elevan la chatura del guion.

En definitiva, Toni Erdmann es una película que presenta sólidas actuaciones y resulta interesante por la inclusión de un personaje que utiliza el ridículo para relacionarse con el mundo. También lo es la crítica a las corporaciones. Pero está lejos de ser una obra maestra y la narrativa tediosa y llena de secuencias innecesarias representa un grave problema. Como dijo alguna vez el gran Alfred Hitchcock: lo que no suma, resta.

Toni Erdmann: Un original uso del absurdo 2

Título: Toni Erdmann
Título original: Toni Erdmann
Dirección: Maren Ade
Intérpretes: Peter Simonischek, Sandra Hüller, Lucy Russell, Trystan Pütter, Thomas Loibl,Hadewych Minis, Vlad Ivanov, Ingrid Bisu, John Keogh, Ingo Wimmer, Cosmin Padureanu, Anna Maria Bergold, Radu Banzaru, Alexandru Papadopol, Sava Lolov,Jürg Löw, Miriam Rizea, Michael Wittenborn
Clasificación: No disponible
Duración: 162 minutos
Origen: Alemania
Año de realización: 2016

 

 

 

 

 

 

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