Por Mónica Grau Seto, corresponsal en España
Los trabajadores de la Mina La Casualidad fueron echados hace 40 años por la última dictadura militar al cerrar su mina de azufre. Cada año vuelven a visitarlo. Aunque no lo habiten, ese pueblo es hoy más suyo que nunca, pues son los únicos que no lo han olvidado. Allí fueron felices, allí dejaron su niñez y a sus muertos.
Se trata de un proyecto que surge desde hace más de 20 años, Tino Pereira además de director de cine es historiador y la fascinación por los pueblos abandonados le llevó hacia esta historia, que además venía marcada por una crisis económica del país que terminó con decisiones políticas que forjaron el destino de la mina, el pueblo y sus habitantes.
El documental nace tras un proceso de investigación, entrevistas previas y un cortometraje en 2018, con el mismo título, y que sirvió de ensayo ante este proyecto. El director nos muestra la historia sobre un pequeño pueblo fantasma en medio de la montaña, en la Provincia de Salta, dentro del Departamento de los Andes. Para ello Pereira viajó en tres ocasiones para conocer el pueblo abandonado, la primera vez viajó con un guía conocedor de la zona, en el segundo viajó también con su camarógrafo y pudo realizar el cortometraje y finalmente la tercera vez, donde durante esos días pudo grabar el documental, acompañando a los que tuvieron allí su infancia.
La elaboración del sonido fue un trabajo clave y el equipo tuvo en cuenta el viento, la montaña y sus ecos, y por ello juega con ese efecto de no saber de dónde provienen ciertos sonidos y voces en ese paisaje de ruinas. Ese ruido de viento que parece murmurar, mientras alterna con antiguas emisoras de radio y vemos parajes devastados y ruina.
Abandonado forzosamente por el abuso de poder de las fuerzas de la dictadura. Permitiendo revivir a través de los ojos y la voz de quienes nacieron y habitaron en él y anhelan el regreso a esas vidas, con la dureza actual de las imágenes que nos muestran esqueletos de paredes, de aquello que un día fueron hogares, casas, escuelas, tiendas y calles. Aunque hay que añadir que en los años 80 hubo mucho saqueo, a pesar de la dificultad para acceder y la falta de señalización.

El documental registra este viaje, o peregrinación, que sus antiguos habitantes realizan año tras año, y muestra como esos niños que nacieron y vivieron felices allí, ahora ya convertidos en adultos deciden organizarse y regresar. En las entrevistas realizadas previamente antes de filmar, el director fue a buscar la historia humana de cada uno, para conocer esos sentimientos y emociones vinculadas a los recuerdos de la infancia allí.
Empieza en oscuridad, como la de las minas, y con las voces de fondo de los testimonios, que coinciden con ese sueño de regresar. Las imágenes de noticieros de la época recuerdan el orgullo del país por el buen funcionamiento de la mina, a pesar de las condiciones extremas de frío, donde el blanco se funde con el amarillo.
Mina La Casualidad era un pueblo minero emplazado en medio de la cordillera salteña, a 4700 metros sobre el nivel del mar. Su fábrica de azufre proveía de este material al 80% de las fabricaciones militares del país e incluso se exportaba. El origen de estas minas se sitúa a finales de los años 30 con buscadores de metales. Más adelante, con la creación de la Compañía Azufrera Argentina S.A. comenzó la explotación del azufre y llamarían a la Mina “La Casualidad”, asociándose también con Fabricaciones Militares, por los usos del azufre en la industria química.
A pesar de las alturas, el fuerte viento y las bajas temperaturas, además de la nieve presente la mayoría los meses del año, el pueblo estaba lleno de vida y este tenía escuela, tiendas, cine, iglesias, hospital, zona deportiva y hasta un casino, allí vivían más de 2.000 personas. Las condiciones de vida no eran fáciles, por el frío y el viento, además en caso de capas gruesas de nieve y riesgo de quedarse incomunicados. El trabajo en las minas era muy duro y peligroso, y en los años 70 surgieron organizaciones sindicales reclamando mejoras salariales y de prevención, si algún trabajador era problemático la compañía inmediatamente lo despedía, él y su familia eran despojados del hogar y debían abandonar de inmediato la zona. Esos casos fueron un aviso de lo que le sucedería a toda la ciudad.
