Por Mónica Grau Seto, corresponsal en España
Gustav Möller es un reconocido director y guionista sueco, nacido en 1988 en Gotemburgo. Aunque originario de Suecia ha desarrollado gran parte de su carrera en Dinamarca, donde se graduó en 2015 de la prestigiosa Escuela Nacional de Cine de Dinamarca (Den Danske Filmskole). Su cortometraje de tesis, In Darkness, le valió el premio Next Nordic Generation Award.
El éxito de La culpa (estrenada también por la distribuidora CDI Films en 2019) llevó a una versión en inglés producida por Netflix en 2021, protagonizada por Jake Gyllenhaal y dirigida por Antoine Fuqua, con Möller como productor ejecutivo.
Gustav Möller es considerado una de las voces más prometedoras del cine nórdico contemporáneo, destacándose por su habilidad para construir narrativas intensas con recursos mínimos y un enfoque psicológico profundo.
El cine carcelario, en sí ya puede considerarse un subgénero con propio peso, prueba de ello es la gran cantidad de filmes, series y documentales rodados en este entorno. Estos dramas no solo aglutinan a presos y carceleros, sino que afectan a otros personajes afectados como son las víctimas y los familiares de los reos. Encontramos a inocentes encarcelados, a culpables que tomaron malas decisiones, pero también a personajes que encarnan el mal más puro, mientras que en otros filmes el enfoque retrata los abusos de poder de alcaides o guardias.

Destacan títulos como San Quintín (1937), Un condenado a muerte se escapa (1956), La leyenda del indomable (1967), Papillón (1973), Expreso de medianoche (1978), Alcatraz: Fuga imposible (1979), Brubaker (1980), Sueño de libertad (1994), Mientras estés conmigo (1995), Milagros inesperados (1999), Inocencia robada (1999), Hunger (2008), Celda 211 (2009), Un profeta (2009), Brawl in Cell Block 99 (2017), Pacto de fuga (2020) o Modelo 77 (2022).
La dinámica psicológica entre presos y carceleros se ha tratado también en experimentos sociales como el que realizó en los años 70 en la cárcel de Stantford, por parte de Philip Zimbardo, en el estudio se eligió a 24 jóvenes y de forma aleatoria se les adjudicaron roles de reos y de guardianes, el experimento tuvo que ser cancelado antes de tiempo por la escalada de abusos de poder y violencia. De hecho, esta historia fue llevada al cine en 2015, pero anteriormente se mostró un experimento similar en el filme alemán Das Experiment (2001), y su remake americano The experiment (2010).
El enfoque inicial se asimila a un documental, mostrando momentos tan realistas y cotidianos como las rutinas de los presos para ir al baño, y también como la claustrofobia, soledad y ansiedad por la privación de libertad, y esto se gestiona con talleres, formación y sesiones de mediación y yoga. El mundo en la cárcel tiene sus propias reglas y normas, que hay que seguir para sobrevivir.
Eva Hansen no es una simple carcelera, trabaja en el bloque Vester 5 con presos comunes y sin crímenes de sangre. Ella se implica en su trabajo e intenta hacer la vida lo más cómoda posible a las personas que están en la cárcel, en una vida gris y con poca esperanza, ella trata a los demás con amabilidad, ayuda a formarse a los que son analfabetos y les guía en meditación para que encuentren calma.

Su rutina y actitud dará un vuelco con la llegada de un nuevo preso, entre silencios y sin explicaciones, Eva (una magnífica Sidse Babett Knudsen) nos muestra su rostro descompuesto, con odio y rabia contenidos al observar al reo. A partir de ese momento Mikke Iversen preso 017, trasladado por asesinato, será una obsesión para ella y se convertirá en su objetivo, por lo que solicitará un cambio de pabellón, siendo trasladada al de máximo riesgo, donde están encerrados los criminales más peligrosos e imposibles de rehabilitar en la sociedad.
Existe un vínculo del pasado entre ella y Mikke, aunque él no la reconoce, y en secreto planeará una venganza a fuego lento, aprovechando el ambiente hostil y duro, y su posición, para tensionar al máximo al preso. Rápidamente el espectador es consciente del drama personal de esta mujer y sus motivaciones.
Gustav Möller nos adentra a este territorio incómodo y claustrofóbico con la frialdad característica del cine escandinavo, mostrándonos la vida dentro de una prisión danesa, donde las miradas, los rostros y silencios pesan como una losa. El director opta por la contención estética y formal, con planos cerrados, iluminación apagada y encuadres opresivos, un ejemplo es la escena del estrecho pasillo en el que vemos a Eva en un extremo y al preso 017 en el otro, sólo unas rejas los separan, pero parece casi inalcanzable.
Möller se aleja de los clichés del género carcelario, mostrando un realismo psicológico y evitando tramas con motines, corrupción y rencillas entre reos. Un thriller psicológico que elige la introspección antes que la explosión, dejado claro que la violencia más devastadora no es la física, sino la que se cuece a fondo en la conciencia de quien busca la venganza.
Por algo se dice que “La venganza te consume, pero el karma actúa en silencio devolviendo a cada uno lo que ha dado”.
Título: La venganza.
Título original: Vogter.
Dirección: Gustav Möller.
Intérpretes: Sidse Babett Knudsen, Sebastian Bull, Dar Salim, Marina Bouras, Jacob Lohmann, Olaf Johannessen y Siir Tilif.
Género: Thriller, Drama carcelario.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 98 minutos.
Origen: Dinamarca/ Suecia/ Francia.
Año de realización: 2024.
Distribuidora: CDI Films.
Fecha de estreno: 26/06/2025.
Puntaje: 7 (siete)