El día que todo se paró:
El 21 de noviembre de 1979 la Junta Militar decide cerrar la fábrica de forma abrupta, e importar el azufre de Japón. A las 8 de la mañana de ese día, y bajo el Decreto de José Alfredo Martínez de Hoz y con hombres armados, se informa del cierre y clausura de la mina y se considera a los ex trabajadores como “prescindibles”, y con ello se obliga a la fuerza a todas esas familias a abandonar de inmediato sus hogares sin ningún tipo de indemnización, dejándolos en la miseria. Teniendo que recoger precipitadamente lo que pudieran para alcanzar el tren, ya que también sería la última vez que circularía hasta la zona, dejándolos luego en Salta. Desde ese momento el pueblo permanece abandonado y el tiempo se paraliza ese día. Más adelante parte del trayecto del tren es el que se transformó en el llamado Tren a las Nubes.

Desde 2003, alrededor del día de la Virgen, sus antiguos habitantes y los más jóvenes, los llamados “azufreros” regresan a su pueblo a bordo de un viejo colectivo sin baño, aire acondicionado, calefacción o baulera para el equipaje en un viaje de día y medio soportando el calor y el frío extremo sólo para pasar un tiempo en el pueblo de su infancia y visitar a sus antepasados muertos en el viejo cementerio, pudiendo rezar y traer flores a sus tumbas. Curiosamente, este cementerio sigue creciendo en lápidas, ya que el deseo de muchos ancianos que vivieron allí es el de estar enterrados junto a sus difuntos familiares.
Ese primer viaje, se convertirá en un viaje anual que se repetirá a partir de entonces, ya que antiguos trabajadores y familiares de la mina crean una ONG que, a la vez que lucha por los derechos que les fueron arrebatados a los ciudadanos, mantiene la esperanza de recuperar al pueblo y dar una segunda oportunidad. La ciudad puede revivir sin el funcionamiento de la mina, esta vez reconvertida en una como localización histórica. La idea es poder realizar visitas turísticas y convertir algunos edificios en hostales para visitantes, creando también un museo minero y declarando Monumento Histórico a la zona.
Tino Pereira reivindica la memoria histórica, con un documental que nos traslada a la Mina La Casualidad, cerrada por la última dictadura, bajo decisiones políticas y recortes económicos. Significando también el fin del pueblo y todas las actividades vinculadas, y recortando cualquier tipo de derecho a sus habitantes.
Traspasando ante la pantalla el dolor y los recuerdos de aquellos que fueron expulsados de sus hogares, ya que no solo perdieron su trabajo en la mina de azufre, y por lo tanto su sustento, sino también sus hogares, dejando atrás forzadamente un pueblo entero, junto a los recuerdos de varias generaciones establecidas en esas tierras.
Hay un trabajo meticuloso en el guion, buscando trasladar las sensaciones de sus habitantes, recordando que la jerarquía que siempre controló la vida en el pueblo fue la militar, y la sensación de vivir en una burbuja hasta que explotó. Los planos desérticos, el sonido del viento y el abandono hablan por sí solos, el Pueblo en sí o lo que queda junto a sus antiguos habitantes, son los protagonistas.
Una dura historia sobre la pérdida y el valor de los recuerdos más allá de las cuatro paredes de una casa, hablamos de dejar atrás a los muertos, a las vivencias de los últimos niños que jugaron en esas calles y a los vecinos de siempre. Un trauma que no se olvida para quienes no pudieron luchar por sus derechos, y lo perdieron todo de una forma tan injusta.
Ahora convertido en un pueblo fantasma en ruinas, expuesto durante tantos años a los extremos vientos y bajas temperaturas, guarda silencio a la espera que sus antiguos habitantes, que regresan cada año, puedan lograr restaurar algo de lo que significó en sus vidas y que no caiga en el olvido ese abuso de poder ante el pueblo.
FUNCIÓN UNICA EN EL CINE GAUMONT
Cine Gaumont – Av. Rivadavia 1635
MIERCOLES 16 DE JULIO – 20HS – SALA 1
Función con la presencia del director
Título: Qué no daría yo por el recuerdo.
Título original: Idem.
Dirección: Tino Pereira.
Guion: Candela Vey.
Fotografía: Federico Marión.
Montaje: Mario Bocchicchio.
Intérpretes: Nora Gallegos, Jorge Tost, Mirta Mamani y Antonia Moscoso.
Género: Documental.
Calificación: ATP.
Duración: 60 minutos.
Origen: Argentina.
Año de realización: 2023.
Distribuidora: Independiente.
Fecha de estreno: 16/07/2025.
Puntaje: 7 (siete)
